Miguel Grau: Años de formación, carrera naval e historia marítima.
El Legado y Misión de la Fundación Miguel Grau
La Fundación Miguel Grau se constituyó como una entidad privada sin fines de lucro, impulsada por la Marina del Perú, con el objetivo primordial de mantener viva la memoria y la figura del Gran Almirante del Perú, Miguel Grau Seminario. Su misión abarca varios pilares: difundir el conocimiento marítimo entre la población, velar por el bienestar, la salud y la educación del personal naval y sus familiares directos, y destacar la condición de Grau como el "Peruano del Milenio". La fundación caracteriza la vida de Grau como una fuente de inspiración, forjada a través de un profundo sentido del deber y valores como la dignidad, la lealtad y la honestidad. Estas cualidades definieron su conducta ejemplar como hijo, padre, demócrata y ciudadano, conformando la base del héroe nacional que hoy se reconoce. La documentación de la fundación sirve como síntesis de su historia de vida para dejar un testimonio a las nuevas generaciones sobre el significado de ser peruano.
Orígenes, familia y primera infancia en Piura
Miguel María Grau Seminario nació el 27 de julio de 1834 en la ciudad de Piura. Si bien otros lugares como Paita y Sullana han reclamado ser su lugar de nacimiento, prestigiosos biógrafos como Ella Dunbar Temple, Geraldo Arosemena, Alberto Tauro, José Agustín de la Puente y Fernando Romero confirman que Piura es el lugar correcto. Era hijo del teniente coronel Juan Manuel Grau y Berro, natural de Cartagena de Indias, quien llegó al Perú en 1822 con el ejército libertador de Simín Bolvar y luchó en las batallas de Guayaquil, Junón y Ayacucho bajo el mando del mariscal Sucre. Su madre era Luisa Seminario del Castillo, una dama de una familia de alto estatus en Piura e hija de Fernando Torcuato Seminario y Jaime (alcalde provincial y concejal perpetuo de Piura) y María Joaquina del Castillo y Talledo. Miguel tenía tres hermanos con quienes mantenía fuertes lazos: Enrique Federico, quien falleció prematuramente en servicio naval; María Dolores, quien se casó con el coronel Gómez y permaneció entre el círculo más íntimo de Miguel; y Ana Joaquina, quien permaneció soltera y vivió en la casa de los Grau Cabero hasta su muerte. Los registros indican que, a las cinco semanas de edad, Miguel recibió el aceite y el crisma "por si acaso" debido a una epidemia de sarampión. Su padrino fue Manuel Anzo Tegui, administrador de la Aduana de Paita, y su madrina fue Rafaela Angeldonis, una viuda adinerada y amiga de confianza de su padre, quien cuidaba de los niños cuando el padre de Miguel viajaba.
El censo de 1840 y la mudanza a Paita
En 1840, un censo en Piura registró a Juan Manuel Grau (de 50 años), Enrique (9), Miguel (8, aunque en realidad tenía 6), María Dolores (7) y Ana (5). Entre sus vecinos se encontraban las familias Angeldonis, Carrasco, León, Guerra y Farfín. En octubre de 1842, Juan Manuel fue nombrado oficial de aduanas en Paita, una bulliciosa ciudad portuaria impulsada por el comercio marítimo, la caza de ballenas y la exportación de materias primas como pieles, granos, corteza y algodón. El entorno expuso al joven Miguel a la actividad marítima y a las historias de los viejos marineros en el muelle, despertando en él un temprano entusiasmo por el mar a pesar de su personalidad naturalmente tranquila y melancólica.
La educación marítima temprana y la controversia de Herrera
En marzo de 1843, a la edad de 9 años, Miguel y su hermano Enrique quedaron bajo el cuidado de Manuel Francisco Herrera Castellanos, capitán del bergantín Tescua. El historiador Eugenio Ibez Inchustegui sugiere que Herrera era un compañero colombiano de Juan Manuel Grau del ejército de la Gran Colombia. Sin embargo, otros registros muestran a un Manuel Francisco Herrera Castellanos de Paita que recibió el rango de guardiamarina en 1838. Independientemente de la homonimia o la disputa de identidad, Herrera se convirtió en el tutor y mentor de Miguel. Durante el primer viaje de Miguel a Buenaventura, Colombia, el Tescua naufragó cerca de la isla Gorgona. Esta experiencia traumática, en la que la tripulación fue salvada milagrosamente, se cita como un precursor de la futura humanidad de Grau como el "Caballero de los Mares", como se ve en el rescate de los supervivientes chilenos del Esmeralda años después. Tras el naufragio, Miguel asistió brevemente al Colegio José Nieto en Paita mientras Herrera buscaba un nuevo barco. Grau llegó a dominar el inglés, tanto hablado como escrito, durante su tiempo en el mar. En marzo de 1844, se encontraba a bordo de la goleta nacional Florita, viajando a Callao y Panamá. De noviembre de 1844 a agosto de 1846, sirvió en el bergantín Josefina, propiedad de Juan Ugarte, que operaba como servicio de correo entre Panamá y Callao.
Registro exhaustivo de los viajes de la marina mercante (1843-1853)
Durante una década en la marina mercante (entre 1843 y 1853), Miguel Grau acumuló aproximadamente 102.854 millas náuticas a bordo de 12 embarcaciones distintas. Su registro personal incluye los siguientes hitos: Primer viaje (marzo de 1843): Bergantín Tescua, capitán Manuel F. Herrera. Ruta: Paita a Huanchaco y Buenaventura (naufragio en la isla Gorgona). Segundo viaje: Goleta Florita, capitán Manuel Herrera. Ruta: Puertos de Callao, Buenaventura, Panamá y Paita. Tercer viaje: Bergantín Josefina, capitán Manuel F. Herrera. Ruta: Callao y Panamá (servicio postal). Cuarto viaje: Ballenero norteamericano Oregon, capitán Teodoro Wimping. Duración: 22 meses de pesca de ballenas. Ruta: Islas Marquesas, Sandwich (Hawái) e Islas de la Sociedad. Quinto viaje: Fragata nacional Peruana, capitán Gregorio Espejo. Ruta: Transportó guano a Inglaterra, luego a Burdeos, Francia (regresando a Callao bajo bandera francesa vía Río de Janeiro). Sexto viaje: Bergantín nacional Conroy, capitán Guillermo Robinet. Ruta: Callao a Hong Kong y Macao vía las Islas Sandwich. Séptimo viaje: Fragata británica Grace McVea. Ruta: Macao a San Francisco, California. Octavo viaje: Fragata norteamericana Corsair, capitán Bill Cook. Ruta: California a Shanghái y Hong Kong. Noveno viaje: Fragata norteamericana Witchcraft. Ruta: Hong Kong a Singapur y regreso. Décimo viaje: Clipper norteamericano Stag Hound. Ruta: Hong Kong a Nueva York. Undécimo viaje: Fragata norteamericana Seabon (o Boston). Ruta: Nueva York a California. Duodécimo viaje: Fragata norteamericana Golden Eagle, capitán Guillermo Rolin. Ruta: California a Callao.
Ingreso oficial a la Armada del Perú
En agosto de 1853, Juan Manuel Grau solicitó el ingreso de sus hijos a la Armada peruana como guardiamarinas, citando su extenso servicio en buques extranjeros. Miguel y Enrique fueron aceptados en 1854; Miguel tenía 20 años. Su primer destino naval fue el vapor R mac (más tarde rebautizado como Noel), donde sirvió durante seis meses y 18 días. Esto representó un cambio tecnológico, ya que su experiencia previa se limitaba a veleros. Posteriormente, sirvió diez meses y 20 días en el Vigilante, durante los cuales presenció la guerra civil que derrocó al presidente Echenique. Un incidente notable de sus inicios fue la muerte del aprendiz Manuel Bonilla; Grau, con gran serenidad, dirigió una búsqueda de tres horas en medio de una densa niebla, aunque no lograron encontrar a Bonilla, quien no sabía nadar.
Conflicto político y la rebelión de Apurmac
En diciembre de 1855, Grau fue asignado al Ucayali, seguido del Apur mac con el rango de alférez de fragata. Allí conoció a Lizardo Montero Flores, con quien entabló una amistad que duraría toda la vida. En noviembre de 1856, mientras el barco se encontraba en Arica y su comandante, José María Salcedo, estaba en tierra, Montero, con el apoyo de Grau y otros oficiales, se apoderó de la embarcación para unirse a la rebelión del general Manuel Ignacio de Vivanco contra el presidente Ramón Castilla. Los rebeldes atacaron el Callao el 21 de abril de 1857, pero fueron repelidos. El presidente Castilla finalmente declaró piratas a los barcos rebeldes. Mientras otros barcos se rindieron, el Apur mac permaneció leal a Vivanco hasta su derrota en marzo de 1858. En consecuencia, Grau y Montero fueron destituidos del servicio y el barco fue rebautizado como Callao.
Segundo período como mercante y regreso a la marina.
De 1858 a 1863, Grau regresó a la marina mercante, al mando del Mar Cristina y del Apur mac (un buque mercante homónimo). Bajo la Ley de Reparación del 25 de mayo de 1861, que indultó a los oficiales de la revolución de Vivanco, Grau solicitó su reincorporación, la cual fue aceptada el 6 de diciembre de 1861. Sin embargo, tomó una licencia indefinida para continuar la navegación comercial en Polinesia. Durante este tiempo, su buque Apur mac y el Manuelita fueron destruidos por una tormenta repentina cerca de la isla Humphrey. La rápida toma de decisiones de Grau permitió que toda la tripulación escapara en un pequeño bote, salvando solo los diarios de navegación, dinero y algunas galletas. Regresó al servicio activo el 11 de septiembre de 1863 como segundo teniente en el vapor Lerzundi, ascendiendo rápidamente a primer teniente en enero de 1864.
Tensión diplomática, la Comisión Europea y Abtao
El conflicto con España se intensificó tras los incidentes ocurridos en la hacienda Chepán, en los que participaron colonos españoles. Mientras una "expedición científica" española se encontraba en el Pacífico, las tensiones derivaron en un conflicto armado. En 1864, el gobierno de Pezet envió a Europa una comisión compuesta por Salcedo, Aurelio García y García, y Miguel Grau. Adquirieron el monitor Huscar y la fragata Independencia en Inglaterra, y dos corbetas, San Francisco y Shanghái (renombradas América y Unián, respectivamente), en Francia. Grau fue elogiado por su serenidad y profesionalismo durante esta delicada misión. En 1865, Grau llegó a Valparaíso y se enteró de su ascenso a capitán de corbeta. Rechazó el tratado Vivanco-Pareja firmado por Pezet y se unió a la rebelión del coronel Mariano Ignacio Prado. Incluso cuando Pezet envió al padre de Grau para convencerlo de que permaneciera leal al gobierno, Miguel se mantuvo firme en su decisión. El 7 de febrero de 1866, durante la batalla de Abtao, una flota aliada compuesta por el Uni (al mando de Grau), el Apurmac (Villar), el América (Ferreyros) y el chileno Covadonga se enfrentó a las fragatas españolas Villa de Madrid y Blanca. La retirada española marcó una victoria naval para la alianza Perú-Chile. Irónicamente, muchos de los oficiales que lucharon como aliados en Abtao, como Grau y Prat, se enfrentarían más tarde en la Guerra del Pacífico.