CHINA MING
LA CHINA A LA QUE LLEGARON: LA CHINA MING
El país más rico del mundo
Los primeros viajeros españoles que arribaron a China en el siglo XVII quedaron pasmados por la organización y prosperidad del imperio. Uno de los puntos más sorprendentes fue la enorme población, que en ese momento alcanzaba los 150 millones de habitantes. La narrativa de estos viajeros menciona la “gente infinita”, refiriéndose a la asombrosa densidad de la población, que se multiplicó de 60 millones en 1393 a 150 millones en 1600. Este crecimiento demográfico trajo consigo una alta proporcionalidad de jóvenes, observable por los viajeros, quienes testificaron que pareciera que cada mujer estaba constantemente embarazada debido a la alta natalidad.
La migración hacia el sur se había acentuado desde mucho antes, con una notable visibilidad a partir del año 1000 durante la dinastía Song. Las invasiones mongolas habían destrozado el imperio Jin en el norte, pero habían preservado las riquezas del sur, lo que aceleró aún más esta migración. Durante la dinastía Ming, la región de Jiangnan, al sur del Yangzi, creció de 9 millones en 1393 a 16,5 millones en 1620, marcando un aumento significativo, impulsado por una notable prosperidad agraria.
Prosperidad Agrícola durante los Ming
Zhu Yuanzhang, conocido como el primer emperador Ming, tuvo una infancia llena de penurias y miedo a la hambruna, lo que lo llevó a priorizar uno de los objetivos más importantes de su reinado: revitalizar la agricultura de su imperio. Se logró recuperar millones de hectáreas cultivables y restaurar sistemas de riego. De hecho, se estimó que se plantaron mil millones de árboles. Los observadores de la época se maravillaron de que cada metro cuadrado de terreno estuviese cultivado, además de que los cultivos estuvieran regados hasta en terrenos montañosos.
El uso de tecnología agraria avanzada, como el arado chino, permitió que una sola bestia arara más tierra que en otras partes del mundo, gracias a su fuerte estructura metálica. A lo largo del tiempo, la siembra de arroz se convirtió en la base de la prosperidad agrícola Ming debido a su flexibilidad y capacidad para aprovechar una mayor cantidad de trabajo. La tierra se cultivaba intensivamente y se producían más cosechas, lo que permitía alimentar a una población en crecimiento. Las modificaciones en el paisaje, como la creación de terrazas y el drenaje de tierras, también son notables en las obras artísticas de la época.
La afectación de cultivos americanos
Durante la dinastía Ming también se introdujeron importantes cultivos americanos como las papas, el maíz y los boniatos. Aunque los textos de finales del siglo XVI apenas mencionan estos cultivos, se adivina que su impacto fue significativo en el siglo XVII, pues empezaron a consolidarse en las cosechas chinas. En particular, en la provincia de Fujian, los campesinos lograban dos cosechas de arroz al año, además de otros cultivos.
Sistema de Graneros y Comercialización
Uno de los pilares en el éxito agrario Ming fue el sistema de graneros comunitarios (shecang), donde se almacenaban los excedentes de cosecha para estabilizar los precios y aliviar el hambre local. Este sistema, que existía desde el siglo VI, fue crucial para mantener la salud económica del imperio. Las crónicas de los viajeros indican que existían al menos uno de estos graneros en cada ciudad grande de China, asegurando el suministro incluso durante malas cosechas.
Se registró un notable crecimiento en los mercados bajo la economía Ming: entre 1491 y 1573, los mercados crecieron a un ritmo mucho superior al de la población. En Zhangzhou, mientras la población aumentaba en un 50%, los mercados se expandieron en un 245%. Esto se manifestaba en el comercio activo que ocupaba las calles de las ciudades, dando lugar a una economía artesanal vibrante que estimulaba la producción.
El comercio y la influencia de la infraestructura
El acceso a vías de agua, crucial para el transporte y la comercialización, fue ofrendado por la geografía del sur de China, que contaba con un conjunto de afluentes del gran río Yangzi. Este medio de transporte preferencial permitió que las provincias del sur evolucionaran más rápidamente económicamente. La información sobre la abundancia de cultivos llegó a los españoles a través de diversas fuentes, incluidos los textos tradicionales chinos, así como de la experiencia propia de los viajantes en banquetes y mercados.
El correo, heredado de la dinastía Yuan, se perfeccionó durante la dinastía Ming. Este sistema, junto con una red bien mantenida de carreteras y puentes, facilitó el movimiento de información y bienes.
Estructura Administrativa y el Estado Ming
Durante el periodo Ming, la gestión del estado tuvo gran relevancia. Se fortaleció un sistema administrativo, donde el emperador contaba con un poder absoluto sobre la sociedad. Sin embargo, a pesar de esta visión de un estado totalitario, la realidad muestra que muchas de las políticas más efectivas surgieron de la presión social. La carga del gobierno se hacía sentir en la vida cotidiana de los ciudadanos, quienes estaban obligados a cumplir con numerosos deberes, desde la entrega de impuestos hasta la completa asignación de ayudantes para el funcionamiento de las comarcas.
Sistema Judicial y su Percepción
Los viajeros españoles también observaron el sistema judicial Ming, que impresiona por su rigor y severidad. Aunque existían castigos extremos, el enfoque general se mantenía en la retribución del delito, que incluía la responsabilidad colectiva de las familias por los actos de uno de sus miembros, algo alieno a la cultura española.
El uso de justicia en China era visto de otra manera: los viajeros relataron sobre la importancia de los juicios locales y la eficacia con la que se resolvían los conflictos cotidianos. Esto contrastó con la experiencia de Rada, quien observó un amplio uso de penas corporales, dando cuenta de una sociedad que aborrecía la impunidad y promovía la justicia rápida.
Vida Cotidiana y Costumbres
Por último, la vida cotidiana de los chinos les sorprendió profundamente. Las costumbres alimenticias, la forma de habitar, sus vestimentas y los rituales de la vida diaria fueron parte de la fascinación que China produjo en los viajeros. A diferencia de Europa, los funcionarios exhibían vestimentas que indicaban su rango, y las casas variaban enormemente en tamaño y forma, desde suntuosas mansiones hasta humildes pequeños hogares.
Los viajeros quedaron maravillados por la compleja y rica cultura culinaria, que incluía una vasta array de platos, así como el uso de palillos, lo que desató la curiosidad de aquellos acostumbrados a utensilios diferentes. Además, el sistema de salud y la atención religiosa también capturaron su atención, observando las costumbres y prácticas relacionadas con la adoración y la divinidad que impregnaban la vida de cada ciudadano.
En conclusión, la China Ming fue un periodo de grandeza, asombro y numerosas complejidades en su estructura social, política y económica, haciendo de este periodo uno de los más fascinantes para aquellos que tuvieron la oportunidad de explorarlo.