Los conflictos políticos

Los conflictos políticos

Los conflictos políticos se suscitan cuando no existe una norma lo

suficientemente clara y explícita que señale de manera precisa el curso de

acción a seguir. Especialmente, si se trata de un problema que tiene

características de encrucijada, dilema o impasse y frente al cual existen

alternativas de solución que son contrapuestas, antagónicas o excluyentes.

Una de las características de los conflictos políticos es que en última

instancia constituyen una pugna de criterios difícilmente reductible al arbitraje

de un tercero, sea éste una norma positiva o de otra índole. En los conflictos

políticos las voluntades antagónicas operan con cierto grado de autonomía,

puesto que tienen la capacidad de crear normas que exigen la obediencia de

toda la población.

Una vez resuelta la discordia la parte vencedora en el conflicto impone su

voluntad no solo a los vencidos, sino que además a todos los miembros de la

comunidad política.

En consecuencia, la resolución de los conflictos políticos afecta, además de

las partes en pugna, a todos los habitantes del Estado. Cuando un

antagonismo ya no puede ser procesado por la vía judicial ordinaria, toma

inmediatamente visos de conflicto político. En tal caso, lo político está por

sobre lo judicial, debido a que la institucionalidad ha sido desbordada,

superada o pasada a llevar por la dinámica de la confrontación: la lucha de

poder ya no transcurre dentro de un marco regulatorio; no existe una norma o

un tercero que cumpla el rol de juez o mediador.

En conclusión, la confrontación pone en entredicho la legalidad vigente, por

ello el conflicto político, especialmente si se trata de uno polémico, transcurre

al filo de la legalidad ordinaria o al margen de ella.

El conflicto político siempre remite al Estado, en cuanto los contrincantes

tienen por propósito incidir en la distribución de aquellos bienes materiales o

intangibles que son motivos de discordia.

Los conflictos políticos, a diferencia de los sociales, se pueden resolver

recurriendo al uso de la fuerza pública. En los conflictos sociales, en cambio,

está prohibido el uso de la violencia y aquel que la utilice sin el

consentimiento del Estado está atentando contra él. Otra característica del

conflicto político es que suele manifestarse como una lucha por la definición

de la realidad.

Los partidos políticos y los grupos de presión compiten por imponer una

versión de lo ocurrido, pudiendo los acontecimientos ser interpretados de

diferentes maneras. (Oro Tapia, Luís (2003).