Digital

En muchas ocasiones es normal encontrarse con referencias a la dimensión sostenible de la digitalización, la digitalización sostenible o la transformación sostenible. Tiene sentido. Tanto la sostenibilidad como la digitalización se entienden como transiciones o grandes procesos de transformación; apuestas de futuro. Y a pesar de, en apariencia, haber seguido caminos separados durante muchos años, sus metas están mucho más cerca de lo que podría pensarse.

Esto ha provocado que cada vez sea más común referirse a la digitalización y la sostenibilidad como dos transformaciones hermanas o, si se prefiere, sinérgicas. Buena parte de las mejoras y eficiencias logradas a raíz de un proceso de transformación digital pueden coadyuvar —ser vitales incluso—a la consecución de los principales objetivos de sostenibilidad de muchas organizaciones, la mayoría relacionados con la reducción de las emisiones de dióxido de carbono (Comisión Europea, Dirección General de Redes de Comunicación, Contenido y Tecnologías, 2020).

Sin embargo, y al igual que ocurre con las ideas en torno a lo digital, la mirada sobre la sostenibilidad también es cada vez más amplia en los últimos años y en especial a raíz del impacto de la pandemia de COVID-19. Es decir, del mismo modo que la transformación digital no busca únicamente la incorporación de tecnología o tecnologías a la actividad empresarial, sino la transformación de su modelo de negocio y cultura empresarial, la sostenibilidad apuesta por evolucionar desde preceptos como la responsabilidad social corporativa —entendida como un compromiso voluntario— y enfocarse en la búsqueda de nuevos modelos de negocio responsables capaces de sostenerse en el tiempo y contribuir al bienestar general, tal como se vio en el primer capítulo.

En el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia publicado por el Gobierno de España en abril de 2021, se apunta ya a la transición ecológica y la transformación digital como dos de los cuatro ejes transversales claves para la modernización del país. Entre otras cuestiones, el plan apunta al impuso de la descarbonización, la eficiencia energética, el despliegue de las energías renovables y la electrificación de la economía a fin de generar «una cadena de valor de futuro, verde y competitiva» (Gobierno de España, 2021, pág. 60). Es ese mismo documento donde, de forma clara, se alude a la necesidad de aprovechar desde la transformación digital «las sinergias existentes con la transición verde» a fin de «acelerar la transición digital de España para alcanzar, de forma estructural, una transformación y modernización real de la economía» (Gobierno de España, 2021, pág. 61).

La digitalización, y con ella la innovación, explica el profesor de la Universidad de Barcelona Alfonso Hernández Vivanco, «puede ser un medio para lograr la sostenibilidad». Esto, detalla, «incluye tanto la creación de productos verdes como la aplicación de procesos sostenibles [y] dichos procesos abarcan tanto la fabricación industrial como los procesos organizativos» (Hernández Vivanco, 2021). En este epígrafe repasamos algunas de las principales vías para abordar de forma conjunta los retos sostenibles para cualquier pyme desde la óptica de la digitalización y «actualizar los modelos de negocio hacia estructuras más responsables con sus impactos sociales y ambientales» (Prodigioso Volcán, 2020).

1 LA DIGITALIZACIÓN, PALANCA DE LA SOSTENIBILIDAD

La relación entre digitalización y sostenibilidad se puede abordar desde numerosas perspectivas, pero quizá una de las más claras e interesantes es la que tiene que ver con la cultura del dato. Como hemos planteado en epígrafes anteriores, buena parte de los proyectos e iniciativas de transformación digital tienen que ver con la gestión y aprovechamiento de la información. A partir de ahí es posible trazar las principales razones por las que la digitalización puede ser una buena aliada para la sostenibilidad (Observatorio Nacional de las Telecomunicaciones y de la Sociedad de la Información, 2020):

• Mejora la calidad de la información generada por las empresas. Esto incluye también datos relativos a procesos internos y diseño de producto, claves para la puesta en marcha de iniciativas sostenibles.

• Reduce los errores y permite el control de los procesos productivos. Optimiza el diseño, venta y distribución de productos. Una mayor eficiencia es también un menor desperdicio de materiales. Una mayor calidad implica una mayor vida útil del producto.

• Transforma las cadenas de valor tradicionales, lo que obliga a muchas empresas a adaptarse a nuevos modelos de negocio. Esto significa que incluso si la actividad de una compañía no está directamente transformada por criterios de sostenibilidad, es probable que se vea obligada a ello por los requisitos de otra organización en su cadena de valor, por ejemplo, un cliente o una administración pública.

El trabajo con los datos no solo ofrece una posibilidad a las empresas de mejorar internamente, también de diferenciarse frente a sus consumidores y promover así comportamientos sostenibles. Preguntados por la relación entre sostenibilidad y digitalización, el 33% de la población europea —28% en el caso de España— afirmaba que contar con información sobre la cantidad de energía consumida por «la producción y el uso de servicio online, como el streaming de vídeos o los motores de búsqueda» influiría en el uso de esos servicios.

Del mismo modo, la digitalización progresiva de cada vez más parcelas de negocio «puede desmaterializar la economía al posibilitar la oferta de bienes y servicios digitales que representan una parte cada vez más importante de la economía y de las exportaciones». En paralelo, «la incorporación de la inteligencia artificial a los procesos de decisión permite optimizar la gestión de recursos» (Comisión Económica para América Latina y el Caribe, 2021, pág. 14).

El reciclaje y reutilización de los productos es otra de las preocupaciones habituales de los consumidores. Preguntados sobre si los fabricantes deberían estar obligados a facilitar la reparación de los dispositivos digitales o la sustitución de sus piezas, el 54% de los encuestados en Europa consideraba que «sí, siempre y cuando no aumente el precio de los dispositivos» mientras que un 24% coincide incluso si «con ello aumenta el precio de los dispositivos»; 56% y 27% respectivamente en España. (Comisión Europea, 2020) Desde la posición de las empresas, y según el dato ofrecido por el índice de la Economía y la Sociedad Digitales 2021 en España, «el 76% de las empresas tienen una intensidad media o alta de acciones ecológicas a través de las TIC», por encima de la media de la UE en el mismo indicador (66%) (Comisión Europea, 2021, pág. 15).

La transición energética se revela como uno de los principales objetivos globales en los que las organizaciones, sin importar cuál sea su tamaño, puede —y busca— contribuir. Hay que tener en cuenta que, aunque la pyme media emite mucho menos dióxido de carbono —unas 67 toneladas frente a la media de 20.027 de una gran empresa, con más de 250 empleados—, si se evalúa de forma agregada el impacto conjunto de las pymes, sus emisiones llegan a suponer el 63% de todas las emitidas por empresas en Europa (Comisión Europea, 2022). De ahí la importancia de acelerar la contribución sostenible y descarbonización de la pequeña y mediana empresa.

2 CONTRIBUIR A LA TRANSICIÓN JUSTA

Como expresa un informe de la OCDE, las empresas más pequeñas suelen enfrentarse a «obstáculos serios» a la hora de implementar cualquier tipo de sistema de gestión de la sostenibilidad. (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, 2015, pág. 11). Esto, continúa, tiene que ver, entre otras cuestiones, con la falta de recursos, conocimiento, capacidades técnicas y visibilidad pública. Una situación que puede ser más complicada en aquellas que además se encuentren inmersas en o planteándose un proceso de internacionalización.

Tal y como expresa el informe de la OCDE, «las PYME tienen una capacidad limitada (falta de recursos, tiempo y conocimientos) para absorber los requisitos medioambientales y cumplirlos, así como una escasa conciencia de la necesidad de abordar sus impactos ambientales» (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, 2015, pág. 18).

En ocasiones, el entorno tampoco ayuda. Si bien existe la sensación —y el discurso público lo acompaña— de que las empresas sí o sí tienen que apostar por la sostenibilidad de sus procesos, en ocasiones son las propias normas o movimientos relacionados quienes no terminan de aclarar qué significa realmente actuar de «forma responsable», «cómo se puede hacer y a qué a coste» (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, 2015, pág. 33).

Emerge entonces la cuestión de cómo ganar tiempo para, como PYME, pensar más en el largo plazo y las visiones de sistema que implica la sostenibilidad. Es ahí donde la eficiencia prometida por la transformación digital puede convertirse en una aliada clave.

2.1 Oportunidades en la economía circular

¿Cómo contribuyen las pymes para mejorar su contribución a la sostenibilidad? Según el Eurobarómetro de marzo de 2022, que incluye a los 27 estados miembro de la Unión Europea y otros países, las acciones más comunes son reducir los residuos (64%), ahorrar energía (61%), materiales (57%), reciclar o reutilizar materiales y residuos dentro de la misma compañía (47%) y ahorrar agua (46%) (Comisión Europea, 2022, pág. 4).

El barómetro, además, revela un aumento respecto a la edición de 2017 en acciones como el uso de las energías renovables. Por otro lado, también destaca que en torno al 77% de las pequeñas y medianas empresas cuenta con planes para implementar medidas más ambiciosas en términos de sostenibilidad que las actuales. Les frena, en parte, los procesos administrativos o legales que se encuentran (Comisión Europea, 2022, pág. 4).

Preguntadas por las acciones tomadas para mejorar el uso de los recursos, el 84% de las pymes españolas apunta al ahorro de materiales, pero solo un 36% opta por «diseñar productos que sean más fáciles de mantener, reparar o reutilizar» (Comisión Europea, 2022, pág. 17)

Esa puede ser una de las vías preferentes para las pymes que busquen desarrollar nuevos modelos de negocio en torno a la economía circular. Igual que se habla de empleos verdes —aquellos directamente relacionados con la información, tecnologías y/o materiales necesarios para mejorar la calidad medioambiental—, ¿por qué no hacerlo de pymes verdes, de modelos de negocio verdes? Los diferentes planes estratégicos, tanto europeos como españoles defienden «aprovechar estos fondos para acometer importantes reformas y movilizar un volumen de inversión extraordinario en los próximos años para la modernización de nuestra economía, haciendo que esa recuperación sea verde, digital, inclusiva y social, donde los procesos de circularidad económica ocupan un papel muy destacable atendiendo a las dinámicas transformadoras por vías sostenibles» (COTEC, 2021, pág. 52). En concreto, y según datos recogidos por COTEC, «alrededor del 40% de las inversiones [del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR)] se dedican a la transición verde, el 30% a la transición digital (objetivos superiores a los marcados en el Reglamento europeo del37% y del 20%, respectivamente)» (COTEC, 2021, pág. 53)

Las tecnologías digitales adquieren por tanto un rol facilitador o habilitante. Un caso destacado es el de la captura y procesamiento de la información, que acercan a la pequeña y mediana empresa a la gestión integral de todo el ciclo de vida de un producto, desde su diseño hasta su retirada y reutilización. Es gracias a tecnologías como el internet de las cosas, los macrodatos y las conexiones móviles que se puede saber, por ejemplo, en qué momento un proceso productivo requiere más electricidad y ajustar en consecuencia la demanda de una empresa (Comisión Europea, Dirección General de Comunicación, 2020).

Otros proyectos de base tecnológica apuntan al ecosistema general. Es el caso de Climate trade, un marketplace para la compensación de emisiones a través de la compraventa de créditos de carbono a través de una plataforma construida sobre blockchain. El objetivo es «conectar a desarrolladores de proyectos de mitigación con empresas interesadas en compensar sus emisiones, sin intermediarios y de forma automática, generando un impacto positivo real en la protección del medio ambiente» (COTEC, 2022, pág. 74).

Esta contribución de las pymes a esta economía más sostenible, y según el modelo de la economista Kate Raworth, economía rosquilla (Raworth, 2018) puede adquirir muchas formas, desde la producción de productos ecológicos hasta la formación a empleados en un contexto de automatización y desaparición de puestos de trabajo.

Otras formas de trabajar la sostenibilidad desde lo digital son el «desarrollo de instrumentos de digitalización para la gestión medioambiental», «iniciativas de «productos sostenibles» con potencial de reducir los residuos y actuaciones centradas en aquellos productos que hacen un uso intensivo de recursos, tales como el sector textil o los de la construcción, la electrónica y los plásticos. (COTEC, 2021, pág. 53).

2.2 Diseño responsable

Dado que «gran parte del impacto de cualquier producto a lo largo de su ciclo de vida, se puede determinar durante la fase de diseño», la incorporación de tecnologías digitales al desarrollo de productos permite, desde un primer momento, reducir su impacto posterior, incluido su «desmontaje, mantenimiento, reacondicionamiento y reciclaje» (COTEC, 2021, pág. 115). Es lo que se conoce como diseño responsable o ecodiseño.

Esto no solo aplica al diseño de los productos como tal, sino que también puede extrapolarse a todas las actividades relacionadas con el comercio electrónico, una de las principales vías de acceso a la economía digital de pequeñas y medianas empresas. La gestión de los residuos y los embalajes, la optimización de las rutas de reparto —en especial las entregas de última milla— así como el desarrollo de plataformas compartidas entre diferentes proveedores, algo que también facilitaría la incorporación de empresas más pequeñas, son algunas de las medidas que podrían potenciar la sostenibilidad (Observatorio Nacional de las Telecomunicaciones y de la Sociedad de la Información, 2020, págs. 106-107).

2.3 Acotar la contribución

Como pymes, a la hora de proponer y llevar a cabo una estrategia de sostenibilidad, conviene recordar que la sostenibilidad no es únicamente medioambiental. Si bien esta es su dimensión o área más desarrollada y visible públicamente, la propia definición de ESG, por sus siglas en inglés de Environmental, Social y Governance incluye también aspectos sociales y de gobierno de la propia empresa.

Como pyme, cuestionarse de qué manera contribuir en clave sostenible es cada vez más urgente por la evolución de los modelos económicos que defienden el papel de las empresas no solo como motores económicos, sino también «de desarrollo social; en organizaciones que necesitan generar confianza y, no menos importante, mantenerla y trabajarla» (Observatorio Empresarial contra la Pobreza, 2019, pág. 34). Esto es importante porque la transformación de los modelos de negocio derivada de la digitalización también puede suponer nuevas oportunidades para la extensión de prácticas e impactos sostenibles desde las organizaciones, por ejemplo, en la incorporación de colectivos vulnerables o desfavorecidos al mercado de trabajo. También de segmentos de población infrarrepresentados en sectores específicos como es el caso de las mujeres en el ámbito tecnológico (Gobierno de España, 2021, pág. 5) (Observatorio Empresarial para el Crecimiento Inclusivo, 2020)

Al contrario de lo que se pueda imaginar, acotar no significa limitar o reducir su impacto positivo en términos de sostenibilidad, sino trazar el plan de acción —el plan de contribución— más coherente con su actividad y, por ende, de mayor potencial para la mejora de la sociedad en términos de sostenibilidad.

Frente a ello, un interrogante común es si conviene abordar todos los ODS al mismo tiempo. Aunque en términos generales se recomienda centrar la actividad entre tres y cinco objetivos por organización y «en función de su capacidad de impacto y las características de la actividad» (Prodigioso Volcán, 2020), otras voces defienden apostar por un enfoque más dinámico y evolutivo de la contribución de una empresa según el entorno, algo a lo que también podría ayudar el conocimiento sobre el impacto de cualquier organización que ofrece el análisis de datos a través de big data e inteligencia artificial. Se trata por tanto de «saber modular el esfuerzo dedicado a cada ODS según el momento y contexto de cada empresa» (Prodigioso Volcán, 2020); una fórmula que podría traducirse en:

• ODS estratégicos: Alineados con la actividad principal de la empresa, existe un compromiso explícito para contribuir de forma positiva. Se deben abordar con una intensidad muy alta. Los esfuerzos dedicados a ello deberían estar alineados con los llevados a cabo para la digitalización de la organización. Pueden llegar a trabajarse dentro de los proyectos de transformación digital que se emprendan. • ODS indirectos: Aquellos en los que, sin ser parte de los objetivos de la empresa, se generan impactos positivos por ejemplo a través de la cadena de valor. Se deben abordar con una intensidad media. Su dimensión digital probablemente será el resultado de una innovación incremental o mejora continua de los procesos y flujos de trabajo, así como de la relación los grupos de interés. • ODS colaborativos: Aquellos estrechamente vinculados a la acción social de la empresa. Se deben abordar con una intensidad media. Incorporar lógicas de decisión basadas en los datos —lo que se conoce como organizaciones data driven— puede contribuir a su éxito. • ODS observados: No se actúa sobre ellos, pero sí se toma conciencia a través de acciones de sensibilización. Se deben abordar con una intensidad baja.

2.4 Comunicar la contribución

Otro de los principales campos en los que la digitalización puede apoyar el éxito y el compromiso de las organizaciones con la sostenibilidad es a través del reporting. En su elaboración y en su comunicación. Tanto desde el punto de vista de la preparación de los informes u otros elementos de comunicación hasta su difusión. Esto también aplicaría a la comunicación interna. Algunos consejos (Prodigioso Volcán, 2019):

• «Prioriza y centra tus esfuerzos en lo que es relevante». Comunica las decisiones tomadas a fin de lograr una gestión más responsable. Públicos diferentes pueden requerir mensajes diferentes. Recuerda que una buena comunicación comienza con una buena escucha.

• «Comunica de manera fácil y comprensible». El lenguaje de la sostenibilidad no siempre es fácil para las empresas. Mucho menos para otros grupos de interés como los consumidores. Por eso «organiza, simplifica y escoge las palabras adecuadas». También «refuerza las ideas con recursos visuales». Recuerda que transparencia no es solo ofrecer información, también asegurar que esta se comprenda.

• «Apuesta por la originalidad». La comunicación sobre resultados de sostenibilidad ha experimentado un gran crecimiento en los últimos años, en parte empujada por los cambios normativos y la mayor sensibilización de los públicos. También por la entrada del capital financiero en el ámbito de la sostenibilidad. Por eso es importante explorar nuevas maneras de que el contenido alcance a los públicos objetivos. «Apuesta por formatos singulares, canales alternativos y contenidos de calidad».

• «Da el protagonismo a las personas». Los números son necesarios. Nos permiten medir magnitudes, ponerlas en común y evaluarlas. Pero si una buena parte de la motivación de tu estrategia de sostenibilidad nace o se dirige a las personas, no dejes que quede oculto bajo cifras y porcentajes. Busca y pon rostro a las personas de tus iniciativas de sostenibilidad.