* las cosas del mundo estén gobernadas por la fortuna y por Dios, al punto que los hombres, con toda su prudencia, no están en grado de corregirlas, o mejor, ni tienen siquiera remedio alguno…
* Con todo, y a fin de preservar nuestro libre albedrío, juzgo que quizá sea cierto que la fortuna sea árbitro de la mitad de nuestro obrar, pero que el gobierno de la otra mitad, o casi, lo deja para nosotros.
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* Se me asemeja a uno de esos ríos torrenciales que, al enfurecerse, inundan los llanos, asuelan árboles y edificios, arrancan tierra de esta parte y se la llevan a aquélla: todos huyen a su vista, cada uno cede a su ímpetu sin que pueda refrenarlo lo más mínimo.
* Algo similar pasa con la fortuna: ésta muestra su potencia cuando no hay virtud organizada que se le oponga, y por tanto vuelve sus ímpetus hacia donde sabe que no se hicieron ni malecones ni diques para contenerla.
* Pero limitándome más a los detalles, afirmo que se ve a príncipes prosperar hoy y arruinarse mañana sin haber cambiado su natural o sus cualidades, lo que creo derive, primero, de las razones tan larga mente examinadas antes, a saber: que el príncipe que todo lo basa en la fortuna se hunde con el inutar de la misma, ('reo además que pros pere aquel cuyo proceder concuerda con la calidad de los tiempos, y que, de manera similar, caiga aquel que no actúe en consonancia con ella.
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* También se ve que de dos personas precavidas, una logra su objetivo y la otra no; y, análogamente, a dos prosperar igualmente siguiendo métodos diversos, siendo el uno precavido y el otro impetuoso.
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* Así, el hombre precavido, al llegar el momento de volverse impetuoso, no sabe hacerlo, por lo que va a la ruina; en cambio, si se cambiase de naturaleza con los tiempos y las cosas, no cambiaría su fortuna.
* El papa Julio II procedió en todas sus empresas de forma impe tuosa, pero halló los tiempos y las cosas tan conformes a su modo de proceder que siempre le fue bien.
*…Logró, por tanto, Julio con su impetuosa acción lo que jamás ningún otro pontífice habría conseguido con toda la prudencia humana, porque si para partir de Roma hubiese esperado a tener los acuerdos firmes y las demás cosas en su punto, como hubiera hecho cualquier otro pontífice, nunca lo habría conseguido: el rey de Francia, en efecto, habría puesto mil excusas y los otros, aducido mil temores…*
* Así pues, concluyo que, al mutar la fortuna y seguir apegados los hombres a su modo de proceder, prosperan mientras ambos concuerdan, y fracasan cuando no. Esta es, por cierto, mi opinión: es mejor ser impetuoso que cauto, porque la fortuna es mujer y, es necesario, si se la quiere poseer, forzarla y golpearla. Y se ve que se deja someter más por éstos que por quienes fríamente proceden.
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