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En la fase armada de la Revolución participan el México imaginario y el México profundo, cada uno por sus propias causas y en procura de sus fines propios. La unificación subsiguiente de los conjuntos revolucionarios, por la supresión de unos y la sujeción de los demás, y la versión oficial de la narración de la Revolución, hicieron que se ignore o se menosprecie que aquél ha sido un desplazamiento compuesto por una enorme pluralidad de sublevaciones que respondian, en enorme medida, a condiciones locales y regionales de carácter especial. Los testimonios que se han recogido en años actuales de gente que vivió la Revolución presentan con claridad que fueron muchas las historias paralelas que condujeron a el fracaso del sistema porfirista.

El plan triunfante, el que definió el programa de la Revolución Mexicana, no ha sido el plan agricultor de Zapata y otros equipos que se sublevaron por las mismas causas y con los mismos fines en distintas zonas de la nación. Ellos pelearon con un sentido preciso que Womack resume de esta forma al empezar su libro sobre Zapata y la Revolución Mexicana: «Éste es un libro sobre unos campesinos que no querían modificar y que, por dicha razón, hicieron una revolución.>>

No obstante, la colaboración real del México profundo en el proceso revolucionario, hizo imprescindible que se incorporaran solicitudes campesinas, frente a todo la reintegración y el reparto de las tierras.

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cultura propia, ejercer un más grande control sobre ella y sobre esa base desarrollarla; no

sustituirla, empero si enriquecerla mientras se recuperaran los niveles de control cultural

que era a la vez recurso material imprescindible, espacio social, factor lleno de

continuidad) y otro distinto para los planificadores y líderes del México que nació de la

Revolución: para éstos era una forma, sí, de hacer justicia social; sin embargo frente a todo un

mecanismo para hacer crear la tierra en funcionalidad de los nuevos proyectos de desarrollo

Este plan no pretendia la continuidad del México profundo, sino su

México debía ser mestizo y no plural ni mucho menos indio.

La concepción ideológica del México mestizo de la Revolución no ha sido, no fue, labor simple. la versión que se destaca puede enunciarse de esta forma: la raíz fuerte de

Arrojar a los indios y a los que tienen poco dinero «a la corriente de la cultura universal» era el plan intelectual que correspondía a los otros niveles del plan universal de la Revolución. De lo cual se trataba correspondió a integrar a todos los sectores del México profundo en una sociedad que se lanzaba por los senderos de la modernización a la occidental. Para eso resultaba imprescindible acortar la diferencia que separaba a esos sectores de los que encabezaban el México nuevo, remover la miseria y las carencias más evidentes que habian resultado de un proceso de dominación y explotación incesante a lo largo de 400 años. Empero la finalidad no era el de generar las condiciones para el florecimiento de la cultura del México profundo, la cultura mesoamericana, pues no admitió la diferencia, o sea, no se aceptó que el plan nacional incluyera la permanencia poblacional india como un sector con cultura propia, distinto a la del resto de la sociedad mexicana.

hecho, como se verá en la siguiente parte, la diferencia de cultura no se reconoció como tal: se observó como un resultado de la diferencia, como un grado de desarrollo histórico inferior en el cual habían sido forzados a quedar los indios.

En lo cual atañe a la población india y a todos los sectores que conforman el México profundo, el plan de la Revolución planteaba reivindicaciones condicionadas a que las ventajas que se otorgaban a aquellos mexicanos fueran simultáneamente las herramientas para su adhesión, en otros términos, para su desindianización. De nuevo, la cultura del México profundo queda excluida del plan nacional.

La redención del indio por la vía de su desaparición

La figura a la que se le reconoce la paternidad del indigenismo es Manuel Gamio, el primer antropólogo profesional mexicano.

Gamio comparte, por esos años, los aspectos del relativismo cultural, escuela norteamericana que se metió bastante temprano en México, puesto que su primordial exponente, Franz Boas, intervino en la fundación del colegio Universal de Arqueología y

Etnografia Americanas que fue desarrollado con situación de las fiestas del Centenario.