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Internación altera
Rutinas de sueño, alimentación, juego, escolarización y contacto con pares.
También puede disminuir la autonomía del paciente
Aumentar su dependencia de los adultos.
Respuesta no será igual en todos los niños, ya que depende de: edad, desarrollo, enfermedad, dolor, procedimientos, experiencias previas, duración repetición de internaciones, acompañamiento, condiciones de institución y equipo asistencial
Pensamiento concreto
Niño interpreta la enfermedad y la hospitalización depende de su desarrollo cognitivo y emocional.
El niño pequeño comprende mejor aquello que puede observar, tocar o relacionar con experiencias conocidas. Puede presentar dificultades para interpretar conceptos abstractos, explicaciones técnicas o metáforas.
Explicaciones deben ser concretas
Si lo realizo anteriormente, debe explicarse nuevamente, no suponer que lo recuerda o que haya sido una experiencia positiva
Pensamiento mágico y egocéntrico
Suele explicar los acontecimientos por asociaciones imaginarias y creer que sus pensamientos o conductas causaron la enfermedad.
También puede interpretar los procedimientos como un castigo por haberse portado mal.
• La enfermedad no es un castigo
• El niño no la provocó por algo que hizo o pensó
• Los procedimientos se realizan para cuidarlo y ayudarlo a mejorar
No deben ridiculizarse sus interpretaciones, para ellos son ser explicaciones reales y generadoras de mucho miedo.
Manejo del tiempo
Los niños pequeños se orientan mejor mediante rutinas y acontecimientos concretos que mediante horas, fechas o períodos abstractos.
• Número de noches que permanecerá internado
• Comidas o actividades que ocurrirán antes
• Calendarios con días señalados
• Dibujos o secuencias del procedimiento
No deben darse plazos exactos cuando no puedan garantizarse.
Comprensión del cuerpo y de la muerte
Los niños pequeños pueden no entender la irreversibilidad de la muerte, mientras que los escolares y adolescentes suelen formular preguntas más directas sobre daño corporal, secuelas o posibilidad de morir.
Se debe explorar qué entiende específicamente:
• “¿Qué piensas que significa morir?”
• “¿Hay algo que hayas escuchado que te preocupe?”
Deben responderse con honestidad, sin introducir información innecesaria ni ofrecer garantías falsas.
Principales estresores hospitalarios
Enfermedad, dolor y pérdida de bienestar: enfermedad genera malestar físico, limitaciones y cambios en la rutina.
Procedimientos y pérdida de control: procedimientos invasivos, inmovilización separación del cuidador generan ansiedad. Información clara y anticipatoria (qué se hará, qué sentirá)
Separación y ruptura de rutinas: internación aleja al niño de su hogar, escuela y pares. Pequeños separación del cuidador es el principal estresor. Mayores, pesa la pérdida de independencia e intimidad. Favorecer presencia de un cuidador significativo y cierta continuidad con la vida habitual.
Ambiente hospitalario: ruidos, luces, controles nocturnos y falta de privacidad alteran el descanso y aumentan la sensación de descontrol. Factores protectores: espacios adaptados, juego y recreación, escolarización, objetos personales y equipo estable y claro.
Familia y equipo asistencial: en cuidadores se desarrolla miedo, culpa, agotamiento y pérdida de control. Su estado emocional influye directamente en el niño. Información clara, participación en cuidados y espacios para dudas.
Miedo
Al dolor, agujas, personal, separación, pérdida de control o futuro.
• Niños pequeños → temor a separación y lo desconocido.
• Escolares → miedo al daño corporal.
• Adolescentes → preocupación por privacidad, autonomía, imagen corporal y consecuencias futuras.
Regresión
Reaparecen conductas previas.
mayor dependencia
uso de chupete/pañales,
lenguaje infantil
Dormir con padres.
Es una respuesta adaptativa y transitoria.
No debe castigarse ni avergonzarse.
Si persiste o es intensa, requiere evaluación.
Alteraciones del sueño y alimentación
Afecciones del sueño: dificultad para conciliar, despertares, pesadillas, rechazo a dormir solo.
Alimentación: rechazo, apetito reducido, selectividad.
Debe compararse con el funcionamiento habitual y considerar enfermedad, dolor, medicación o ayuno antes de atribuirlo solo a lo emocional.
Ansiedad, irritabilidad y conductas disruptivas
Ansiedad se expresa como inquietud, tensión, síntomas físicos o preguntas repetitivas.
Niños pequeños → irritabilidad, llanto, oposición, hiperactividad.
Adolescentes → enojo, aislamiento, rechazo al equipo por dependencia forzada y pérdida de privacidad. El juego y movimiento son conductas normales, no necesariamente patológicas.
Síntomas depresivos
NO solo es tristeza pueden ser irritabilidad, aislamiento, pérdida de interés, alteraciones del sueño/alimentación.
Adolescentes: desesperanza, culpa, ideas de muerte o autolesiones. Se requiere valoración especializada si los síntomas son intensos, persistentes, interfieren con el tratamiento o incluyen riesgo de autolesión/muerte.
¿Qué debe hacerse previo y durante las intervenciones del equipo?
Debe reducir el estrés evitable, aumentar la seguridad y favorecer el afrontamiento.
Antes de intervenir: Investigarse qué sabe el niño, qué imagina, experiencias previas, temores, estrategias útiles y figura de seguridad.
Preparar y anticipar: intervención debe explicarse con lenguaje adaptado. Claves: nombres reales, anticipar sensaciones, evitar tecnicismos, permitir preguntas, no mentir sobre el dolor, informar cambios.
Favorecer control y participación: Ofrecer decisiones reales: posición, brazo, acompañante, cuidados simples, técnicas
de distracción.
Mantener vínculos y rutinas: Permitir presencia del cuidador, conservar objetos familiares, sostener horarios de sueño y alimentación, mantener juego y contacto escolar, usar calendarios y respetar descanso e intimidad.