Samuel P. Huntington
El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial
Paidós
Buenos Aires - Barcelona - México
Capítulo 1: La Nueva Era en la Política Mundial
Banderas e Identidad Cultural
Contexto histórico: 3 de enero de 1992, reunión de expertos rusos y estadounidenses en Moscú tras la desaparición de la Unión Soviética y el surgimiento de la Federación Rusa. Este evento marcó el fin de una era bipolar y el inicio de una nueva configuración geopolítica, donde las ideologías de la Guerra Fría daban paso a otras formas de organización y lealtad.
Simbolismo político:
Bandera: La bandera de la Federación Rusa fue colgada al revés en la reunión, lo que simbolizó visualmente la profunda confusión y desorientación inherentes a la transición política y social que vivía el país. No era solo un error, sino una metáfora de la identidad invertida o incierta en ese momento.
Identidades culturales: La transición implicaba un giro desde las identidades políticas e ideológicas impuestas durante la Guerra Fría hacia significados más arraigados y profundos de identidad cultural y civilizatoria, reflejados en el uso de símbolos culturales, religiosos e históricos como nuevas anclas de pertenencia.
Ejemplo de manifestaciones culturales:
18 de abril de 1994, en Sarajevo, 2,000 personas levantan banderas de Arabia Saudí y Turquía en lugar de banderas de la ONU o Estados Unidos. Esto demostraba una fuerte identificación religiosa (islámica) y civilizacional por encima de las afiliaciones nacionales o internacionales tradicionales, indicando que el conflicto no era meramente geopolítico, sino que tenía profundas raíces culturales.
Ejemplo de protesta en Los Ángeles: 70,000 personas marchan con banderas mexicanas en oposición a la Proposición 187. Esta protesta, impulsada por inmigrantes y sus descendientes, ilustra cómo la identidad étnica y cultural puede movilizar a grandes grupos de personas en defensa de sus intereses y valores, desafiando las políticas estatales desde una base cultural.
Impacto de la Cultura en la Política
Reemergencia de identidades culturales: Tras el fin de la Guerra Fría y el colapso de los marcos ideológicos que definían las alianzas globales, la gente a nivel global comenzó a reivindicar vigorosamente sus herencias culturales, étnicas y religiosas. Estas identidades, previamente suprimidas o subordinadas, se manifestaron a través de banderas, lenguas, religiones y rituales como nuevas fuentes primarias de lealtad y confrontación política, a menudo llevando a conflictos.
Citación de un personaje nacionalista: «No puede haber verdaderos amigos sin verdaderos enemigos…». Esta frase, atribuida a nacionalistas y teóricos de la identidad, resalta la importancia fundamental de la diferenciación y la otredad en la construcción de la identidad grupal. La existencia de un "enemigo" o un "otro" cultural facilita la cohesión interna y la definición clara de "quiénes somos" frente a "quiénes no somos", lo que es crucial en la dinámica de las civilizaciones.
Relación entre civilizaciones y conflictos: Huntington argumenta que la tendencia más peligrosa en el nuevo orden mundial es la creciente probabilidad de hostilidades y conflictos entre grupos y estados pertenecientes a diferentes civilizaciones. Estos conflictos se manifiestan a través de líneas de fractura donde civilizaciones distintas se encuentran, convirtiéndose en el fenómeno dominante de la política global post-Guerra Fría.
Estructura del Libro
Primera Parte: Explora la premisa de que la política global es ahora irreversiblemente multipolar y multicivilizacional. Se desafía la creencia prevalente de que la modernización necesariamente conduce a una convergencia hacia una civilización universal o a la occidentalización de todas las sociedades no occidentales, argumentando que la modernización fortalece las identidades culturales locales.
Segunda Parte: Analiza los cambios fundamentales en el equilibrio de poder entre civilizaciones. Se observa una marcada disminución de la influencia de Occidente a medida que las civilizaciones no occidentales resurgen, reafirman su valor cultural y ganan poder económico, demográfico y militar, desafiando el orden mundial dominado por Occidente.
Tercera Parte: Describe el orden mundial emergente, que se organiza cada vez más en torno a las civilizaciones. Dentro de este marco, las sociedades con fuertes afinidades culturales y civilizacionales tienden a cooperar entre sí, formando "bloques" o alianzas naturales que a menudo trascienden las fronteras estatales tradicionales.
Cuarta Parte: Examina las consecuencias problemáticas de las pretensiones universalistas de Occidente. Se argumenta que el intento de Occidente de imponer sus valores, instituciones y cultura como universales genera conflictos y resentimiento, especialmente con el Islam y China, quienes ven estas pretensiones como imperialismo cultural.
Quinta Parte: Concluye con la tesis de que la supervivencia a largo plazo de Occidente depende de su capacidad para reafirmar su propia identidad cultural única, cesar sus esfuerzos por imponerla a otras civilizaciones y fomentar una mayor cooperación interna entre los países occidentales para enfrentar los desafíos de un mundo multicivilizacional.
Un Mundo Multipolar y Multicivilizacional
Descripción:
Por primera vez en la historia moderna, la política global es verdaderamente multipolar y multicultural, lo que significa que no hay una única potencia hegemónica ni una cultura dominante universal. Los contactos significativos y sostenidos entre civilizaciones fueron escasos antes del siglo XV d.C., cuando la era de la expansión europea comenzó a forjar un sistema único.
Mientras que la Guerra Fría dividió el mundo en bloques ideológicos (capitalismo vs. comunismo), la era posguerra fría ha revelado un paisaje mucho más diverso y fragmentado, donde las fronteras civilizacionales tienen una importancia creciente, reemplazando a menudo las divisiones ideológicas anteriores.
Enfoque cultural: Las identidades ya no se definen primordialmente por la pertenencia a un bloque ideológico, sino que se enmarcan en términos de genealogía, religión, lengua, historia y valores culturales compartidos. Hay un enfoque creciente en la cultura como la base más fundamental para la cooperación y, lamentablemente, también de conflictos en el panorama global.
El enfoque de las civilizaciones como actores claves
Desarrollo de conflictos: Huntington postula que los conflictos más intrincados y peligrosos en el nuevo orden mundial no son entre estados-nación individuales por razones políticas o económicas clásicas, sino que surgen directamente entre grupos de civilizaciones diferentes. Estos conflictos ocurren en las "líneas de falla" civilizacionales y pueden escalar rápidamente, transformándose en conflictos interestatales o transnacionales, con ejemplos claros en Bosnia (conflicto entre civilizaciones ortodoxa, católica e islámica) y Ruanda (aunque más étnico, en la nota se usa como ejemplo de diferencias culturales extremas llevando a violencia).
La cultura como fuerza unificadora y divisoria: La cultura posee una doble capacidad: puede cimentar la unidad dentro de una civilización, promoviendo la solidaridad y la cooperación entre sus miembros, y al mismo tiempo, actuar como una poderosa fuerza divisoria cuando interactúa con otras civilizaciones, subrayando las diferencias y a menudo justificando la hostilidad.
Situaciones contemporáneas: La historia comparada y la observación de las dinámicas actuales revelan una tendencia innegable: los grupos y estados con similitudes culturales profundas tienden a formar alianzas y cooperar eficazmente, construyendo puentes a través de fronteras nacionales. Por el contrario, aquellos con diferencias culturales significativas son más propensos a entrar en conflictos, ya que las malinterpretaciones, los valores divergentes y las prioridades contrastantes se convierten en fuentes de tensión intrínseca.
Principios de la civilización
Naturaleza de las Civilizaciones: La historia humana está, de hecho, profundamente y continuamente marcada por el surgimiento, evolución y dinámica de las civilizaciones. Existe un consenso entre diversos investigadores y antropólogos sobre sus características fundamentales y su papel como unidades de análisis para entender la macrohistoria.
Identificaciones: Las civilizaciones no son solo un conjunto de elementos culturales; proveen las identificaciones más amplias y fundamentales para las personas de su tiempo y cultura, ofreciendo un sentido de pertenencia a una comunidad cultural vasta que va más allá de la familia, tribu, etnia o nación. Son el "nosotros" más grande.
Diferencias culturales: Aunque las civilizaciones presentan diferencias características en sus perspectivas fundamentales sobre la vida, sus valores, costumbres e instituciones, también comparten rasgos comunes dentro de su esfera de influencia que son esenciales para determinar y mantener su identidad distintiva frente a otras.
Definición y elementos de la civilización
Una civilización es una entidad cultural: Es una realidad cultural en el sentido más amplio, definiendo las formas significativas de vida que abarcan no solo un idioma y una religión, sino también un conjunto interconectado de valores compartidos, normas de comportamiento, instituciones sociales y políticas, y una manera particular de percibir el mundo.
Relación entre cultura y civilización: Aunque la civilización abarca y se manifiesta a través de la cultura, es importante distinguir que una civilización es un concepto más amplio y macrostórico que "una cultura" específica (como la cultura francesa o japonesa). Es una agregación de culturas o un patrón cultural dominante a gran escala. La religión, la lengua, la historia, las costumbres sociales y las instituciones son elementos esenciales que actúan como pilares en la identificación y cohesión civilizatoria, configurando su ethos distintivo.
Evolución de las Civilizaciones
Durabilidad y Mortalidad: Las civilizaciones son entidades con una longevidad considerable, a menudo abarcando siglos o incluso milenios. No son estáticas; evolucionan constantemente con el tiempo, adaptándose a nuevos desafíos y circunstancias. Si bien pueden parecer inmunes a cambios menores, también son mortales y pueden desaparecer, como se ha visto en civilizaciones históricas. Sin embargo, muchas civilizaciones demuestran una notable capacidad de adaptación y resiliencia, sobreviviendo a convulsiones políticas, invasiones o periodos de declive, a menudo transformándose en el proceso.
Características de cambio: Existen similitudes y patrones discernibles en los procesos de evolución, crecimiento, auge y desaparición de diferentes civilizaciones, lo que sugiere que no son solo eventos aleatorios sino que siguen ciertas dinámicas internas. Estas características de cambio pueden ser objeto de estudio sistemático para comprender mejor su estructura intrínseca, las fuerzas que las impulsan y las dinámicas internas que afectan su capacidad de perdurar o transformarse.
Relaciones entre Civilizaciones en Contexto Histórico
Encuentros antes del 1500 d.C.: Previo al siglo XV, las civilizaciones interactuaban de manera limitada y a menudo intermitente. Generalmente, estas relaciones estaban mediadas por la distancia geográfica y la falta de tecnologías de comunicación y transporte avanzadas. Aunque hubo intercambios de bienes (Ruta de la Seda), tecnologías (pólvora china a Europa) o ideas (filosofía griega al mundo islámico, números arábigos), estas interacciones no llevaron a una interconexión profunda ni a la fusión de estructuras civilizatorias a gran escala.
Influencia de Occidente: A partir del siglo XV, la expansión de Occidente (a través del colonialismo, el comercio, la evangelización y la imposición de su poder militar y económico) marcó un punto de inflexión, creando un sistema mundial interconectado donde Occidente era la fuerza dominante. Esto tuvo un impacto profundo y a menudo disruptivo en el resto de las civilizaciones, que se vieron obligadas a reaccionar y adaptarse. Sin embargo, las interacciones no fueron enteramente unidireccionales; hubo y sigue habiendo intercambios culturales y tecnológicos multidireccionales en las relaciones modernas, aunque el poder asimétrico persista.
Interacciones contemporáneas: La era actual, la pos-Guerra Fría, representa una transición hacia un sistema verdaderamente multicivilizacional. Aquí, las interacciones ya no son predominantemente unidireccionales (del centro occidental a la periferia no occidental), sino que reflejan un equilibrio de poder y una influencia cultural más equilibrada y recíproca. Las civilizaciones no occidentales han recuperado agencia, sus valores son reivindicados y sus relaciones con Occidente y entre ellas mismas son vistas como interacciones entre entidades con poder e influencia crecientes.