Tema 4. Evaluación del Trauma: EMDR
Evaluación del Trauma: EMDR
4.2. Autobiográfico
Objetivo: Obtener datos para conocer mejor al paciente y facilitar la ayuda y comprensión.
Cada profesional crea su propio cuestionario autobiográfico.
Áreas recomendables a explorar:
Motivo de consulta.
Síntomas.
Apego.
Historia personal y social.
Relaciones interpersonales.
Personalidad de los padres.
Sucesos importantes en la vida.
Intentos previos de solución.
Regulación emocional.
Recursos.
Objetivos.
Se entrega en la primera visita.
Flexibilidad para no repetir información ya proporcionada o dejar apartados sin contestar.
Importancia de un apartado final para ampliar información libremente.
Solicitar respuestas amplias para facilitar el diagnóstico.
La colaboración del paciente es fundamental para el diagnóstico y tratamiento.
Advertir que el cuestionario puede ser largo, requerir tiempo y generar agitación emocional.
Recomendar completarlo en varias sesiones si es necesario.
Explicar la Ley Oficial de Protección de Datos (LOPD) sobre la confidencialidad de la información.
En caso de ideas autolíticas, explorarlas y derivar a psiquiatría con consentimiento por escrito.
Si el paciente no puede rellenar el cuestionario, hacerlo en consulta.
Complementar los apartados del cuestionario con instrumentos específicos.
Ejemplo: Cuestionario multimodal de la historia de la vida de Cormier y Cormier.
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4.3. Escala de Autocuidado
La Escala de Autocuidado (González et al., 2017) evalúa cómo nos tratamos a nosotros mismos.
Abarca áreas como:
Cuidado físico y emocional.
Identificación y atención a necesidades.
Visión realista de uno mismo.
Tolerar y asimilar afecto positivo.
Realizar actividades positivas y mantener relaciones sanas.
Ser capaz de pedir y aceptar ayuda.
Mantener y fijar límites adecuados.
Evitar conductas autodestructivas.
El paciente lee cada frase y califica de 1 a 7 qué tan cierto es.
Elementos de un patrón de autocuidado sano:
Mirarse con "los mejores ojos posibles".
Mirarse con "ojos realistas".
Reconocer y validar las propias necesidades.
Protegerse adecuadamente (establecer límites).
Equilibrio entre necesidades propias y ajenas.
La falta de una mirada de amor incondicional del cuidador principal es un trauma nuclear (Knipe, 2008).
El apego seguro se basa en la sintonía emocional entre cuidador e infante.
A través de esta conexión, el niño aprende habilidades de autocuidado, seguridad básica, confianza, regulación emocional y valoración del self.
La negligencia y el trauma temprano trastornan el autocuidado (Chu, 1998; Ryle, 2002).
Pacientes que crecen en entornos abusivos no internalizan un patrón de autocuidado sano.
Personas traumatizadas no aprendieron a cuidarse porque nadie les enseñó a valorarse.
Muchos aprendieron que "necesitar" es malo o egoísta.
Algunos aprendieron a castigarse en lugar de a cuidarse.
Estas personas se miran a sí mismas a través de los ojos de sus figuras de apego negligentes o abusivas (González et al., 2012).
Relacionar la historia de apego y trauma con la escala de autocuidado para entender cómo los problemas se relacionan con el problema y su intensidad.
Ayudar al paciente a entender "dónde aprendió" sus patrones de autocuidado disfuncionales.
En el apartado A fondo, se menciona una web con recursos para terapeutas que ofrece una escala de autocuidado.
4.4. Entrevista de Apego para Adultos (AAI)
Explorar el apego es importante porque influye en cómo nos relacionamos con otros, con nosotros mismos y con el mundo.
El paciente activa su apego en la consulta.
Mary Ainsworth propuso que las relaciones madre-hijo difieren en la calidad del apego.
La conducta de la madre en los primeros meses predice el tipo de relación.
Ainsworth diseñó la "situación extraña" para estudiar la relación madre-hijo en el primer año.
Se desarrollaron clasificaciones del apego en niños: seguro, evitativo, ambivalente/resistente.
Se añadió un grupo de niños desorganizados/desorientados.
Bowlby consideró su teoría aplicable a todo el desarrollo humano.
Mary Main creó la Adult Attachment Interview (AAI) para medir el estado mental de los padres sobre el apego.
La AAI evalúa recuerdos de relaciones con figuras de apego en la infancia y un cuestionario estructurado.
La AAI se codifica según la coherencia del discurso, la estructura del relato y la colaboración con el entrevistador.
El resultado clasifica a la persona en cuatro categorías equivalentes a las de Ainsworth.
4.5. Escala EARLY
La escala de experiencias familiares en la infancia (Gonzalez et al., 2019) es un instrumento psicométrico autoadministrado para valorar experiencias traumáticas.
Es autoaplicada y consta de 77 ítems.
Se contesta con "sí" o "no" en la primera parte y rodeando el porcentaje de 0 a 10 en las otras dos partes.
Las preguntas se refieren a los cuidadores principales desde el nacimiento hasta los 18 años.
Incluye traumas de "T mayúscula" (maltrato, abuso sexual, catástrofes, muertes, accidentes) y traumas de "t minúscula" (negligencia, falta de juego compartido, exceso de críticas, inversión de roles, trauma de apego).
Estas experiencias pueden pasar desapercibidas y no ser identificadas como problemáticas.
La escala puede ser dura para pacientes con mucha traumatización en la infancia.
Algunos pacientes solo podrán completarla después de iniciar la terapia.
Es tarea del terapeuta valorar si el paciente está en condiciones de responder.
Aspectos que explora la escala:
Modelado adecuado - Inversión de roles.
Demostración de afecto - Carencia de afecto.
Compartir momentos positivos.
Disponibilidad – predictibilidad – variabilidad – entornos caóticos.
Falta de atención adecuada, negligencia.
Humillaciones – comparativas - crítica excesiva.
Amenaza o percepción de riesgo en el niño.
Abuso verbal, físico o sexual.
Pérdidas importantes (duelos, cambios frecuentes…).
Sobreprotección.
Contiene ítems sobre trauma temprano relacional.
Compuesta por tres apartados:
EARLY-G: eventos generales intra y extrafamiliares.
EARLY-FP: experiencias de cuidado positivo en el entorno familiar.
EARLY-FN: experiencias familiares adversas.
Subescalas de EARLY-FN:
Abandono emocional.
Sobreprotección.
Maltrato físico.
Ver problemas en casa.
Inversión de roles.
Alta exigencia.
Abuso emocional.
En el apartado A fondo, se menciona una web con recursos para terapeutas que ofrece una escala EARLY.
4.6. Escala DES
La escala DES (Dissociative Experiences Scale) (Bernstein y Putnam, 1986) es autoadministrada.
Compuesta por 28 ítems, cada uno con una escala gráfica de 0% a 100% para indicar la frecuencia de experiencias disociativas.
0 = nunca, 100 = siempre.
Sirve para screening y valorar el nivel de disociación como un continuo normal a patológico.
Es un buen filtro para seleccionar pacientes que necesitan una evaluación más exhaustiva.
Valora subescalas como amnesia, disociación y despersonalización/desrealización.
La disociación es un mecanismo psicológico de defensa ante la violencia física o emocional.
La falta de integración de la identidad es su aspecto más nuclear.
Una personalidad bien integrada tiene una perspectiva de primera persona del self, los otros y el mundo.
También tiene capacidad integrativa, conductas adaptativas, capacidades regulatorias y reflexivas (Van der Hart et al., 2006).
Las puntuaciones promedio pueden indicar:
Estrés postraumático.
Desorden disociativo.
Personalidad múltiple.
Más importantes que las puntuaciones son los ejemplos de cada ítem en función del resultado.
Se aconseja una entrevista posterior para profundizar en las experiencias disociativas.
En caso necesario, se aplican escalas más específicas como la SCID-D.
4.7. DDIS
La DDIS (Dissociative Disorders Interview Schedule) es desarrollada por el Dr. Colin Ross.
Es una entrevista estructurada para trastornos disociativos que se administra en 30-45 minutos.
Incluye:
Síntomas somáticos de origen no orgánico (dolores abdominales, de espalda, de cabeza, náuseas, mareos).
Exploración de psicopatología depresiva.
Consumo de tóxicos (alcohol, drogas).
Síntomas de trastorno límite de personalidad (impulsividad, intensidad y duración de relaciones interpersonales, ira, cambios de humor, miedo al abandono, sentimientos de vacío, ideas autolíticas).
Indicios y síntomas claros de disociación (lapsos de memoria, actos no recordados, despersonalización, sentir que tiene otra personalidad, actos controlados por otra persona).
Historia exhaustiva de abuso sexual o físico en la infancia.
Las preguntas deben hacerse en el orden y formulación originales.
La mayoría de las preguntas se responden con "sí", "no" o "dudo".
En el apartado A fondo, se menciona un enlace al The Colin A. Ross Institute con información oficial y completa sobre la DDIS (en inglés).
También se menciona una web de referencia para trastornos disociativos con una DDIS.
4.8. Cuestionarios de Steinberg
Los cuestionarios de Steinberg se utilizan cuando hay indicios de síntomas disociativos.
Es difícil detectar trastornos disociativos en la práctica clínica debido a:
Complejidad del síndrome.
Poca conciencia en la práctica clínica.
Falta de evaluación sistemática (Steinberg et al., 1991).
Alta comorbilidad con otros trastornos.
Diagnósticos erróneos comunes: esquizofrenia, psicosis maniacodepresiva, histeria, epilepsia y otros trastornos psiquiátricos (Coons, 1984; Kluft, 1991; Rosenbaum, 1980).
Importancia de la evaluación de estos trastornos en el trauma.
Figura 2: Subtipos de síntomas disociativos.
El apéndice de trastornos disociativos de la SCID (Structured Clinical Interview for DSM-IVR, SCID-D), de Marlene Steinberg (1994), describe los capítulos de la escala.
Evalúa la incidencia (pasada y presente), intensidad y frecuencia de:
Amnesia.
Despersonalización.
Desrealización.
Confusión de identidad.
Alteración de la identidad.
Cambios abruptos de estado de ánimo y voces internas.
Figura 3: SCID-D – Structured Clinical Interview for DSM-IVR (Steinberg, 1994).
En el apartado A fondo, se menciona una web de referencia para trastornos disociativos con un documento con ejemplos para explorar los síntomas disociativos de una forma más sencilla (sacado de la SCID-D) y usarlo como screening.
4.9. Línea de la Vida
La línea de la vida es una herramienta flexible y sencilla para el autoconocimiento.
Representa los sucesos de la vida en una línea horizontal (esquema, diagrama o tabla temporal).
Es un proceso terapéutico útil para construir una narrativa propia, dar perspectiva sobre los acontecimientos y su influencia en el presente, y visualizar el futuro.
Para recoger eventos importantes, buscar sucesos y recuerdos perturbadores y emocionalmente estresantes.
También incluir cosas que aparentemente no afectaron, ya que los pacientes tienden a restar importancia a sucesos que consideran "normales".
Hacer una lista que puede ser representada de forma horizontal o vertical.
Esta será la lista de recuerdos traumáticos a procesar con EMDR.
Añadir la edad aproximada y una breve descripción de cada recuerdo (ej., "9 años – Accidente de tráfico", "13 años – Muerte de abuelo paterno").
También colocar eventos, logros personales y recuerdos positivos para utilizarlos como recursos (Instalación: Fase 5 EMDR).
Dar instrucciones por escrito y ejemplos de sucesos positivos y negativos.
Revisar la línea de la vida con preguntas para recabar la mayor información posible.
Hacer el ejercicio gradualmente para evitar remover emociones.
4.10. Narrativa en las Entrevistas
Uno de los objetivos de la psicoterapia es ayudar a generar narrativas nuevas, menos estigmatizantes y limitantes.
La psicoterapia es un espacio compartido para generar narrativas alternativas.
El psicólogo debe ayudar al paciente a salir de la narrativa inicial, impregnada de problemas y sufrimiento.
Hacer una evaluación del trauma para comprender el origen de las dificultades o síntomas actuales y la historia del paciente.
Complementar métodos de evaluación con aspectos observables en la narrativa del paciente.
Estrategias para la observación y exploración de narrativas (Fernández y Rodríguez, 2001):
Discursos incompletos (ej., sobreentendidos).
Contenido implícito (ej., creencias, valores, deseos, temores, resistencias).
Discurso evasivo (ej., evitar selectivamente temas).
Omisiones (ej., contar con detalle una escena y no incluir a uno de los protagonistas).
Temas repetidos (ej., temas que se repiten en muchas sesiones).
Atender al modelo sensorial/representacional preferente.
Comunicación no verbal o analógica.
Discursos incompletos: Indican contenido altamente emocional; si el paciente sale de su ventana de tolerancia, puede no poder continuar el relato.
Contenido implícito: Ayuda a localizar creencias negativas generadas a partir de experiencias traumáticas.
Ejemplo: "me sentí mal en esa situación, no esperaba que mi cuñada me hiciera ese comentario… estaba mi marido… me fui a jugar con los niños"-> Creencia subyacente: "no puedo mostrar mis emociones con seguridad".
Discurso evasivo: Indica un área conflictiva para el paciente (origen del trauma o consecuencia).
Ejemplo: paciente adulto que omite referirse a su padre -> puede haber alguna cuestión traumática de apego (ej., violencia, negligencia, fallos en conexión emocional).
Omisiones: Se refieren a contenidos del discurso que uno esperaría encontrar.
Ejemplo: Paciente no menciona a su padre en una barbacoa familiar donde el padre ha ejercido violencia -> preguntarle directamente al paciente sobre estas cuestiones.
Repetición de temas: Indica uno de los focos del trauma.
Es conveniente dar margen para que se exprese, pero también devolver y negociar para poder intervenir.
Con pacientes con historia de trauma grave, pueden pasar meses o años hasta trabajar directamente los recuerdos traumáticos.
Modelo sensorial/representacional preferente: Da pistas de cómo ha quedado almacenado el trauma en la memoria.
Ejemplo: un paciente que se centra mucho en describir las experiencias a través de las imágenes o lo que se escuchaba… Hay personas más auditivas, visuales o kinestésicas (olfativas o gustativas).
Si una persona adulta de entrada describe situaciones de apego negativas para ella centrándose en lo que le dicen las personas o lo que escucha, nos está indicando que esta es una tendencia previa: posiblemente en relaciones de apego previa tuvieron mucho impacto determinadas cosas que fue escuchando.
Comunicación no verbal o analógica: Aspectos comunicativos que trascienden la palabra.
Apariencia general: forma de vestir, peinado, adornos, amuletos, tatuajes…. Nos puede dar pistas también sobre su autoimagen y autoestima.
Autocuidado: por ejemplo, un paciente con problemas de higiene nos puede sugerir dificultades de autocuidado.
Actitud corporal: tensión, rabia, temor, desconfianza, desgana, intranquilidad… Investigar si hay de base un apego inseguro o experiencias traumáticas con figuras de ayuda.
Expresión facial: Si queremos evaluar, sobre todo, el trauma, cómo cambia al hablar o preguntarle por determinadas cuestiones.
Voz: Vamos a fijarnos en el tono general de la persona, si de entrada es enérgico, si apenas se le oye… Si es exigente, complaciente, de miedo, enfado…
Reacciones neurovegetativas: sudoración, rubefacción, palidez. Si esto se activa al tratar un tema en sesión, nos da pistas de que es un tema importante para entender la situación actual del paciente.
Estrategias para la exploración de narrativas:
Silencio e intervención verbal mínima.
Lenguaje vago.
Parafrasear.
Reflejo empático.
Hacer preguntas.
Clarificar.
Lenguaje evocador de experiencias.
Metáforas.
Silencio: Nuestro silencio es una muestra de interés hacia lo que tenga que decir el paciente, al que invitamos a transmitir y elaborar sus experiencias dentro del contexto terapéutico.
Lenguaje vago: es no dar por hecho. Si nos adelantamos a la narrativa del paciente interrumpiéndolo y nombramos la palabra miedo, por ejemplo, lo que estamos haciendo es imponer a la otra persona nuestra propia experiencia interna y perderemos la oportunidad de que el paciente se muestre de forma espontánea y detectar focos de tratamiento.
Parafrasear: Supone reformular la información que expresa el paciente sobre sus pensamientos, conductas… En pacientes con trauma crónico puede ocurrir que tengan un discurso más disperso, circunstancial, que entre en bucle… Esta estrategia será útil para ayudar a centrar el discurso.
Reflejo empático: ejemplo: «por lo que me comentas, en esa situación sentiste que no respetaban los límites que estabas intentando poner y sentiste miedo y desesperanza».
Hacer preguntas: con las preguntas cerradas debemos tener cuidado de que no queden excluidos temas o aportaciones que pueden ser importantes para los pacientes. Las preguntas abiertas invitan a desarrollar un tema, permiten indagar (no suponen) y facilitan más la evolución de la conversación terapéutica.
Lenguaje evocador de experiencias: lenguaje sensorial (los cinco sentidos) es el lenguaje con más capacidad de evocación de emociones: ¿qué viste?, ¿quiénes estaban?, ¿cómo iban vestidos?, ¿qué hacía?, ¿qué oías?, ¿había ruidos alrededor?, ¿qué decían las personas que allí había?, ¿puedes identificar algún sabor u olor?, ¿qué sientes físicamente?, ¿en qué parte del cuerpo notas algo?, ¿qué otras sensaciones corporales o táctiles puedes identificar?, ¿qué sentimientos te genera?, ¿te provoca malestar emocional?, ¿recuerdas alguna otra situación en la que te hayas sentido así?
Metáforas: Ejemplo: sentirse como un coche viejo con las ruedas pinchadas puede evolucionar hacia un coche viejo que consigue ayuda para cambiar las ruedas, que hace algunos ajustes… Se convierte en un coche que es suficiente, que te permite llegar a objetivos…
4.11. Técnicas Proyectivas: Juego, Dibujo y Caja de Arena
Las técnicas proyectivas en terapia permiten acercarnos de una manera no invasiva al mundo intrapsíquico del paciente, a través de distintos indicadores que podemos analizar posteriormente.
Estas pruebas se basan en el supuesto de que las personas proyectan en sus respuestas sus percepciones, sentimientos, estilos o conflictos.
En este apartado presentamos brevemente tres tipos de pruebas proyectivas: dibujo, juego y la caja de arena.
Dibujo:
El dibujo es un elemento que nos va a permitir acercarnos al proceso de proyección con un fin exclusivamente evaluativo.
De los dibujos vamos a poder analizar diferentes indicadores para, posteriormente, incluir en nuestras hipótesis terapéuticas y poder tener un panorama más amplio del mundo psíquico del paciente:
Cómo se ve a sí mismo.
Recursos a la hora de hacer frente a situaciones de tensión.
Aspectos relacionales con los otros y con la familia.
Aspectos inconscientes.
En el dibujo nos vamos a fijar en aspectos formales: emplazamiento (arriba, abajo, izquierda, centro, derecha) tamaño del dibujo, trazo, presión…; también en aspectos de contenido (qué elementos aparecen, personajes…) y aspectos madurativos.
En la literatura podemos encontrar un gran número test proyectivos gráficos que usan el dibujo como medio de expresión, algunos ejemplos serían:
Test de la familia.
Test de la figura humana.
Test Árbol - Casa - Persona.
Test de persona bajo la lluvia.
Cada uno de ellos está indicado para resaltar aspectos distintos de la personalidad del paciente.
Juego:
En el caso de la hora de juego diagnóstica la consigna es la de juego libre, el paciente se acerca a los materiales de manera natural sin que el terapeuta adquiera un rol instructivo, dejando hacer al paciente.
La idea en esta modalidad es poder valorar determinados indicadores:
Elección de juegos y juguetes.
Modalidad de juego:
Plasticidad.
Rigidez.
Estereotipia.
Motricidad.
Personificación.
Creatividad.
Tolerancia a la frustración.
Capacidad simbólica.
Estos indicadores serán útiles en la evaluación del trauma y otros aspectos de la persona.
Caja de arena
El objetivo básico de esta técnica es que la persona pueda conectar con el contenido mental de manera sutil y pueda plasmarlo representando una escena en una caja con arena, donde se añaden elementos que representan diferentes personajes y contextos.
Se pretende acceder al mundo intrapsíquico del paciente y a la comprensión de su contenido.
Permite expresarse a través de un vehículo diferente del verbal, enriquecer las narrativas a través de la emergencia de metáforas terapéuticas e integrar partes disociadas.
Así, esta técnica puede funcionar como un medio de expresión seguro de conflictos, miedos, fortalezas, etc.
Se puede considerar que las miniaturas representan las palabras y la bandeja la gramática.
Pueden observarse indicadores en las diferentes escenas creadas de sintomatología ansiosa, depresiva, agresiva, situaciones de amenaza y riesgo, incertidumbre, inseguridad, sentimientos de abandono o soledad, duelos no resueltos, conflictos internos y de lealtades, angustia, terror, culpa, vivencias violentas, malos tratos o abusos.
Igualmente, podemos encontrar elementos resilientes en las escenas a través de símbolos que sugieren puntos fuertes, generando seguridad y protección.
Por otro lado, es factible encontrar en las diferentes escenas elementos que nos indican el tipo de apego de la persona (evitativo, ansioso-ambivalente, desorganizado, seguro).
El potencial diagnóstico y terapéutico de la técnica de caja de arena incluye población adulta e infantil, especialmente en casos de trauma, (bullying, malos tratos, abandono, abuso…), retraso en el desarrollo del lenguaje, déficit de atención, trastornos del apego, problemas de autoestima, problemas conductuales. dificultades en la relación con iguales, problemas familiares, problemas emocionales asociados a dificultad en la verbalización de los contenidos psíquicos, duelo, adicciones, trastornos psicosomáticos, dolor crónico, trastornos de conducta alimentaria, etc.
4.12. Ventana de Tolerancia Emocional
Siegel (2007) plantea el concepto de ventana de tolerancia emocional y lo relaciona con el de autorregulación.
La capacidad para regular los procesos de valoración y activación de la mente es fundamental para la autoorganización.
Las experiencias pasadas influyen en el funcionamiento de nuestra ventana de tolerancia emocional y en nuestra capacidad de regulación emocional.
La regulación emocional en la infancia es un proceso diádico: dependemos de nuestras figuras de apego, después avanzamos hacia la autorregulación guiada por el cuidador.
Los factores constitucionales, temperamentales —factores genéticos más intrauterinos— y experienciales —apego y biografía— pueden generar ciertos tipos de desregulación emocional.
La repetición de determinadas situaciones asociada a determinadas reacciones supone un esquema repetido de activación neural que puede generar patrones automáticos de respuesta que son rígidos y desadaptativos en el presente; por ejemplo, alteraciones crónicas en el grado de sensibilidad o explosiones de ira ante determinados disparadores.
Componentes básicos de la regulación emocional:
La intensidad.
La sensibilidad.
La especificidad.
Las ventanas de tolerancia.
Los procesos de recuperación.
El acceso a la conciencia.
La expresión externa.
La sensibilidad y la intensidad de nuestra respuesta pueden ser constitucionales y modificadas por la experiencia pasada.
Es posible que varíe según el momento actual o alguna experiencia reciente: por ejemplo, desgaste emocional, cansancio físico, preocupación, hambre.
Respecto a la ventana de tolerancia emocional, se pueden diferenciar tres posibilidades que identificar a través de diferentes señales:
Ventana de tolerancia emocional: la persona se siente lo suficientemente tranquila y segura, puede prestar atención a sí misma y al entorno y reflexionar, está a disposición de aprender. No se interrumpe el funcionamiento del sistema. Suele correlacionar con la activación del sistema nervioso autónomo parasimpático ventrovagal.
Hiperactivación: sentir rabia, miedo, ansiedad, preocupación. Suele correlacionar con la activación del sistema nervioso autónomo simpático: alto consumo de energía, aumento de los ritmos cardiaco y respiratorio, sensación de palpitación en la cabeza.
Hipoactivación: sentirse apagado, sin energía, tener sueño repentino y bloqueo, no poder pensar ni hablar, no sentir nada. Suele correlacionar con la activación del sistema nervioso autónomo parasimpático dorsovagal: proceso de conservación de la energía, reducción de los ritmos cardiaco y respiratorio, sensación de atontamiento y de tener la mente cerrada.
Dentro de la ventana de tolerancia emocional, la persona se siente en equilibrio, y están disponibles procesos cognitivos corticales, es decir, de nivel superior (ej.: reflexión).
Uno de los factores que influyen en la amplitud de la ventana es el contexto social en el que se genera determinada emoción, lo que impacta en la capacidad de tolerar situaciones estresantes.
Estar fuera de la ventana de tolerancia repercute en la percepción, la memoria, las creencias y la conducta, que están regidas temporalmente por procesos inferiores. Se activan respuestas reflejas y no es posible lograr cierta distancia de ellas, hay un «secuestro emocional».
Fuera de la ventana, la conexión límbico-frontal está bloqueada temporalmente. Se cierran las funciones cognitivas superiores, como:
El pensamiento racional.
La autorreflexión.
El pensamiento sobre las emociones.
Se inhiben percepciones y pensamientos superiores a favor de la dominancia de un input más básico, somático y sensorial. En esta situación, no podemos pensar, sentimos con mucha intensidad y podemos actuar impulsivamente.
Se corta temporalmente la capacidad de pensar otras opciones de conducta diferentes a los impulsos inmediatos. La autorregulación no está disponible, lo que dificulta que haya una interacción adaptativa flexible con el medio ambiente. Los estados internos pueden ser inflexibles o caóticos.
En algunos casos, esto conduce a estados disociativos. Para algunas personas, la sensación de estar fuera de control —respecto a pensamientos, emociones, imágenes, sensaciones físicas— puede ser muy desorganizadora.
La regulación del afecto supone un equilibrio entre la actividad de las ramas simpática y parasimpática.
Haber experimentado vivencias traumáticas que no han sido procesadas hace que la persona sea más vulnerable a encontrarse fuera de su ventana de tolerancia emocional. Esto implica que determinados disparadores externos o internos lo llevan automáticamente a estados de hiperactivación o hipoactivación.
Nuestra historia influye en:
El modo en que experimentamos el mundo.
Cómo interpretamos los sucesos internos y externos.
Cómo nos relacionamos.
Cómo procesamos la información.
Cómo distribuimos la atención.
Cómo nos vemos a nosotros mismos.
Cuando nuestra historia está cargada con vivencias traumáticas no elaboradas, interfiere en todo lo anterior y genera sufrimiento, malestar y limitaciones en el presente y el futuro.
Los terapeutas debemos evaluar, por un lado, los patrones habituales de las personas que atendemos en la consulta. Esto nos ayudará a comprender su historia, sus dificultades y plantear objetivos terapéuticos. Por otro lado, debemos evaluar siempre el estado del paciente en la sesión. Para poder proponer a un paciente procesar un recuerdo con EMDR, debe estar dentro de su ventana de tolerancia emocional. Si inicialmente el paciente está dentro de ella y se sale durante el procesamiento, debemos hacer una pausa en el procedimiento con EMDR y ayudarlo a retomar el estado de tranquilidad y seguridad suficiente.
Son varias las estrategias terapéuticas que ayudan a incrementar la regulación o estabilidad emocional de los pacientes:
Técnicas narrativas.
Psicoterapia basada en la mentalización.
Terapia metacognitiva.
Técnicas de relajación, visualización, mindfulness y otras.
El proceso terapéutico, en la medida en que se basa en un vínculo de seguridad y confianza, permite al paciente «ensanchar» la ventana de tolerancia emocional y conseguir logros importantes:
Observar, analizar, comprender y tener más conciencia de sus procesos mentales.
Reconocer, identificar y poder nombrar y compartir diferentes emociones.
Identificar sus disparadores y su conexión con el pasado.
Integrar las experiencias.
Conseguir mayor flexibilidad para decidir cómo responder, mayor capacidad para dirigirse hacia sus metas.
Permanecer más tiempo dentro de la ventana de tolerancia.
Tolerar nuevos niveles de intensidad emocional.
Salir con menos frecuencia y, cuando se sale, hacerlo con menor intensidad o desregulación.
Tener más herramientas y ser más efectivo para volver antes y tardar menos en recuperar el equilibrio y la estabilidad, al ser más resiliente.