Lectura 1
Lectura 1
RESUMEN DE ESTUDIO — Psicología del desarrollo: ciclo de la adultez, vejez y ancianidad
Autor: Claudio A. Urbano, junto con José A. Yuni Obra: Psicología del desarrollo: enfoques y perspectivas del curso vital Contenido de la lectura:
• Capítulo 8: El ciclo de la adultez
• Capítulo 9: El ciclo de la vejez
• Capítulo 10: El ciclo de la ancianidad
El resumen conserva el orden de la lectura y da especial prioridad a los fragmentos subrayados/resaltados del documento. Todo el contenido siguiente procede exclusivamente de la lectura proporcionada.
1. Urbano Claudio A. Psicología del desarrollo. Ciclo de la adultez, vejez y ancianidad_c82502be406fade637b0e9bd83bb5360.pdf
CAPÍTULO 8. EL CICLO DE LA ADULTEZ
1. La adultez como abandono de la moratoria psicosocial
La adultez surge de la juventud y su trabajo psicosocial consiste en abandonar paulatinamente la moratoria psicosocial y asumir el compromiso de participar en la vida social.
La moratoria psicosocial corresponde al período juvenil en el que existe una especie de margen o aplazamiento antes de asumir plenamente determinados compromisos adultos.
En la adultez, el sujeto:
• abandona paulatinamente esa moratoria;
• asume un compromiso de participación en la vida social;
• encuentra un lugar que le permite ocupar una posición dentro de la estructura de una comunidad;
• ocupa una posición social que posibilita ejercer responsabilidades propias;
• se compromete con los otros;
• desarrolla acciones necesarias para alcanzar los ideales personales respecto de lo que significa ser adulto.
En palabras sencillas
Durante la juventud existe un período en el que todavía se están explorando posibilidades. En la adultez ya no basta con explorar: la persona comienza a tomar una posición dentro de la sociedad, asumir responsabilidades y comprometerse con otros.
2. El compromiso con los otros
El sujeto adulto realiza un esfuerzo por lograr adhesiones comprometidas respecto de vínculos afectivos, de trabajo y de asociación y concreción de la orientación sexual definitiva.
Este compromiso supone una evitación más realista de aquello que puede resultar ajeno o no ser compatible con esas decisiones.
Por lo tanto, la adultez implica una definición progresiva respecto de:
• vínculos afectivos;
• trabajo;
• asociaciones;
• orientación sexual definitiva;
• decisiones acerca de aquello con lo que el adulto se compromete y aquello que queda fuera de esas elecciones.
3. Identidad, intimidad y flexibilidad
En el ciclo vital de la adultez, el sujeto pone en juego la integridad conseguida en el trabajo de elaborar/definir su propia identidad y la flexibilidad de sus autoconceptos y expectativas.
Esto tiene como finalidad permitir un encuentro afectivo con otro que incluya:
• el compromiso;
• aquello que le falta;
• un vínculo de intimidad;
• el descentrarse de las propias necesidades y deseos;
• el hacer un proyecto compartido.
Relación entre identidad e intimidad
La posibilidad de intimidad no implica abandonar la identidad personal. Al contrario, el adulto utiliza la identidad previamente elaborada como base para vincularse con otro.
La intimidad requiere, además, que pueda descentrarse de sus propias necesidades y deseos.
En palabras sencillas
Para construir una relación íntima, la persona necesita haber desarrollado cierta identidad propia, pero también debe ser suficientemente flexible para no centrarse exclusivamente en sí misma. La intimidad exige poder incluir al otro en un proyecto compartido.
4. Elaboración de un proyecto compartido
Elaborar un proyecto compartido en la vida adulta exige establecer una relación de intimidad en la cual se conjuguen:
• la convivencia;
• la posibilidad de establecer una alianza de estilos de vida diferentes;
• la reciprocidad.
Esta alianza debe tender solidariamente a:
• generar un espacio común;
• estar gobernada por pautas de reciprocidad;
• posibilitar que ambos miembros puedan desarrollar sus proyectos de vida.
La lectura enfatiza que este espacio común no debe ser una renuncia o anulación de las aspiraciones de cada uno.
La relación debe permitir que ambos integrantes puedan:
• proyectar su futuro;
• mantener aspiraciones propias;
• desarrollarse individualmente;
• participar simultáneamente en un proyecto común.
Proyecto compartido y cambio histórico
El proyecto compartido de la adultez se sustenta en la convicción amorosa de que, para el encuentro con el otro, es necesario dejar de lado:
• el sí mismo;
• la propia historia;
pero no para eliminarlos, sino para proyectarlos en el “nosotros” y en el cambio histórico.
El proyecto común permite que las identidades individuales se articulen en una construcción conjunta.
5. La intimidad y el amor
La intimidad encuentra sustento en el compromiso de intimidad en el amor con otro.
El adulto, ya maduro psicosocialmente, busca satisfacer una necesidad psicobiológica de “procrear” junto con la persona con la que ha establecido una adhesión de mutua solidaridad afectiva.
Esto implica generar una nueva vida, pero también sintetizar en un nuevo ser:
• el producto del proyecto compartido;
• un espacio para canalizar la necesidad de cuidar de otro ser;
• un medio para transferirle el anhelo de los ideales propios.
La lectura vincula, por tanto:
intimidad → compromiso amoroso → proyecto compartido → procreación/cuidado → transmisión de ideales.
6. Trabajo, productividad y creatividad en la adultez
El sujeto adulto realiza un trabajo psicosocial orientado a afianzar su identidad personal y a desarrollar su potencialidad intelectual y creativa.
Esto ocurre mediante:
• la expresión de una acción manifiesta;
• la asunción de diversos roles.
Este trabajo psíquico permite afianzar la propiedad de sí mismo mediante:
• la puesta en juego de la confianza básica;
• la claridad de las definiciones de sus autoconceptos.
El adulto ya sabe ubicarse a sí mismo y necesita vehiculizar esa acción de cuidado hacia otro sujeto, idea que también se proyecta hacia las generaciones posteriores.
7. Generatividad
La adultez se relaciona estrechamente con la generatividad.
El adulto ha podido:
• cuidar de sí mismo;
• ocuparse de aquello a lo cual ha adherido afectivamente;
• hacerse responsable de su vida y de sus elecciones.
La generatividad implica que ahora debe extender esa capacidad hacia otros.
Puede expresarse mediante:
• los hijos;
• un intercambio entre generaciones;
• el trabajo;
• la transmisión cultural;
• la transmisión de valores y pautas sociales.
El adulto se convierte en un referente capaz de ofrecer modelos ejemplares a la generación posterior.
De esta forma, la generación siguiente puede disponer de modelos respecto de los cuales:
• apropiarse;
• diferenciarse;
• cuestionar;
• transformar.
8. La adultez como ciclo legitimado para ejercer autoridad
La adultez constituye el ciclo vital legitimado para ejercer con autoridad el mantenimiento del “proceso comunal consistente en la organización cultural de la interdependencia de las personas” (Erikson, E., 2000).
Esta idea es particularmente importante.
La sociedad autoriza al adulto a asumir determinadas posiciones de responsabilidad porque se encuentra en una etapa en la cual debe contribuir al sostenimiento del orden comunitario.
La lectura señala que sostener el “ethos comunitario” requiere que el sujeto adulto se encuentre plantado en sus convicciones y proyectos.
Debe ser capaz de:
• hacerse cargo de sostener sus propios ideales;
• asumir compromisos;
• responsabilizarse por sus decisiones.
Sin embargo, esto no significa una rigidez absoluta.
La adultez debe permitir:
• la reflexión;
• la revisión de los propios valores;
• la transformación cuando las circunstancias lo requieren.
9. Autoridad y responsabilidad
El ejercicio de la autoridad adulta no puede reducirse a imponer.
El adulto debe asumir la responsabilidad inherente a esa autoridad.
La conciencia responsable le permite no excederse en el ejercicio de la autoridad.
Por ello, debe:
• revisar el modo en que utiliza el poder generativo;
• ejercer su autoridad de manera responsable;
• reconocer su posición respecto de generaciones más jóvenes;
• evitar convertir la autoridad en imposición arbitraria.
10. La adultez como ciclo generacional
La adultez constituye un ciclo generacional situado entre la adolescencia juvenil y la vejez.
Esta posición ubica al adulto en una función particular respecto de ambas generaciones.
Debe comprender amorosamente:
• los cambios generacionales antagónicos;
• la moratoria psicosocial de los jóvenes;
• la disposición de los jóvenes para orientar la exploración que realizan;
• la necesidad de los jóvenes de diferenciarse de los adultos.
La lectura señala que el adulto debe ser capaz de reconocer que los jóvenes necesitan:
• explorar;
• cuestionar;
• diferenciarse;
• construir nuevas formas de vida.
11. El adulto como tutor crítico
La posición generacional del adulto lo convierte en una especie de tutor crítico.
El adulto:
• acompaña;
• orienta;
• ofrece referencias;
• transmite modelos;
• permite cuestionamientos.
Pero no debe impedir la transformación generacional.
De esta manera, la autoridad adulta no consiste simplemente en conservar lo existente, sino también en posibilitar que la nueva generación construya nuevas formas de vida.
12. Generatividad y producción
En la adultez surge una nueva forma de continuidad del trabajo realizado en la afirmación de la propia identidad.
La generatividad abarca la procreatividad, la productividad y la creatividad, y por lo tanto la generación de:
• nuevos seres;
• nuevos productos;
• nuevas ideas.
Todo ello incluye un tipo de autogeneración que tiene que ver con un mayor desarrollo de la identidad.
Para memorizar
Generatividad = procreatividad + productividad + creatividad.
Y estas se expresan mediante:
• nuevos seres;
• nuevos productos;
• nuevas ideas.
13. El trabajo psicosocial de la adultez
El trabajo psicosocial de la adultez consiste en gestar creativamente algún producto que represente y refleje el trabajo realizado en pos de un proyecto.
De ahí surge la posibilidad de generar “algo” productivo que dé cuenta de que el movimiento de la energía creativa no se estanca.
La productividad permite:
• exteriorizar el movimiento creativo;
• concretar proyectos;
• dejar un producto;
• proyectar algo del propio sujeto hacia otros.
Diferencia respecto de la generación siguiente
La lectura indica que esto diferencia a la adultez de la generación que le sucede.
El adulto ha desarrollado una capacidad productiva y generativa que le permite construir y transmitir productos, ideas, proyectos y modelos hacia las generaciones posteriores.
14. La identidad en los productos generados
El adulto se genera a sí mismo mediante los productos que genera.
En esos productos encuentra rasgos propios.
La lectura sostiene:
“Gestar la identidad en sus productos es afianzar raíces que sustentan el Yo como un proyecto en sí mismo y el Yo en su vínculo con otros.”
Esta formulación conecta:
identidad → producción → proyecto personal → relación con otros.
En palabras sencillas
Aquello que el adulto crea —proyectos, obras, ideas, vínculos o producciones— también expresa quién es. Al producir algo, consolida su propia identidad y deja algo de sí mismo en el mundo social.
15. El aprendizaje psicosocial del cuidado
El aprendizaje psicosocial del ciclo de la adultez está dado por el aprender a cuidar aquello que se genera.
El cuidado supone ocuparse de aquello que ha sido objeto de procreación.
Sin embargo, el cuidado no se limita a algo familiar o a sí mismo.
La lectura amplía el concepto hacia una dimensión comunitaria.
El adulto debe desarrollar una conciencia de cuidado más universal.
Esto implica incluir solidariamente:
• a todos los sujetos de una comunidad;
• aunque sean afines a sus ideales particulares;
• o aunque sean diferentes.
El cuidado se convierte así en una tarea comunitaria.
16. Cuidado y generaciones futuras
El adulto debe orientar la tarea de cuidar hacia las generaciones próximas.
Debe hacerlo de forma que pueda:
• preservar la supervivencia de la humanidad;
• garantizar el recambio generacional;
• sostener la estructura comunitaria.
La generatividad adulta adquiere así una dimensión que supera al individuo y se proyecta hacia la continuidad social.
17. Cuidado, solidaridad e inclusión
La lectura señala que cuando los mecanismos de defensa de rechazo y los sistemas de creencias religiosas son insuficientes para generar una conciencia solidaria de cuidado recíproco, aparecen grupos considerados:
• peligrosos;
• inferiores;
• rechazados.
Esos grupos pueden convertirse en objeto de preocupación para ocuparse de ellos en el cuidado, pero desde una perspectiva más colectiva.
En esta perspectiva se cuestiona la tendencia a excluir a aquellos considerados diferentes.
18. El cuidado como valor comunitario
La lectura concluye el capítulo afirmando que:
“El cuidado se resume en ‘tener cuidado, cuidar de, preocuparse por’ (Erikson, E., 1980)”
Este cuidado:
• se dirige a sí mismo;
• se dirige a los productos;
• se dirige a los seres generados;
• se dirige a los otros;
• se dirige a las generaciones futuras.
Por sus productos, ideas y seres que genera, y por el sostenimiento de los intercambios comunicativos entre generaciones, el adulto participa de la continuidad comunitaria.
CAPÍTULO 9. EL CICLO DE LA VEJEZ
1. La vejez como trabajo psicosocial de integración
La vejez constituye un ciclo evolutivo que supone un arduo trabajo psicosocial consistente en permanecer “integrado” en un cuerpo que manifiesta el desgaste natural de los años.
Este desgaste produce una tendencia a enfrentar una sucesión de pérdidas.
La persona mayor debe realizar un trabajo de otorgar sentido a esas pérdidas y extraer de ellas alguna ganancia.
Por ello, la vejez no aparece únicamente como deterioro: implica un proceso activo de elaboración psíquica.
2. Pérdidas, elaboración y productividad
El sujeto viejo debe ser capaz de:
• enfrentarse a las pérdidas;
• otorgarles sentido;
• extraer alguna ganancia;
• recuperar una actitud productiva.
La finalidad es evitar quedar:
• desanimado;
• desalentado;
• privado de participación comunitaria.
La elaboración de las pérdidas constituye, por tanto, una condición para continuar participando activamente en la vida.
3. Integridad
La vejez plantea el trabajo de permanecer “integrado” a través de la puesta en juego de la confianza básica al servicio de la esperanza de continuidad generativa.
La persona mayor debe poder desarrollar una experiencia que produzca:
• conciencia;
• anticipación de la propia muerte.
La muerte comienza a adquirir una presencia diferente en esta etapa.
No se trata solamente de saber intelectualmente que se morirá, sino de integrar esa realidad dentro de la experiencia vital.
4. Continuidad de la vida pese a la muerte
En la vejez continúa ligado un compromiso vital.
La posibilidad de mantener ese compromiso está vinculada con la medida en que el Yo psicosocial consolidado puede:
• apoyar al Yo existencial;
• permitir la autoconciencia comprensiva de la historia vivida;
• mantener una actitud de continuidad vital.
La persona mayor debe poder integrar la propia historia y reconocer que la vida posee continuidad aun cuando se aproxima la muerte.
5. Integración de los ciclos vitales anteriores
La vejez requiere integrar la vida en un nuevo sentido.
Esto significa que los ciclos anteriores deben ser recuperados e incorporados a la experiencia actual.
La persona necesita comprender su vida como una totalidad y no como una sucesión fragmentada de acontecimientos.
Debe integrar:
• experiencias;
• pérdidas;
• logros;
• vínculos;
• decisiones;
• acontecimientos pasados;
• situación presente.
La lectura plantea que la continuidad existencial se logra cuando el sujeto puede reconocerse en su propia historia.
6. “Yo existencial” y “Yo psicosocial”
La lectura establece una distinción importante.
Yo psicosocial
Se encuentra vinculado con las formas de identidad construidas mediante las relaciones, roles y experiencias sociales.
Yo existencial
Trasciende al Yo psicosocial y genera un compromiso con lo vital que excede las fronteras de la temporalidad del Yo.
Relación entre ambos
El Yo existencial permite que la persona no reduzca su existencia exclusivamente a los papeles sociales que desempeñó.
La vejez implica una reorganización en la cual el sujeto puede trascender determinadas formas anteriores del Yo y desarrollar una comprensión más amplia de su existencia.
En palabras sencillas
La persona ya no se define únicamente por “lo que hizo” o por los roles que ocupó. Necesita encontrar continuidad en quién ha sido a través del tiempo y en el sentido global de su vida.
7. Autocomprensión de las experiencias humanas
En la vejez, el Yo realiza un trabajo para extender su autocomprensión a los modos de experiencia humana.
Esto permite comprender experiencias compartidas por otros sujetos y reconocer la propia existencia como parte de una experiencia humana más amplia.
Los gestos expresivos y las experiencias de los otros sujetos pueden ser comprendidos porque remiten a experiencias humanas compartidas.
8. Comprensión del proceso vital
La vejez hace que el sujeto comprenda los procesos vitales en la medida en que ha tenido una acción activa en el procesamiento de los cambios que se han producido con el tiempo.
El sujeto puede mirar retrospectivamente su vida y comprenderla desde una perspectiva más integrada.
La lectura relaciona esta capacidad con:
• experiencia;
• temporalidad;
• cambio;
• elaboración;
• integración.
9. Revisión evaluativa de la vida
Durante el ciclo de la vejez el sujeto realiza una re-visión evaluativa de los acontecimientos vividos hasta el presente.
Esta re-visión tiene como finalidad:
• revisar los acontecimientos;
• otorgarles coherencia;
• comprender la propia trayectoria;
• interpretar el sentido de aquello ganado;
• interpretar el sentido de aquello perdido.
La persona intenta construir una comprensión más integrada de su historia.
10. Ganancias y pérdidas
Una tarea fundamental consiste en:
interpretar el sentido de aquello ganado a partir de lo perdido.
Esto significa que la pérdida no se considera únicamente desde su aspecto negativo.
La persona debe poder identificar qué aprendizajes, transformaciones o sentidos se han generado a partir de aquello que perdió.
La posibilidad de atravesar situaciones de pérdida desprendida del bienestar subjetivo que sienta el sujeto y de la sensación de esperanza que surja frente a aquello que se presente como “no adquirido”.
11. Esperanza y madurez
La esperanza adquiere un papel fundamental en la vejez.
Según Erikson, el sujeto puede:
• “empezar una nueva vida”;
• “aprender vidas alternativas”.
La esperanza permite que la vejez no se convierta exclusivamente en una mirada hacia lo perdido.
El sujeto puede continuar imaginando posibilidades.
En palabras sencillas
Madurar en la vejez no significa resignarse. Significa integrar lo vivido, aceptar las pérdidas y mantener una apertura hacia posibilidades que todavía pueden construirse.
12. Integración y visión holística
La lectura plantea que en la vejez existe una tendencia a alcanzar una visión más amplia y total de la experiencia.
Esta visión permite relacionar:
• pasado;
• presente;
• futuro;
• pérdidas;
• ganancias;
• proyectos;
• vínculos;
• historia personal.
La persona puede comprender la experiencia vital de forma más integrada.
13. Iluminación
La lectura utiliza la experiencia de “iluminar” como una comprensión existencial de aquello que aparece como vedado al entendimiento racional.
Erikson plantea que la sabiduría permite alcanzar una comprensión que no se reduce exclusivamente al razonamiento.
La “iluminación” representa una forma de comprensión más amplia de la experiencia vital.
14. Sabiduría
La sabiduría constituye la resultante del trabajo continuado y progresivo que realiza el Yo para mantenerse unido e integrado en las versiones que realiza reflexivamente de sus experiencias vitales durante el transcurrir del tiempo.
Por ello, la sabiduría no surge automáticamente por alcanzar determinada edad.
Supone un trabajo del Yo de:
• revisar;
• integrar;
• interpretar;
• comprender;
• mantener continuidad.
15. Integridad y permanencia del Yo
La integridad permite al Yo permanecer en contacto consigo mismo y conservar coherencia a través del tiempo.
El Yo debe poder reconocerse a pesar de:
• los cambios;
• las pérdidas;
• las transformaciones corporales;
• las modificaciones de los roles;
• las modificaciones de las circunstancias.
La integridad supone una continuidad de la identidad a través de las transformaciones vitales.
16. Integridad frente a la desesperación
La lectura señala el riesgo de que, en ausencia de integración, aparezca la desesperación.
La desesperación se relaciona con una imposibilidad de aceptar la vida vivida y con la percepción de que ya no existe tiempo suficiente para comenzar de nuevo.
Frente a ello, la integridad permite:
• aceptar la propia trayectoria;
• reconocer la vida como propia;
• integrar lo vivido;
• mantener un sentido de continuidad.
17. Sostener la integridad del Yo
Durante la vejez, el trabajo por sostener la integridad del Yo se intensifica.
La re-visión de la experiencia se realiza de una manera más intensiva.
La persona debe:
• confrontar reflexivamente las vicisitudes del diario vivir;
• confrontar los ideales pautados;
• confrontar los logros presentes;
• proyectar prospectivamente expectativas futuras.
Por tanto, la vejez no se reduce a mirar hacia atrás.
Existe una articulación de:
pasado + presente + futuro.
CAPÍTULO 10. EL CICLO DE LA ANCIANIDAD
1. La ancianidad según Erikson
Erikson (2000) plantea que en la vejez avanzada —a la que denomina “noveno estadio”—, que va desde los 80 a 90 años aproximadamente, se produce un nuevo cambio en los modos de funcionamiento.
La lectura diferencia, por tanto, la vejez de esta vejez avanzada o ancianidad.
El envejecimiento continúa produciendo transformaciones y exige nuevos procesos de adaptación e integración.
2. Noveno estadio
El “noveno estadio” representa una etapa avanzada del desarrollo.
En ella, el sujeto debe enfrentarse nuevamente a tensiones vinculadas con las crisis anteriores.
La lectura plantea que el sujeto realiza un trabajo psíquico dominado por una tensión semejante a la que debió realizar en su esfuerzo por extraer de esa tensión una energía que le permita continuar desarrollándose.
3. Posición de retraimiento
La ancianidad como ciclo evolutivo sumerge al sujeto en una posición de retraimiento.
Sin embargo, este retraimiento no debe interpretarse simplemente como aislamiento.
La lectura lo presenta como un movimiento en el cual el sujeto se encuentra ante una experiencia vital marcada por:
• cambios corporales;
• limitaciones;
• necesidad de reorganización;
• revisión del sentido de la propia existencia.
4. Integridad como trabajo arduo
La lectura señala que la integridad constituye un trabajo arduo y difícil.
En la ancianidad, el Yo debe enfrentarse a una defensa y potencia que se encuentra bajo una presión mayor debido a las transformaciones propias de esta etapa.
La integridad continúa siendo una tarea central, pero las condiciones para sostenerla se vuelven más complejas.
5. Deshabilitamiento y deterioro
Durante la vejez avanzada aparecen cambios relacionados con el deshabilitamiento.
El anciano puede:
• sentir extrañamiento;
• desconfiar de sus capacidades;
• experimentar dificultades para hacer y resolver;
• enfrentarse al deterioro de la autonomía del cuerpo;
• reconocer que determinadas capacidades ya no funcionan como antes.
Estas experiencias pueden afectar la confianza que el sujeto tiene en sí mismo.
6. Seguridad y autonomía
El sujeto anciano siente amenazada la seguridad de su propio cuerpo.
Esta amenaza se relaciona con el deterioro y con la percepción de una menor capacidad para controlar las circunstancias.
La lectura señala que:
• la seguridad disminuye;
• el control corporal puede verse afectado;
• aumenta la dependencia;
• aparece la necesidad de reorganizar la autonomía.
Sin embargo, la tarea no consiste simplemente en negar la dependencia, sino en encontrar nuevas formas de sostener la autonomía posible.
7. Decisiones en la ancianidad
Las decisiones en la ancianidad se emprenden mediante una iniciativa que pone en juego una acción más constante y una exigencia ajustada a la finalidad de la acción.
La persona necesita reconocer:
• qué puede realizar;
• cómo puede realizarlo;
• qué limitaciones posee;
• qué recursos conserva.
La iniciativa debe ajustarse a las condiciones reales del sujeto.
8. Confirmación de la definición del rol
Durante la ancianidad, la confirmación de la definición del rol se ve interpelada.
El sujeto se pregunta:
“¿Cuál es mi función y mi posición dentro de esta estructura comunal?”
Esta pregunta adquiere relevancia porque los roles anteriores pueden haberse modificado o desaparecido.
El anciano necesita encontrar una nueva posición dentro de la comunidad.
9. Cambios de valores, roles e intereses
La lectura señala que la ancianidad exige confrontar:
• cambios de valores;
• cambios de roles;
• cambios de intereses.
La persona debe reconocer estos cambios para poder continuar integrándose a la vida comunitaria.
La redefinición de la propia posición social constituye una tarea fundamental.
10. Resignificación del proyecto de vida
El anciano debe resignificar su proyecto de vida.
Esto implica reorganizar las acciones respecto de los otros.
La persona necesita redefinir:
• qué desea hacer;
• qué puede hacer;
• cómo desea relacionarse;
• cuál será su contribución;
• qué sentido adquiere su existencia actual.
No se trata de abandonar necesariamente todo proyecto, sino de transformarlo de acuerdo con las condiciones presentes.
11. Continuidad productiva
La lectura sostiene que el sujeto anciano puede seguir desarrollando una energía productiva.
Aunque las acciones anteriores ya no sean posibles del mismo modo, la energía puede ser utilizada de una nueva manera.
Esto supone una reorganización de la productividad.
12. Resolución de las crisis anteriores
En la ancianidad existe preocupación por resolver los avatares inmediatos que aparecen en la vida diaria.
Las necesidades presentes se relacionan con la forma en que fueron resueltas las crisis de los estadios anteriores.
Esto significa que las experiencias y resoluciones anteriores del desarrollo continúan teniendo incidencia en la vejez avanzada.
13. Pérdidas de vínculos y relaciones
En la ancianidad se producen pérdidas significativas.
Entre ellas se encuentran pérdidas relacionadas con:
• vínculos;
• relaciones;
• personas cercanas;
• posiciones sociales;
• capacidades.
Estas pérdidas exigen un proceso de elaboración.
La persona necesita reconocerlas y reorganizar su vida a partir de ellas.
14. Reorganización frente a las pérdidas
Las pérdidas no deben conducir necesariamente a una detención del desarrollo.
El anciano puede encontrar una posibilidad cercana para enfrentar y afrontar esta sucesión de pérdidas.
La lectura plantea la necesidad de encontrar nuevas formas de vinculación y continuidad.
15. Posibilidad de afrontar el deterioro del cuerpo
La posibilidad que tendrá el anciano para afrontar el deterioro de su cuerpo y los déficits crecientes dependerá del trabajo tendiente a desarrollar lo que Tornstam (1993) denominó “gerotrascendencia”.
Este constituye uno de los conceptos centrales del capítulo.
16. Gerotrascendencia
Concepto exacto: “gerotrascendencia”.
La gerotrascendencia es:
“la metamorfosis de una cambiante que realiza el sujeto respecto de la perspectiva del tiempo, la vida, la muerte y, por ende, constituye la resignificación que realiza el Yo en relación con el ecosistema no sólo contextual sino universal”.
La gerotrascendencia implica una transformación de la perspectiva desde la cual la persona comprende:
• el tiempo;
• la vida;
• la muerte;
• su relación con el entorno;
• su relación con una totalidad más amplia.
En palabras sencillas
El anciano comienza a comprender su existencia desde una perspectiva más amplia. Ya no se trata solamente de lo que ocurre en su vida inmediata, sino de cómo su vida forma parte de algo mayor y de cómo se relacionan entre sí el tiempo, la vida y la muerte.
17. Perspectiva más elevada
La gerotrascendencia supone situarse en una visión más elevada de aquella provista por la racionalidad materialista.
Esto permite otorgar un sentido más abarcativo:
• al Yo;
• a los otros;
• al universo.
La perspectiva de la persona deja de centrarse exclusivamente en su existencia inmediata.
18. Yo y universo
La perspectiva gerotrascendente supone una nueva comprensión de la relación entre:
• el Yo;
• los otros;
• el universo.
La persona puede comprenderse como parte de algo más amplio.
Esto favorece una resignificación de la propia existencia.
19. “Gerotrascendente” e intimidad consigo mismo
El sujeto “gerotrascendente” experimenta una intimidad consigo mismo.
Esta intimidad se sustenta en su experiencia vivencial de un proyecto que se manifiesta en un espacio cuya radio se reduce a la exploración de aquello que no está definido por la persona exclusivamente como realidad material.
La gerotrascendencia implica, por tanto, una ampliación del sentido de la existencia.
20. Continuidad del desarrollo
Un aspecto fundamental de la lectura es que la ancianidad no constituye una ruptura con el desarrollo.
El sujeto continúa realizando un trabajo de elaboración, resignificación e integración.
Por ello, la ancianidad forma parte del continuum del desarrollo.
21. Intimidad consigo mismo y expansión del desarrollo
La intimidad consigo mismo que se produce en la experiencia vivencial no significa simplemente encerrarse en uno mismo.
Por el contrario, puede permitir una expansión diferente del desarrollo.
La lectura plantea que esta experiencia no representa una detención, sino una forma distinta de continuidad.
22. Redefinición de autoconceptos
Tanto la vejez intermedia —aproximadamente entre los 70 y 80 años— como la ancianidad exigen al sujeto una redefinición de los autoconceptos.
El Yo debe elaborarse nuevamente frente a:
• cambios corporales;
• modificaciones sociales;
• transformaciones de roles;
• pérdidas;
• nuevas limitaciones;
• nuevas posibilidades.
23. Identidad temporal
La redefinición de los autoconceptos requiere elaborar una “identidad temporal”.
La lectura explica que el Yo ya no cuenta con la misma perspectiva de poner en un tiempo futuro aquello que no se tiene en el presente.
Esto transforma la relación con el tiempo.
La temporalidad adquiere una importancia particular porque el futuro se experimenta de forma diferente.
24. El presente futuro
En esta etapa, el sujeto debe construir de otra manera la relación entre presente y futuro.
La lectura enfatiza que la persona ya no puede postergar indefinidamente determinadas aspiraciones.
El futuro se encuentra más estrechamente vinculado con el presente.
Por ello, el Yo necesita reorganizar sus expectativas sociales y personales.
25. Continuar integrado en el desarrollo
El trabajo que realiza el Yo para continuar integrado en el desarrollo consiste en:
“seguir siendo realmente ‘sí mismo’”.
Esta formulación constituye una de las ideas centrales de la ancianidad.
La continuidad del desarrollo no significa permanecer idéntico sin cambios.
Significa mantener una continuidad del sí mismo a través de las transformaciones.
26. “Somos lo que nos dejan ser”
Erikson plantea:
“Somos lo que nos dejan ser”.
Esta formulación destaca que el desarrollo del sujeto se encuentra relacionado con las condiciones sociales y relacionales en las que transcurre su existencia.
La posibilidad de continuar siendo sí mismo depende también de la manera en que los otros y la comunidad reconocen al anciano.
27. El trabajo de la ancianidad
El trabajo de la ancianidad consiste en caminar despojándose de la preocupación de la huella dejada.
El sujeto debe avanzar hacia una posición en la que pueda integrar su trayectoria sin quedar exclusivamente preocupado por aquello que dejó.
El Yo establece reflexivamente con su propio deseo una “re-conexión”.
Esta reconexión:
• produce esperanza;
• fortalece la confianza en el Yo;
• permite continuar encontrando sentido.
28. Sabiduría e integridad
La lectura vincula estrechamente:
integridad → revisión de la experiencia → sabiduría.
La sabiduría se relaciona con la capacidad de comprender la vida desde una perspectiva integrada.
No implica simplemente acumular conocimientos.
Implica una comprensión elaborada de:
• la propia historia;
• las pérdidas;
• las limitaciones;
• los vínculos;
• el tiempo;
• la muerte;
• la continuidad de la existencia.
29. La muerte como “última final”
El anciano debe reconocer que la muerte forma parte de la existencia.
La lectura plantea:
“La muerte se transforma, así, en la ‘última final’” (Erikson, E., 2000).
El reconocimiento de la muerte no necesariamente conduce a desesperación.
Puede integrarse dentro de una comprensión más amplia de la existencia.
30. Llegar a anciano como privilegio
Erikson afirma:
“Llegar a anciano es un gran privilegio”.
Sin embargo, este privilegio exige:
• revisar la vida;
• reconocer aquello que se quiso;
• reconocer aquello que se pudo realizar;
• reconocer lo que no se pudo;
• integrar logros y pérdidas;
• continuar desarrollándose.
La ancianidad no se plantea como un período pasivo, sino como una etapa que exige un intenso trabajo psicosocial.
31. La vejez y la ancianidad como trabajo del desarrollo
La lectura concluye destacando que lo expuesto evidencia que la síntesis de la vejez constituye un trabajo que ocupa al sujeto durante todo su proceso de desarrollo evolutivo.
Este trabajo:
• no cesa hasta los momentos finales de la vida;
• utiliza las capacidades mentales;
• se vale de las capacidades corporales;
• utiliza herramientas para el ejercicio de la autonomía;
• busca mantener la integración del sujeto.
Por lo tanto, la vejez y la ancianidad no pueden comprenderse como etapas desconectadas del resto del desarrollo.
32. Capacidades mentales y corporales
El sujeto continúa utilizando sus capacidades mentales y corporales como herramientas para:
• adaptarse;
• elaborar pérdidas;
• mantener autonomía;
• sostener vínculos;
• continuar participando comunitariamente.
Incluso cuando existen limitaciones, el desarrollo continúa mediante procesos de reorganización.
33. Autonomía e interdependencia
La lectura plantea una cuestión particularmente importante: la autonomía en la vejez no significa independencia absoluta.
El sujeto necesita desarrollar una autonomía capaz de reconocer la interdependencia con los otros como la base del propio desarrollo.
Diferencia fundamental
Autonomía ≠ aislamiento o autosuficiencia absoluta.
La autonomía madura reconoce que el desarrollo personal ocurre en relación con otros.
En palabras sencillas
Ser autónomo en la vejez no significa “no necesitar a nadie”. Significa conservar capacidad de decisión y de organización personal, reconociendo al mismo tiempo que los seres humanos dependemos unos de otros.
34. Interdependencia como base del desarrollo
El reconocimiento de la interdependencia permite al anciano mantenerse vinculado con la comunidad.
La lectura vincula este proceso con:
• comunicación;
• relaciones;
• autonomía;
• continuidad del desarrollo;
• participación comunitaria.
Por ello, el desarrollo individual continúa sosteniéndose mediante intercambios con otros.
SÍNTESIS INTEGRADORA DE LOS TRES CICLOS
Para memorizar la lógica general de la lectura, los tres capítulos pueden organizarse así:
ADULTEZ → GENERATIVIDAD Y CUIDADO
El adulto abandona progresivamente la moratoria psicosocial, consolida compromisos y ocupa una posición social desde la cual puede ejercer responsabilidades.
Sus tareas fundamentales incluyen:
• intimidad;
• proyecto compartido;
• compromiso;
• productividad;
• creatividad;
• generatividad;
• cuidado;
• autoridad responsable;
• transmisión intergeneracional.
La generatividad comprende especialmente:
procreatividad + productividad + creatividad.
El aprendizaje psicosocial central se relaciona con aprender a cuidar aquello que se genera.
VEJEZ → INTEGRIDAD Y SABIDURÍA
En la vejez, el sujeto debe mantenerse integrado frente al desgaste corporal y las pérdidas.
Esto requiere:
• elaborar pérdidas;
• otorgarles sentido;
• revisar la vida;
• integrar pasado, presente y futuro;
• mantener esperanza;
• sostener la continuidad del Yo;
• fortalecer la integridad.
El trabajo progresivo del Yo para mantenerse unido e integrado mediante la revisión reflexiva de sus experiencias conduce hacia la sabiduría.
ANCIANIDAD → REDEFINICIÓN, GEROTRASCENDENCIA Y CONTINUIDAD DEL SÍ MISMO
La ancianidad implica nuevas transformaciones, especialmente frente a:
• deterioro corporal;
• pérdidas;
• modificaciones de roles;
• reducción de determinadas posibilidades futuras;
• redefinición de los autoconceptos;
• reorganización de la autonomía.
El sujeto debe continuar:
“seguir siendo realmente ‘sí mismo’”.
Una vía importante para afrontar el deterioro es la gerotrascendencia, mediante la cual cambia la perspectiva sobre:
tiempo + vida + muerte + Yo + otros + universo.
Finalmente, la autonomía se redefine desde el reconocimiento de la interdependencia.
CONCEPTOS QUE CONVIENE MEMORIZAR CON ESPECIAL PRECISIÓN
Concepto Núcleo que debes recordar
Adultez Abandono progresivo de la moratoria psicosocial y compromiso de participación en la vida social.
Intimidad Vínculo que permite comprometerse con otro, descentrarse de necesidades propias y construir un proyecto compartido.
Proyecto compartido Espacio común basado en reciprocidad que no debe anular las aspiraciones individuales.
Generatividad Abarca procreatividad, productividad y creatividad; genera nuevos seres, productos e ideas.
Cuidado Aprendizaje psicosocial de la adultez relacionado con cuidar aquello generado y ampliar el cuidado hacia otros y futuras generaciones.
Autoridad adulta Posición legitimada para sostener el proceso comunal y la interdependencia, ejercida con responsabilidad.
Vejez Trabajo de permanecer integrado frente al desgaste corporal, pérdidas y conciencia de la muerte.
Integridad Capacidad del Yo de conservar continuidad y coherencia mediante la integración de las experiencias vitales.
Re-visión evaluativa Revisión de acontecimientos vividos para otorgar coherencia y sentido a ganancias y pérdidas.
Sabiduría Resultado del trabajo continuado y progresivo del Yo para mantenerse unido e integrado mediante la reflexión sobre la experiencia vital.
Ancianidad Vejez avanzada que exige nuevas formas de integración, redefinición del Yo y adaptación a limitaciones y pérdidas.
Noveno estadio Vejez avanzada situada por Erikson aproximadamente entre los 80 y 90 años.
Gerotrascendencia Transformación de la perspectiva respecto del tiempo, vida, muerte y relación del Yo con un ecosistema más amplio/universal.
Identidad temporal Reorganización de la identidad vinculada con una nueva relación entre presente y futuro.
Interdependencia Reconocimiento de la dependencia recíproca con otros como base del propio desarrollo, compatible con la autonomía.
Secuencia conceptual fundamental de toda la lectura
ADULTEZ → compromiso → intimidad → proyecto compartido → generatividad → cuidado y transmisión intergeneracional
VEJEZ → pérdidas y desgaste → re-visión de la vida → integración de experiencias → integridad → sabiduría
ANCIANIDAD → nuevas limitaciones y pérdidas → redefinición de autoconceptos e identidad temporal → resignificación del proyecto vital → gerotrascendencia → seguir siendo “sí mismo” → autonomía que reconoce la interdependencia.