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Pardo R.H. Verdad e Historicidad. El conocimiento científico y sus fracturas

El texto aborda la evolución del conocimiento científico a lo largo de la historia, destacando las fracturas y cambios en los paradigmas del saber. Se analizan tres momentos clave:

  1. Paradigma premoderno: Basado en la visión aristotélica y escolástica, donde la ciencia estaba ligada a la metafísica y la teología. El conocimiento se concebía dentro de un marco sagrado y ordenado.

  2. Paradigma moderno: Con la secularización del pensamiento, la ciencia se separa de la religión y se desarrolla como un sistema basado en la razón, la objetividad y el método experimental. Se consolida la idea del conocimiento científico como un modelo universal y predictivo.

  3. Crisis de la modernidad y posmodernidad: Se cuestionan los fundamentos de la ciencia moderna. Autores como Nietzsche, Heidegger y Kuhn destacan la imposibilidad de un conocimiento absolutamente objetivo y universal. Se introduce la noción de historicidad, es decir, que la ciencia está condicionada por su contexto histórico y social.

El autor también reflexiona sobre la influencia del conocimiento científico en la sociedad contemporánea, resaltando cómo la información y la tecnología se han convertido en factores clave en la organización del poder.


1. EL CONOCIMIENTO CIENTÍFICO: DOBLE SENTIDO Y DOBLE ORIGEN

Desde sus albores, el conocimiento ha estado imbricado con la vida social y el poder. Toda sociedad ha depositado en ciertos saberes una función estratégica, ya sea en la administración del tiempo, el control de la naturaleza o el dominio político. En la actualidad, caracterizada por la complejidad y el riesgo, la información y el saber se han convertido en recursos esenciales. La ciencia, en tanto modalidad específica de conocimiento, es entendida hoy como un saber descriptivo, explicativo, predictivo, metódico y sistemático, cuya pretensión de objetividad es uno de sus pilares. No obstante, esta concepción no ha sido constante a lo largo del tiempo, y es justamente en su doble origen —la filosofía griega y el racionalismo moderno— donde se revelan sus tensiones y rupturas.


1.1. “Ciencia” en sentido amplio: un concepto epocal

La ciencia no es una entidad ahistórica ni una categoría fija. Lo que hoy comprendemos por ciencia está atravesado por valores epocales, por concepciones específicas del mundo y de la razón. El término ha ido desplazándose desde significados vinculados al saber en general hacia formas específicas de conocimiento con exigencias de verificabilidad, sistematicidad y control. Por ende, la ciencia es un concepto históricamente configurado, modelado por las condiciones socioculturales de cada época.


2. EL PROYECTO FILOSÓFICO DE LA MODERNIDAD: RAZÓN, VERDAD Y OBJETIVIDAD

El ideal moderno de la ciencia se cimenta sobre una filosofía de la racionalidad absoluta. La Ilustración representa el punto culminante de este proyecto, que apuesta por una razón emancipadora, capaz de erigir verdades universales y necesarias. En este contexto, la ciencia se erige como modelo epistémico por excelencia, despojándose del mito y la subjetividad. No obstante, este mismo proyecto lleva en sí las semillas de su crisis.


2.1. Los fundamentos filosóficos de la ciencia moderna

La epistemología moderna —desde Descartes hasta Kant— configura un paradigma basado en la separación sujeto-objeto, la búsqueda de fundamentos seguros y la confianza en el método. Esta matriz racionalista origina un tipo de conocimiento cuya validez se juega en la capacidad de erigir leyes generales, universales y necesarias, al margen de todo contexto histórico.


2.2. “Ciencia” y “progreso”: la aparición de las ciencias sociales y la clasificación de las ciencias

Con el siglo XIX, la ciencia ya no solo aspira a explicar la naturaleza, sino también la sociedad. Aparecen las ciencias sociales y, con ellas, nuevas formas de clasificación del saber. En este contexto, el ideal de progreso se convierte en horizonte normativo: la ciencia no solo describe, sino que transforma y mejora la realidad. La racionalidad técnica y el positivismo acompañan este proceso, afianzando la autoridad epistémica del saber científico.


2.3. Facticidad y validación: la relación entre la ciencia y lo histórico

Aquí emerge la tensión fundamental: si todo conocimiento está situado, ¿puede aspirar aún a la objetividad? La crítica contemporánea —heredera de Nietzsche, Foucault y la hermenéutica— cuestiona los ideales modernos de verdad y neutralidad. La ciencia ya no se presenta como reflejo puro de la realidad, sino como práctica histórica, atravesada por relaciones de poder, intereses y contextos. Esta concepción histórica del saber abre paso a una visión plural, donde la validación del conocimiento ya no depende exclusivamente de su lógica interna, sino también de su inscripción en un horizonte cultural determinado.


Perspectiva general del autor

Rubén H. Pardo adopta una mirada crítica y filosófica sobre el conocimiento científico, desmitificando su supuesta neutralidad, objetividad y universalidad. A lo largo del texto, sugiere que la ciencia no puede ser entendida como un saber puro, desligado de los contextos históricos, sociales y políticos que la producen y la validan. Para él, la ciencia moderna, tal como fue concebida desde el proyecto ilustrado, se construye sobre una racionalidad hegemónica que ha intentado imponer una forma única de conocer el mundo, deslegitimando otras formas de saber.

El autor recupera la historicidad del conocimiento, es decir, la idea de que todo saber está condicionado por una época, una cultura, un lenguaje y una red de relaciones de poder. Así, Pardo se distancia de la idea de progreso lineal asociado a la ciencia, cuestionando la manera en que se ha usado su prestigio para justificar jerarquías epistémicas y decisiones políticas.

Frente a este diagnóstico, Pardo no propone el abandono del conocimiento científico, sino su reconfiguración desde una mirada plural, crítica y consciente de sus límites. Aboga por una ciencia más humilde, abierta a la diversidad de saberes y sensible a sus propias implicaciones éticas y políticas. En ese sentido, se inscribe en una corriente postfundacional, cercana al pensamiento posmoderno, que no niega la posibilidad de conocer, pero que desactiva la ilusión de un saber absoluto y definitivo.