REINO PROTISTA.
Reino protista.
Se le denomina reino protista (desde el precámbrico) a una especie de saco de organismos que en el pasado no podían ser descritos como animales, plantas u hongos y que en general eran organismos unicelulares.
Es la rama de la micropaleontología la que se encarga del estudio de organismos microscópicos o partes microscópicas de organismos que no necesariamente lo son.
En general son organismos procariontes con núcleo, generalmente marinos cuyo movimiento está condicionado por un órgano de locomoción.
se desglosan en tres grupos importante:
foraminíferos.
radiolarias.
diatomeas.
Conceptos básicos.
Planctónico: organismos que flotan libres en el agua.
Bentónico: organismos que están fijos al sustrato, o se encuentran sobre el lecho marino o enterrados, conceptualmente se clasifican como epifaunal e infaunal.
Foraminíferos.
Corresponden a organismos unicelulares eucariontes (con núcleo), mayoritariamente marinos, que pueden ser planctónicos y bentónicos. Están presentes desde el Cámbrico, con una gran diversificación desde el Ordovícico, además corresponden a los organismos más enriquecidos como fósiles marinos en rocas sedimentarias y con tendencia heterótrofa, es decir, obtenían su alimento de un ente externo.
Evolutivamente, los primeros foraminíferos eran formas simples aglutinadas, es decir, construían sus test o conchillas pegando granos minerales del ambiente, lo que les daba formas poco elaboradas, muchas veces esféricas.
Posteriormente, en el Silúrico, comenzaron a desarrollar test microgranulares, con partículas más pequeñas y uniformes, permitiéndoles formas más sofisticadas. Ya para el Devónico, aparecen test multicamerales, y en el Carbonífero surgen formas calcáreas, es decir, con test de carbonato de calcio.
Su mayor complejidad se alcanza hacia el Jurásico, con una fuerte radiación adaptativa, aunque sufren una gran extinción en el límite Cretácico-Paleógeno. Su apogeo máximo se da en el Cenozoico, donde son clave como fósiles guía.
En cuanto a sus características generales, poseen un test (o conchilla) de carbonato de calcio, a menudo dividido en cámaras. Estas cámaras pueden estar conectadas por uno o más forámenes, que son pequeños orificios por donde se extienden pseudópodos: prolongaciones del citoplasma que les permiten capturar nutrientes, adherirse al sustrato o moverse. En test multicamerales, los forámenes también permiten la comunicación interna entre cámaras.
Radiolarias.
Corresponden a microorganismos unicelulares eucariotas con una especie de esqueleto interno de sílice muy resistente, de carácter planctónico, con geometrías complejas y ornamentadas. Aunque hay posibles registros inciertos desde el Precámbrico, los primeros fósiles confiables de radiolarias aparecen en el Ordovícico. Evolutivamente, su apogeo se fue dando progresivamente, alcanzando una gran diversidad en el Jurásico y el Paleógeno temprano.
En cuanto a los afloramientos donde son comunes, se encuentran frecuentemente en rocas silíceas como sílex o cherts, que son rocas sedimentarias formadas por acumulación de restos silíceos microscópicos, como los de las radiolarias. También son abundantes en secuencias ofiolíticas, es decir, fragmentos de corteza oceánica que han sido exhumados hacia la superficie por procesos tectónicos. Estas secuencias muchas veces contienen depósitos pelágicos ricos en radiolarias.
Respecto a su hábitat, estos organismos son exclusivamente marinos, y predominan en ambientes profundos o pobres en carbonato, donde los foraminíferos eran menos abundantes debido a condiciones menos favorables para la precipitación de carbonato de calcio.
En cuanto a su morfología, presentan diversas formas ornamentadas. Un rasgo destacable es la presencia del "apical horn", una extensión de su estructura silícea que probablemente tenía funciones de flotación o defensa. Además, poseen axópodos, que son prolongaciones rígidas del citoplasma sostenidas por microtúbulos, que les sirven para capturar presas, defenderse y desplazarse levemente. Son más rígidos y largos que los pseudópodos de los foraminíferos. Además presentan simetrías radiales como la Spumerallia y axiales como Nasselaria.
Por estas características, se les reconoce como organismos predadores dentro del grupo de los protozoos, lo que explica sus estructuras espinosas y silíceas, adaptadas a la caza y defensa en el plancton marino.
Diatomeas.
Las diatomeas son organismos unicelulares eucariotas, no protozoos, que han estado presentes desde el Jurásico temprano. Son más jóvenes que las radiolarias y los foraminíferos, que existen desde el Precámbrico, y de hecho, los foraminíferos y las radiolarias tienen registros en el Ordovícico.
En cuanto a sus características principales, las diatomeas son organismos similares a algas (ya que son autótrofas) que tienen caparazones o frústulos hechos de sílice. Estos frústulos les proporcionan protección y flotabilidad. Tras su muerte y durante el proceso de diagenesis, las diatomeas se descomponen y forman diatomitas, una roca sedimentaria compuesta por sus frústulos.
Las diatomeas pueden ser bentónicas (vivir en el fondo del agua) o planctónicas (flotar en la columna de agua) y son indicadoras de ambientes altamente productivos, ya que prosperan en zonas con altos niveles de nutrientes. Al estar en la base de la pirámide alimenticia, también son presas fáciles para otros organismos que se alimentan de ellas.
Son autótrofas, ya que realizan fotosíntesis, utilizando luz solar para generar su propio alimento, lo que les permite estar en la base de la cadena trófica en ecosistemas acuáticos.
En cuanto a su evolución, las diatomeas se conocen desde el Jurásico temprano, y su radiación evolutiva ocurrió en el Cretácico inferior, con una mayor diversificación en el Cretácico superior, incluyendo las diatomeas dulceacuícolas.
Cocolitofóridos.
Estructuralmente, los cocolitofóridos son microorganismos unicelulares autótrofos, es decir, capaces de sintetizar su propio alimento mediante fotosíntesis. Estos organismos generan pequeñas placas de carbonato de calcio llamadas coccolitos, que se ensamblan alrededor de la célula formando una coccosfera. Cuando el cocolitofórido muere, la coccosfera se desintegra y los coccolitos individuales pueden depositarse en los sedimentos marinos.
Estos organismos poseen dos flagelos funcionales para la locomoción y un haptonema, una estructura central que no se usa para moverse sino que participa en la percepción del entorno y la captura de partículas.
En cuanto a su evolución, los primeros registros fósiles de cocolitofóridos datan del Jurásico Tardío, aunque existen estudios discutibles que datan los primeros posibles organismos del cretácico superior,, haciéndolos más antiguos que las diatomeas. Su mayor diversificación ocurrió en el Cretácico Superior, y aunque sufrieron una gran extinción en el límite Cretácico-Paleógeno (K-Pg), muchas especies sobrevivieron y continúan hasta la actualidad. Su apogeo como grupo fitoplanctónico se dio en el Cenozoico temprano, junto con los foraminíferos planctónicos. En cuanto a ambiente se dan en zonas marinas de baja energía, es decir, mar adentro.
Calpionallidae.
Los Calpionellidae corresponden a microorganismos planctónicos con simetría axial, similares en apariencia externa a las radiolarias (solo por su simetría), aunque no están emparentados con ellas. Vivían mar adentro (ambientes pelágicos), y sus fósiles se encuentran comúnmente en calizas pelágicas.
Su test (estructura externa) es delgado, frecuentemente con forma de U o forma cónica y está compuesto de carbonato de calcio.
Vivieron durante un período relativamente corto, desde el Jurásico Superior hasta el Cretácico Inferior por lo que se consideran excelentes fósiles guía, especialmente útiles para la bioestratigrafía del límite Jurásico-Cretácico (a pesar de estar en relativamente los mismo periodos, seria muy dificil encontrarlas junto con las diatomeas y cocolitofóridos, ya que su apogeo se da en el cretácico, cuando las calpionellidaes se están extinguiendo).