La Promesa de la Vida Peruana: Análisis Exhaustivo

El paraíso en el Nuevo Mundo y la gestación del mito peruano

El descubrimiento del Perú no fue un evento accidental ni un fenómeno de menor importancia en la historia continental. Jorge Basadre sostiene que, antes de manifestarse como una realidad tangible, el Perú existió como un grandioso ensueño y una utopía accesible mediante el sacrificio de exploradores como Balboa y Andagoya. Su nacimiento en el siglo XVIXVI está rodeado de mitos, estableciendo un paralelismo con el origen de los Incas en el siglo XIXI. En el mito del Titicaca, una pareja divina civiliza a las poblaciones, mientras que la llegada española se fundamenta en la triada de conquista, evangelización y colonización. El mito de Paccari Tampu, donde cuatro hermanos luchan hasta que solo sobrevive Ayar Manco, encuentra su eco en los cuatro "Ayar" españoles: Pizarro, Almagro, Luque y Pedro de Alvarado. En esta lucha por el "botín", el hierro eliminó a Almagro, el ministerio religioso a Luque y la dádiva económica a Alvarado.

Francisco Pizarro es presentado bajo la lógica del héroe de cuento que busca un Objeto Sagrado, enfrentando gigantes y dragones, donde lo necesario colabora con el azar. Sin embargo, a diferencia del héroe tradicional, el final de Pizarro estuvo marcado por el oro y la sangre. Tras la consolidación de la realidad peruana, la imaginación europea del siglo XVIXVI proyectó nuevas leyendas: el Dorado (un rey en una isla de arenas de oro y guijarros de diamante), las Amazonas, y reinos imaginarios como Ambaya, Escaisingas, Ruparupa, Candire, Omagua, Paititi y Henin. Este dualismo entre soñadores que aciertan (el Imperio Inca) y soñadores que yerran (el Paititi) persiste incluso en la República con expedicionarios como Álvarez Maldonado o Gonzalo Solís Holguín.

Durante los siglos XVIXVI y XVIIXVII, la búsqueda se desplazó de lo geográfico a lo espiritual. El cristianismo transformó el concepto del Objeto Sagrado en el Santo Graal, accesible solo mediante la gracia y la santidad. En este contexto místico, surge la adaptación indígena del mito de Fausto en autos sacramentales quechuas como "Usca Paucar" y "El pobre más rico". En estas obras, personajes como Sayri Titu ceden ante el demonio Yuncanina —quien ofrece banquetes de papas, quinua y choclo— pero se salvan mediante la invocación a la Virgen de Copacabana o la de Belén en el Cuzco. Posteriormente, autores como Antonio de León Pinelo en su obra "El Paraíso en el Nuevo Mundo" intentaron demostrar con erudición que el Edén bíblico se encontraba en América, específicamente ubicando el Arca de Noé zarpando del litoral peruano.

La fascinación europea y la construcción del "Noble Salvaje"

El Perú también cautivó la imaginación extranjera, especialmente en Francia. En 17351735 se estrenó el ballet "Las Indias Galantes" de Rameau, seguido por parodias como "Las Indias Cantantes". Voltaire escribió la tragedia "Alzira" (17321732) para dar lecciones de tolerancia, y Marmontel publicó su novela épica "Los Incas". Otras obras notables incluyen "Manco Capac" (17631763) y "Cartas de una peruana" de Madame de Graffigny (17471747), una crítica a las costumbres europeas escrita mediante supuestos quipus. Estos documentos difundieron la idea del "noble salvaje": un hombre bueno en estado de naturaleza corrompido por la civilización. Ante las insuficiencias del presente, se generó una nostalgia por el pasado incaico, visto como un paraíso perdido, transformando el espejismo de bienaventuranzas en un consuelo onírico.

¿Para qué se fundó la República? El concepto de "La Promesa"

El Perú moderno se asienta sobre tres bases: la prehistórica (territorio y población), la hispánica (cultura occidental y base territorial) y la Emancipación (soberanía e independencia). De esta última surge la "Promesa de la Vida Peruana", un elemento psicológico sutil que planteaba la creación de una vida próspera, sana, fuerte y feliz. La República no se fundó solo por reivindicaciones burocráticas o económicas, sino por una esperanza colectiva de cumplir un destino nacional.

Esta promesa integró elementos históricos: la visión incaica de una vida ordenada, el anuncio universal de riqueza mineral y natural (simbolizado en el escudo por la cornucopia, la vicuña y el árbol de la quina) y un fermento igualitario resumido en el "Somos libres" del himno nacional. A pesar de los sacrificios de los fundadores y el entusiasmo del 2828 de julio de 18211821, Basadre señala que en el siglo XIXXIX surgieron pronto quejas, loas serviles, pecados impunes y oportunidades malgastadas. El incumplimiento de la promesa generó el riesgo de que sectores interesados la socavaran, olvidando que estos países tienen como vínculo común principal su tradición y su destino.

El dilema decimonónico: Libertad, Autoridad y Progreso Material

Durante el siglo XIXXIX, se intentó cumplir la promesa mediante dos vías principales: el debate ideológico y el progreso material. El dilema libertad-autoridad fue mal planteado. Los liberales, influenciados por un individualismo atómico post-Revolución Francesa, buscaron debilitar al Ejecutivo y confiaron excesivamente en el sufragio (Constituciones de 18231823, 18281828, 18341834, 18561856 y 18671867). Los conservadores, como Bartolomé Herrera, criticaron el sufragio y el Legislativo, buscando un Ejecutivo fuerte, pero carecieron a menudo de espíritu de progreso. Basadre sugiere que la fórmula ideal habría sido un Estado fuerte identificado con el pueblo para realizar una obra democrática.

Por otro lado, el afán por el progreso material cobró fuerza hacia 18701870 con Enrique Meiggs. Este empresario norteamericano intentó aplicar en el Perú la panacea del desarrollo industrial estadounidense mediante la construcción febril de ferrocarriles y grandes empréstitos. Sin embargo, esta política económica condujo a una crisis financiera, la tragedia de los hermanos Gutiérrez y el desastre previo a la Guerra con Chile. La experiencia demostró que el desarrollo material no basta si no posee una estructura industrial sólida y un plan económico maduro.

Las corrientes del pensamiento peruano en el siglo XIX

Basadre identifica diversas actitudes intelectuales:

  1. Progresismo Abstracto: Consideraba al hombre un ente racional por encima de la historia. Buscaba la introducción súbita de modelos extranjeros (federalismo, parlamentarismo) sin considerar la realidad nacional. Creían que el pasado era un lastre de oscurantismo.

  2. Autoritarismo Reaccionario: Representado inicialmente por figuras como Pando y luego por Bartolomé Herrera (18421842). Aunque Herrera reivindicó el amor a la patria en su famoso sermón en las exequias de Gamarra, su lucha doctrinaria lo alejó de una afirmación nacional integral.

  3. Inmediatismo Utilitario: Usaba las ideas para el servicio de caudillos o el beneficio propio. Se manifestó en una abundante producción folletística llena de pasiones violentas.

  4. Escapismo: Escritores que, para olvidar la realidad, se refugiaban en mundos de fantasía (Edad Media, tiempos clásicos o la corte de Luis XIVXIV).

  5. Sociologismo Positivista: Surgido a fines del siglo XIXXIX, analizaba la realidad con pesimismo y fatalismo, a menudo justificando dictaduras (como en Venezuela o México). En el Perú, se manifestó en parte de la obra de Manuel González Prada.

González Prada es una figura contradictoria que sintetiza estas corrientes: su fe en la Ciencia es progresismo abstracto; su poesía es escapismo; su juicio lapidario sobre el Perú ("el Perú vierte pus") es sociologismo positivista; y su campaña política es inmediatismo utilitario. Aunque intentó una afirmación nacional tras la catástrofe de 18791879, terminó execrando la idea de patria tras sus viajes a Europa.

La crisis de las ideas y la misión de la juventud

A mediados del siglo XXXX, las bases del siglo XIXXIX están en crisis. El progreso técnico se ha puesto al servicio de la guerra y el hombre no es necesariamente mejor ni más feliz. Basadre exhorta a la juventud a rechazar el escapismo y el utilitarismo egoísta. La nueva generación debe tonificarse con una "emoción de historia" verdadera y vital, no de museos. Debe formular puntos programáticos concretos basados en la salud, la vivienda, el alimento y la cultura del peruano, defendiendo el destino nacional frente a fuerzas internacionales.

El problema de las élites y el mando

Basadre distingue entre "pueblo" (base telúrica y estructura económica) y "mando" o "leadership". Un país necesita dirigentes seleccionados por su capacidad y no solo por herencia o fortuna. La élite auténtica no es una oligarquía (hecho económico), sino un fenómeno espiritual. Su misión no es el usufructo del poder, sino interpretar las esperanzas de la masa, resolver sus necesidades y presidir sus avances. En la historia peruana, ha habido intentos de élites: administrativas (el Perú como oficina) y económicas (el Perú como hacienda). Ambas fallaron por su falta de calor humano y desprecio al hombre común. La verdadera élite debe unir la visión administrativa, la económica y la humana.

En la época incaica, existía una nobleza de sangre con privilegios estrictos (educación de amautas, monogamia exclusiva para el pueblo frente a poligamia señorial, uso de literas y caminos). En la Colonia, los criollos intentaron influir, pero la independencia argentina y colombiana evitó que surgiera un gran caudillo militar peruano de inmediato o que la nobleza presidiera la República. Esto llevó a una simplificación del mando en manos de políticos profesionales e ideólogos.

Conclusión: Los enemigos de la Promesa

La promesa de la vida peruana ha sido históricamente saboteada por tres tipos de enemigos:

  1. Los Podridos: Aquellos que prostituyen las instituciones para sus intereses personales o "granjerías".

  2. Los Congelados: Quienes viven encerrados en sus privilegios, ignorando al resto de la población.

  3. Los Incendiados: Aquellos que se agitan sin construir, prefiriendo la destrucción a la edificación nacional.

La clave del futuro reside en que el Perú no se convierta en una "charca" (obra de los podridos), un "páramo" (obra de los congelados) o una "fogata" (obra de los incendiados). Es responsabilidad de la juventud y de los hombres de estudio revivir la promesa y convertirla en un plan de acción nacional para que el Perú rinda más de sí y el peruano viva mejor.