Tema 3 historia
1. Hispania en el contexto de las Guerras Púnicas. La conquista de Roma: Entre el siglo III y II a.C. dos potencias emergentes, Roma y Cartago, se enfrentaron por el domino del Mediterráneo en las llamadas Guerras Púnicas. La primera, que tuvo lugar entre el 246 y 241 a.C., se saldó con la pérdida por parte del imperio cartaginés de Sicilia. Cartago decide entonces hacerse fuerte en otro punto clave del Mediterráneo como lo es la Península Ibérica. Esta plaza era especialmente interesante para los cartagineses, pues de ella podían sacar recursos y hombres para un futuro e inevitable enfrentamiento con Roma.
La conquista la inició en el 237 a.C. Amílcar Barca y continuada por sus sucesores Asdrúbal y Aníbal. La conquista de la ciudad protegida por Roma, Sagunto, supuso el “casus belli” que esgrimió Roma para iniciar la Segunda Guerra Púnica (218-201 a.C.) y que se saldó con la expulsión de los cartagineses de la península de manera definitiva. Además, los romanos aprovecharon para hacerse casi sin resistencia, dada la ausencia de accidentes geográficos considerables y la aceptación de la población, con la zona del litoral mediterráneo y los valles del Guadalquivir y Ebro. La conquista de la Meseta fue mucho más compleja y extendida en el tiempo, del 218 al 170 a.C. La orografía mucho más compleja que en el litoral y unos pueblos menos desarrollados y hostiles a Roma explican dicha complejidad. En este contexto bélico hay que destacar al caudillo luso Viriato, que con sus tácticas de guerrilla puso en jaque al poderoso ejército romano. Roma, en un acto poco gloriosos, solo consiguió vencerle sobornando a sus capitanes para que le asesinaran. Muerto Viriato, las puertas del oeste peninsular se abrieron para los romanos. Mención especial también merecen las Guerras Numantinas (154-133) donde, de nuevo, una coalición celtíbera puso en jaque el poderío romano con infamantes derrotas que Roma trató de ocultar.
Roma no podía permitir que el ejemplo numantino cundiera, Numancia debía caer y para eso movilizaron a más de 60.000 hombres entre romanos y tropas auxiliares liderados nada menos que por el destructor de Cartago, Publio Cornelio Escipión Emiliano. El general romano, cuya máxima era no dar opción a otra victoria numantina, se propuso derrotar a los numantinos por medio de un bloqueo efectivo de la ciudad celtíbera sin presentar nunca batalla. Numancia, hambrienta y sedienta se rindió al general romano en el año 133 a.C. Gran parte de la península, salvo astures y cántabros, estaba bajo control efectivo de Roma y pacificada hasta las guerras civiles sertorianas (82-72 a.C.).
El emperador romano Augusto tenía un sueño, la Pax Romana en todo el imperio y para ello se decidió acometer las llamadas Guerras Cántabras (29-19 a.C) con el objetivo de someter de manera definitiva a los belicosos cántabros y astures, que ayudados por las montañas hostigaban a las ciudades romanas. Para contener dichas incursiones, los romanos fundaron campamentos militares tales como León o Astúrica (Astorga) y aunque dieron por finalizado el conflicto en el año 19 a.C., el control de los pueblos del norte, incluidos los vascos, nunca fue realmente efectiva. 2. La romanización: El primer territorio conquistado por Roma fuera de la península italiana fue Hispania, por lo que esta se convirtió en el laboratorio de ideas para aplicar al resto de territorios conquistados.
La división en provincias de la península en Roma solo buscaba acomodarse a la realidad política, militar y administrativa del Imperio, por lo que a lo largo de los siglos sufrió modificaciones. Paralelo a este proceso administrativo se produjo un fuerte proceso de aculturación de los habitantes hispanos que conocemos por romanización. Como todo proceso de estas características, esta no fue uniforme ni rápido. Elementos aculturadores fueron los soldados romanos veteranos, que tras terminar su servicio militar pasaban a ser colonos. También población romana que llegó a Hispania atraída por sus riquezas y se establecieron en las ciudades, otro agente aculturador donde se mezclaba la población indígena con la romana y donde, por medio de monumentos y obras públicas también se expandía la romanización. Por las calzadas romanas corría el latín, lengua franca para comerciar, y las materias hispanas que poco a poco integraron un mercado unificado con el Imperio Romano.
Como parte del imperio, Hispania también sufrió un proceso de gradual cristianización. Más en el terreno de la leyenda que en el de la realidad, se atribuyen a las prédicas de Santiago el Mayor y de San Pablo la llegada de la religión del Nazareno. Las pruebas, hasta el momento, nos indican que el proceso de cristianización de Hispania provendría del norte de África traída por judíos, comerciantes y soldados extranjeros. El cristianismo con su revolucionario mensaje prendió precisamente en las ciudades más romanizadas y la crisis del siglo III no hizo más que aumentar la aceptación de esta. Dos fechas son claves para entender la expansión del cristianismo por todo el Imperio y, por tanto, por Hispania. La primera es el 313 con el Edicto de Milán, donde el emperador Constantino concede la libertar religiosa acabando con ello con la persecución de los cristianos. La segunda es el año 380, donde se promulga el Edicto de Tesalónica por medio del cual la religión cristiana nicena, llamada así por primer Concilio de la iglesia en la ciudad de Nicea del 325, se convertía en la religión oficial del Imperio. Se iniciaba así una influencia social y política de la iglesia católica ha mantenido durante milenios en España. 3. La sociedad hispanorromana: 3.1. El Alto Imperio: Fruto de la amalgama de colonos romanos y población hispana surge la sociedad hispanorromana. En el Alto Imperio, a imagen y semejanza de la romana, es de corte esclavista y con una organización que se ha dado en llamar “sociedad de órdenes: • Orden senatorial: Pequeña elite que residía normalmente en Roma. • Orden Ecuestre: Desempeñan las más altas funciones en el ejército y en las provincias hispanas. • Orden decurional: Estos, los Decuriones, eran la oligarquía municipal en sus puestos de magistrados de las colonias o en cargos inferiores del ejército. • Sociedad libre: De gran diversidad económica y social. • Libertos: Esclavos manumitidos que siguen dependiendo en mayor o menor medida de su antiguo señor. • Esclavos: No eran considerados personas y carecían de cualquier derecho trabajando para su señor en los puestos más diversos. Este orden social, político y económico se vino abajo con la crisis del Siglo III. El Imperio había llegado al límite de sus conquistas y con ello la abundancia de esclavos que hacían mover su economía y su producción. El Imperio trató de evitar el colapso devaluando de manera continuada su moneda, lo que supuso a la postre una herida de muerte al comercio. El limes cedió ante la presión de los pueblos germanos que se asentaron en territorios imperiales y comenzaron una injerencia en la política imperial apoyando a candidatos imperiales afines a sus intereses e iniciando guerras civiles que profundizaron en la decadencia económica.
3.2. El Bajo Imperio: Con la entrada de la crisis, a la postre definitiva para el Imperio romano de Occidente, se inicia el periodo conocido como Bajo Imperio. Con la decadencia política se inició también una crisis de las ciudades de la que Europa tardó en reponerse al menos hasta el siglo XII. La sociedad romana se ruralizó y una ingente mano de obra llegó al campo favoreciendo a los grandes terratenientes. Ante este aumento de mano de obra, las condiciones de campesinos y colonos empeoró enormemente. En teoría seguían siendo libres, pero estaban atados a las tierras que cultivaban unidos por un vínculo al señor de carácter hereditario. El otrora eficiente Imperio romano para mantener la seguridad de sus caminos y territorios se deteriora irremisiblemente, lo que empujó a los pequeños propietarios a buscar la protección de los grandes señores a cambio de sus posesiones. Con ello se sembraba el embrión de lo que en la Edad Media terminó por configurarse como el sistema feudal.