EL PRINCIPE

0.0(0)
Studied by 0 people
call kaiCall Kai
learnLearn
examPractice Test
spaced repetitionSpaced Repetition
heart puzzleMatch
flashcardsFlashcards
GameKnowt Play
Card Sorting

1/8

flashcard set

Earn XP

Description and Tags

9 Terms

1
New cards
INTRODUCCIÓN


AL MAGNIFICO LORENZO DE MEDICIS

Quienes desean ganarse el favor de un príncipe, suelen las más de las veces salirle al paso con cuanto le es más caro o ven que le place más. I)e ahí que se vea con frecuencia cómo le son presentados caballos, ar­mas, paños recamados en oro, piedras preciosas y adornos semejantes dignos de su grandeza. Y deseando también yo ofrecerme a Vuestra Magnificencia con algún testimonio de mi obligación hacia ella…



Acepte pues Vuestra Magnificencia este pequeño regalo con el mismo ánimo que yo se lo envío; de tenerlo en cuenta y leerlo con atención, percibirá el profundo deseo que me embarga: que alcancéis esa grandeza que la fortuna y vuestras demás cualidades prometen. Y si, desde el ápice de su altura, lanzara alguna vez Vuestra Magnificen­cia una mirada hacia parajes tan bajos, sabrá entonces cuán indigna­ mente sufro la larga e incesante malignidad de la fortuna.



2
New cards


*CAP 1. De cuántos son los tipos de principados y de que formas se adquieren.*


Son repúblicas o principados.

* Los principados son, o hereditarios, cuando el linaje de su señor haya sido por largo tiempo dominante, o nuevos.

\
* Los nuevos, o lo son del todo, como lo fue Milán para Francesco Sforza, o son como miembros añadidos al Estado hereditario del príncipe que los adquiere, como el reino de Napóles para el rey de España.



* Y los dominios así adqui­ridos, *o* están acostumbrados a vivir bajo un príncipe, o habituados a ser libres; y se adquieren o con las armas de otro o con las propias, por medio de la fortuna o de la virtud.



3
New cards


*CAP. XV De las cosas por las que los hombres, y sobre todo los príncipes, son alabados o vituperados*.


* Nos queda ahora por ver cuáles deban ser los modos de proceder y actuar de un príncipe en relación con sus súbditos y aliados.


* Pues, muchos son los que han imaginado repúblicas y principados que nadie ha visto ni conocido jamás realmente, y está tan lejos el cómo se vive del cómo se debería vivir, que quien renuncie a lo que se hace en aras de lo que se debería hacer, aprende más bien su ruina que su conservación; y es que un hombre que quiera hacer en todo profe­sión de bueno, acabará hundiéndose entre tantos que no lo son.

\


* De ahí que un príncipe que se quiera mantener necesite aprender a ser no bueno, y a hacer uso de ello o no, dependiendo de la necesidad.
* A los príncipes por estar en lo más alto, se los caracteriza por algunas de las siguientes propiedades, en grado de procurarles reproches o alabanzas, a saber: a uno se lo tiene por liberal, a otro por tacaño (me valgo de un térmi­ no toscano, porque avaro en nuestra lengua es quien desea acumular mediante rapiña, mientras tacaño es quien se pasa en no usar lo su­ yo); a uno se le tiene por desprendido, a otro, por rapaz… por afeminado y pusilánime, a otro, por fiero y valeroso; a uno, por

humano, a otro, por soberbio; a uno por lascivo, a otro, por casto; a uno por íntegro, a otro, por desleal …


* Dado que las condiciones humanas lo impiden, necesita aquél ser tan prudente como para evitar incurrir en los vicios que lo privarían del Estado, y preservarse de los que no se lo quiten mientras ello sea posible.


* Y no le preocupe entonces la faina que da el practicar los vicios sin los que la salvaguardia del Estado es imposible, pues si se considera todo debidamente, se hallará algo que parecerá virtud, pero que al seguirlo provocará su ruina, y algo que parecerá vicio, pero que al seguirlo le procura seguridad y bienestar.
* \



4
New cards
CAP. XVII. *De la crueldad y de la clemencia, y de si es mejor ser amado que temido o viceversa*.
* Todo príncipe debe desear que se lo tenga por clemente y no por cruel, si bien debe estar atento a no hacer mal uso de dicha clemencia. A César Borgia se lo tenía por cruel; empero, esa su crueldad había re­ ordenado la Romaña, unido y devuelto la paz y la lealtad.

\


* No debe a un príncipe, por tanto, serle de preocupación que se lo repute de cruel por mantener unidos y leales a sus súbditos, pues con poquísimos castigos ejemplares será más clemente que quienes, por excesiva clemencia, dejan proseguir los desórdenes, y con ellos, los asesinatos y rapiñas a que dan lugar; y es que estos suelen perjudicar al pueblo en su conjunto, en tanto que las ejecuciones ordenadas por el príncipe sólo perjudican a algún particular.



* Surge de aquí un dilema, a saber: si es mejor ser amado que te­ mido o al contrario. Al que se res|x>nde que lo mejor sería una y otra cosa a un misino tiempo, pero que al ser difíciles de conciliar, es mu­ cho más seguro sor temido que amado cuando se haya de prescindir de una de las dos.



* Los hombres cabe en general decir que son ingratos, volubles, falsos, cobardes y codiciosos; y que mientras los tratas bien son todo tuyos, te ofrecen su sangre, sus bienes, su vida y sus hijos, como antes dije/15más siempre y cuando no los necesites; pero cuando es así, se dan media vuelta. Entonces, el príncipe que ha dado crédito a sus palabras, omitiendo ulteriores preparativos, se hunde; porque las lealtades que se obtienen por un precio, y no por grandeza y nobleza de ánimo, se compran pero no se tienen, y cuando llega el momento no se las puede gastar.
5
New cards
CAP. XVII. *De la crueldad y de la clemencia, y de si es mejor ser amado que temido o viceversa*
* Vínculo de la obli­gación, que la mezquindad de los hombres rompe siempre que está en juego la propia utilidad, en tanto al temor lo mantiene el miedo al castigo, del que nunca te logras desprender. No obstante, debe un príncipe hacerse temer de manera que, si no obtiene amor, consiga rehuir el odio, por resultar enteramente compatible el ser temido con el no ser odiado; cosa esa que conseguirá cuando se quede al margen de los bienes de sus ciudadanos y súbditos, y de sus mujeres.

\
* Mas por en­ cima de todo, debe abstenerse de los bienes ajenos, pues los hombres olvidan antes la muerte del padre que la pérdida del patrimonio.



* Ahora bien, si el príncipe está con sus ejércitos y tiene a sus ór­ denes a una multitud de soldados, le es imprescindible pasar por alto la fama de cruel, pues sin ella nunca se mantendrá unido a un ejército, ni predispuesto para la acción.



6
New cards
CAP XVIII. *De qué modo deben los príncipes mantener su palabra*.
Loable es que un príncipe mantenga su palabra y viva con inte­gridad y no con astucia.

Hay dos modalidades de combate: con las leyes, uno; con la fuerza, el otro. La primera es propia del hombre, la segunda, de las bestias; mas al no ser a menudo suficiente la primera, es menester recurrir a la segunda. Un príncipe requiere, por tanto, saber usar bien de la bestia y del hombre.

\
un príncipe necesita saber hacer uso de una y otra naturalezas, y que la una no dura sin la otra.

Así pues, necesitando un príncipe saber hacer buen uso de la bestia, debe entre todas secundar a la zorra y al león, porque el león no se defiende de las trampas, ni la zorra de los lobos. Requiere, por tanto, ser zorra para reconocer las trampas, y león para amedrentar a los lobos

Así pues, un príncipe no tiene por qué poseer todas las propieda­ des antedichas, pero sí es del todo necesario que parezca poseerlas.

\
\
7
New cards
*De qué modo deben los príncipes mantener su palabra*.
Y se ha de tener presente lo siguiente: que un príncipe, máxime si se trata de un príncipe nuevo, no puede observar todas aquellas cualidades por las que se reputa a los hombres ele buenos, pues con frecuencia se requiere, para man­ tener el Estado, obrar contra la lealtad, contra la compasión, contra la humanidad, contra la religión. Porellonecesitatenerunaˊnimodispuestoagiraratenordelvientoydelasmutacionesdelafortuna,y,comodijeantes,anoalejarsedelbien,sipuede,peroasaberentrarenelmal,denecesitarlo.Por ello necesita tener un ánimo dispuesto a girar a tenor del viento y de las mutaciones de la fortuna, y, como dije antes, a no alejarse del bien, si puede, pero a saber entrar en el mal, de necesitarlo.

Un príncipe preocuparse porque nunca salga de su boca nada que no destile las antedichas cinco cualidades, y pa­ rezca, cuando se le ve o se le oye, todo clemencia, todo lealtad, todo integridad, todo religión. Siendoestauˊltimalaquemaˊsdetodasdebeaparentartener,puesloshombres,engeneral,juzganmaˊsconlosojosqueconlasmanos,puesveresdetodos,mientrasquetocaresdepocos.Todosvenloquepareces,pocostocanloqueeres,yesospocosnoseatreveraˊnaenfrentarsealaopinioˊndelosmuchosSiendo esta última la que más de todas debe aparentar tener, pues los hombres, en general, juzgan más con los ojos que con las manos, pues ver es de todos, mientras que tocar es de pocos. Todos ven lo que pareces, pocos tocan lo que eres, y esos pocos no se atreverán a enfrentarse a la opinión de los muchos

Trate, por tanto, un príncipe de vencer y conservar el Estado: los medios siempre serán juzgados honrosos y encomiados por todos, pues el vulgo siempre se deja llevar por la apariencia y el resultado final de las cosas, y en el mundo no hay más que vulgo, careciendo los pocos de sitio donde la mayoría tiene donde apoyarse… y si hubiese observado una o la otra, lo habrían privado más de una vez de la reputación o del Estado.
8
New cards


*CAP. XXV. Cuál es el poder de la fortuna en las cosas humanas y cómo se le puede hacer frente.*
* las cosas del mundo estén gobernadas por la fortuna y por Dios, al punto que los hombres, con toda su prudencia, no están en grado de corre­girlas, o mejor, ni tienen siquiera remedio alguno…
* Con todo, y a fin de preservar nuestro libre albe­drío, juzgo que quizá sea cierto que la fortuna sea árbitro de la mitad de nuestro obrar, pero que el gobierno de la otra mitad, o casi, lo deja para nosotros.

\
* Se me asemeja a uno de esos ríos torrenciales que, al enfurecerse, inundan los llanos, asuelan árboles y edificios, arrancan tierra de esta parte y se la llevan a aquélla: todos huyen a su vista, cada uno cede a su ímpetu sin que pueda refrenarlo lo más mínimo.
* Algo similar pasa con la fortuna: ésta muestra su potencia cuando no hay virtud organizada que se le oponga, y por tanto vuelve sus ímpetus hacia donde sabe que no se hicieron ni malecones ni diques para contenerla.
* Pero limitándome más a los detalles, afirmo que se ve a príncipes prosperar hoy y arruinarse mañana sin haber cambiado su natural o sus cualidades, lo que creo derive, primero, de las razones tan larga­ mente examinadas antes, a saber: que el príncipe que todo lo basa en la fortuna se hunde con el inutar de la misma, ('reo además que pros­ pere aquel cuyo proceder concuerda con la calidad de los tiempos, y que, de manera similar, caiga aquel que no actúe en consonancia con ella.

\
* También se ve que de dos personas precavidas, una logra su objetivo y la otra no; y, análogamente, a dos prosperar igualmente siguiendo métodos diversos, siendo el uno pre­cavido y el otro impetuoso.

\
* Así, el hombre precavido, al llegar el momento de volverse impetuoso, no sabe hacerlo, por lo que va a la ruina; en cambio, si se cambiase de naturaleza con los tiempos y las cosas, no cambiaría su fortuna.
* El papa Julio II procedió en todas sus empresas de forma impe­ tuosa, pero halló los tiempos y las cosas tan conformes a su modo de proceder que siempre le fue bien.

*…Logró, por tanto, Julio con su impetuosa acción lo que jamás ningún otro pontífice habría conseguido con toda la prudencia humana, porque si para partir de Roma hubiese esperado a tener los acuerdos firmes y las demás cosas en su punto, como hubiera hecho cualquier otro pontífice, nunca lo habría conseguido: el rey de Francia, en efecto, habría puesto mil excusas y los otros, aducido mil temores…*

* Así pues, concluyo que, al mutar la fortuna y seguir apegados los hombres a su modo de proceder, prosperan mientras ambos concuerdan, y fracasan cuando no. Esta es, por cierto, mi opinión: es mejor ser impetuoso que cauto, porque la fortuna es mujer y, es necesario, si se la quiere poseer, forzarla y golpearla. Y se ve que se deja someter más por éstos que por quienes fríamente proceden.

\
9
New cards


*CAP. XXVI. Exhortación a ponerse al mando de Italia y liberarla de los bárbaro.*


* todo lo examinado hasta aquí, y pensando para mí si en la Italia de hoy corrían tiempos de honrar a un nuevo prín­cipe, y si había materia que diese ocasión a uno prudente y virtuoso de introducir la forma que a él le procurara honor y bien a la totalidad de los hombres de Italia, me parece que la situación está tan a favor de un príncipe nuevo que difícilmente cabe encontrar época más idónea al respecto.





* …para conocer la virtud de un espíritu italiano era necesario que Italia se viera reduci­da a los términos en que lo está hoy día: más esclava que los judíos, más sierva que los persas, más dispersa que los atenienses, sin cabeza, sin orden, abatida, expoliada, lacerada, teatro de correrías y víctima de toda clase de devastación.

\


* …Se la ve rogar a Dios para que le envíe a alguien que la redima de tales crueldades y ultrajes bárbaros. Se la ve también por completo lista y dispuesta a seguir una bandera, con que haya uno que la enarbole … Y en todo mentó presente no se ve en cuál esperar mejor que en vuestra ilustre casa, pues con su fortuna y su virtud, favorecida por Dios y por la Iglesia, de la que ahora es príncipe,99 ¿cuál mejor para ponerse al frente de dicha redención?



* Todo ha concurrido a vuestra grandeza. De que falta lo debéis hacer vos. Dios no quiere hacerlo todo para no quitarnos el libre albedrío y la parte de gloria que nos incumbe.



* Así pues, de querer vuestra ilustre casa emular a aquellos hombres eminentes que redimieron a sus países, es necesario, antes que nada y corno genuino fundamento de cualquier empresa, proveerse de un ejército propio, ya que no es posible tener soldados más fiables, inás auténticos ni mejores. Y aunque cada uno de ellos sea bueno, todos juntos resultarán aún mejores en cuanto vean al mando a su príncipe y los honores y el apoyo que les dispensa. Es menester, por tanto, preparar dicho ejército para poder, con la virtud italiana, defenderse de los extranjeros.