Manet

La trayectoria de la pintura moderna comienza con Eduoard Manet. Con la oposición de su familia de alta burguesía, empieza a aprender a pintar en el estudio prestigioso de Thomas Coubert entre 1850 - 1856. Poco después Manet encarna una visión muy distinta y  opuesta al Realismo, representando una visión distanciada y analítica. Lo moderno estriba a Manet.

Algunos críticos partidarios del Realismo, Thoré y Castagnary le reprocharon por tratar a figuras humanas como objetos de bodegón. Émile Zola, el novelista y crítico fue su primer defensor, exaltando esa indiferencia de Manet que era capaz de abordar tanto un Cristo muerto como una prostituta desnuda con el mismo interés exclusivo por la pintura.

En el 1863, por la selección del jurado del Salón Oficial tan estricta y por opinión pública, el emperador Napoleón III permitió que se abriera el Salón de los Rechazados. Allí se expuso ‘’El almuerzo en la hierba’’ y provocó un escándalo la presencia de una mujer desnuda entre dos hombres. Émile Zola defiende a Manet, comparando con el museo Louvre que ha tenido varias obras mezclando figuras vestidas y desnudas. En efecto, el propio Manet había seguido dos modelos del museo: ‘’El concierto campestre’’ de Tiziano y ‘’El juicio de París’’ de Rafael.

Surge otro escándalo, ‘’La olympia’’, expuesto en el Salón en el 1865, aunque Manet la había pintado por la misma época que ‘’El almuerzo en la hierba’’. Olympia era evidentemente una prostituta y la mirada directa le añadía un descaro intolerable. Los dos cuadro con paisaje e interior; diurno y nocturno forman casi un díptico. En ambos hay un desnudo femenino que nos mira y en ambos, una alusión fundamental a la tradición: Olympia es un homenaje a la ‘’Venus de Urbino’’ de Tiziano.

Según Émile Zola, aquel tema considerado obsceno, para el pintor era un simple pretexto. Lo importante era el tratamiento gráfico, la gran mancha que eran las desnudos y las sabanas contra el fondo negro que era la cabeza de la mujer negra y el gato.

Lo característico de Manet era el ver por manchas, simples y enérgicas, suprimiendo las medias tintas prescritas por el claroscuro académico y subrayando en negro los contornos, resultando una imagen plana sin modelado.

El escándalo ante la pintura de Manet no solo provocaron sus temas, ya que ‘’El Pífano’’ no planteaba objeciones de este tipo y aún así fue rechazado de todas formas por el jurado del Salón de 1866.

En la primera mitad de la década, Manet había cultivado un ‘’españolismo’’, más bien superficial y folclórico, de toreros, guitarristas y bailaoras. Cuando al fin visitó Madrid y el Museo de Prado en 1865, lo que más admiró fue la obra de Velazquéz y en particular su retrato de ‘’Pablo de Valladolid’’. El ‘’Pífano’’ está inspirado en ese cuadro pero se diferencia de él en que carece precisamente de ‘’aire’’, que domina el efecto plano de la silueta contorneada en negro contra el fondo gris y sólo la sombra del pie da un mínimo indicio espacial.

En ‘’El Balcón’’ presentado en el Salón de 1869, Manet sigue explorando la tradición española y ahora se inspira en Goya y sus ‘’Majas en el balcón’’. La escena se enmarca en una estructura formada por la barandilla y las contraventanas, que se identifican con el plano pictórico. El crítico realista Castagnary censuró la ‘’incertidumbre’’ de este cuadro, además notaba una contradicción: la mujer sentada parece instalada para mirar la calle, mientras que la otra lleva guantes como si se dispusiera a salir. Manet ha destruido la narración.

‘’El ferrocarril’’ revela ya la influencia de los impresionistas en la paleta y las pinceladas. Se puede añadir que, como en ‘’El balcón’’ , falta aquí toda comunicación entre las figuras, entre la niña y la madre o niñera, que en cambio sí se relaciona con un personaje fuera de la escena: la mujer levanta los ojos del libro y parece preguntar con la mirada al indiscreto.  La verja puede compararse con la barandilla de ‘’El balcón’’ (un recurso utilizado por Rafael en la ‘’La liberación de San Pedro). Pero allí los personajes están detrás de la barandilla y el fondo indefinido permite cierta profundidad; aquí las figuras aparecen delante de la verja y está y la densa humareda impiden el paso tanto de los personajes como de nuestra mirada. Manet ha traído el fondo hacie adelante, reduciendo al mínimio la profundidad espacial. Manet consiguió al final de su vida en el Salón de 1881 un trofeo de una medalla secundaria. Con un único gesto de rebeldía en el 1867 había construido su propio pabellón para exponer sus cuadros.

Por entonces ya se congregaban en torno a él un grupo de jovenes escritores y artistas por las tardes en el Café Guerbois, cerca de su estudio. Entre ellos estaban Zola, el fotógrafo Nadar y algunos de los futuros miembros del grupo impresionista, como Degas, Monet, Renoir, Cezanne…

‘’El bar del Folies-Bergére’’ 1881-1882

Los tres casos de El almuerzo, Olympia y El ferrocarril,

presentan el mundo de la pintura, esa esfera normalmente aislada y hermética, invadido o amenazado de invasión y al menos un personaje lo advierte.

En este cuadro el escenario es el famoso teatro de variedades Folies-Bergere, en la barra del bar donde se podían consumir bebidas mientras se asistía al espectáculo. Ante nosotros, tras la barrera del mostrador, aparece la bella camarera, con un ramillete en el escote, rodeada por un llamativo despliegue de colores que sugieren también sonidos, aromas, sabores y texturas, como una alegoría de los cinco sentidos. La camarera nos mira, no con coquetería, sino inexpresiva, indiferente. Tras ella, en el espejo, se ve a una muchacha de espaldas, inclinada para atender a un caballero; es la misma camarera, sin duda, pero quizá mas solícita y complaciente. En todo caso, el reflejo no se sitúa justo detrás de ella, sino desplazado hacia la derecha, en un ángulo inexplicable.  Uno de los propósitos del pintor puede haber sido combinar dos puntos de vista opuestos sobre el cuerpo femenino, para verlo por delante y por detrás a la vez. Pero hay un juego más sutil, que puede haberse sido inspirado a Manet por ‘’Las meninas’’. Yo contemplo la imagen desde la posición del caballero a quien veo en el espejo; ese caballero me representa. Así el espectáculo incluye la entrada en escena del espectador (masculino).

Los personajes que vemos en el espejo trasero de la obra de Velázquez son los reyes que están fuera del cuadro; la escena que él está pintando, por tanto (Las Meninas). En consecuencia, el espectador, estaríamos en la misma posición que ellos.

En el trabajo de Manet, en cambio, el espectador está y no está en el mismo lugar que ellos cliente de la barra. No habría, pues, un punto de vista único y fijo ante la obra, sino, por decirlo así, un punto de vista abierto. Por tanto, que esta obra articula interiormente el espacio exterior de una manera más ambigua y quizá más compleja que el cuadro de Velázquez, con el que dialoga.

RESUMEN IÑIGO

El interés de Manet era otro: la reformulación crítica de una tradición que no se alienaba del todo con el clasicismo francés para tratar temas propio de su tiempo.

Para entender la propuesta de Manet es comparar su Olympia con ‘’EL nacimiento de Venus’’ de Alexandre Cabanel. Realizada el mismo año, la obra de Cabanel se presentó con gran éxito en el Salón de 1863, que fue adquirida por Napoleón III en el mismo momento en que El almuerzo en la hierba generaba escándalo antes referido en el Salón de los Rechazados. Las distintas reacciones hacia las dos desnudas se entienden sin demasiado esfuerzo: los dos desnudos planteaban propuestas muy diferentes. Uno, el de Cabanel, era divino, irreal, sensual; el otro, el de Manet, humano,  real, sexual.

Manet también trató en su pintura temas religiosos, aunque pocas veces y de forma muy especial, lejos de la codificación clásica de este tema. (Cristo muerto con los ángeles, 1864). El artista también se acercó a la pintura histórica cuando realizó la representación de un hecho que en su día causó un gran impacto con ‘’La ejecución de Maximiliano, 1868’’, para crear esta obra Manet tomó como referencia ‘’El tres de mayo de 1808, 1813’’ de Goya.

Manet es un antecedente directo de los impresionistas y se aprecia su relación con ellos en algunas obras realizadas a partir de 1870, como ‘’Monet pintando en el estudio flotante’’ o ‘’Argenteuil, 1874’’, en las que tanto los temas abordados como su tratamiento se acercan a la pintura impresionista. Sin embargo, él nunca formó parte del grupo. De hecho, no participó en las exposiciones impresionistas que se celebraron al margen del Salón, él se veía a sí mismo como parte de la tradición, aunque la entendiera de forma abierta y crítica y se propusiera renovarla.