La psicología como disciplina científica no surgió de manera repentina, sino que fue el resultado de una evolución progresiva en la que confluyeron diversas corrientes filosóficas, fisiológicas y biológicas. Antes de establecerse como una ciencia independiente en el siglo XIX, la psicología estuvo ligada a la filosofía y la medicina. Durante siglos, los pensadores debatieron sobre la naturaleza del alma, la mente y la conciencia, desarrollando teorías que más tarde sentarían las bases para su estudio empírico.
A lo largo del tiempo, la psicología se fue desprendiendo de la especulación filosófica para adoptar un enfoque basado en la observación y experimentación. Este cambio se produjo gracias a la influencia de la fisiología y la biología, disciplinas que proporcionaron herramientas para medir y analizar procesos mentales y conductuales. La búsqueda de una explicación científica del comportamiento humano llevó a la consolidación de la psicología como un campo de estudio con métodos propios.
El desarrollo de la psicología como disciplina autónoma fue precedido por siglos de reflexiones filosóficas y teorías sobre la mente humana. Desde la antigüedad, pensadores como Platón y Aristóteles se preguntaron sobre la naturaleza del conocimiento, la percepción y la memoria. Durante la Edad Media, el pensamiento estuvo dominado por las interpretaciones teológicas, que veían la mente como un don divino. Sin embargo, con la llegada del Renacimiento y el auge del pensamiento científico, se inició una transformación en la manera de entender los procesos mentales.
En este contexto, la psicología pasó de ser una rama de la filosofía a constituirse en un campo de estudio con objetos y métodos más definidos. Uno de los debates fundamentales en sus orígenes fue la clasificación de su historia según el objeto de estudio.
La evolución de la psicología puede comprenderse en función de los distintos enfoques que han definido su objeto de estudio a lo largo del tiempo:
Psicología del alma: En sus primeras etapas, la psicología se centró en el estudio del alma, influenciada por corrientes religiosas y metafísicas. Se consideraba que el alma era el principio rector de la vida y la conducta.
Psicología de la conciencia: Con el avance de la filosofía y la ciencia, se comenzó a estudiar la conciencia y sus procesos. Este enfoque se vio reflejado en el trabajo de autores como Descartes y Kant.
Psicología del comportamiento: A finales del siglo XIX y principios del XX, el énfasis cambió hacia la observación del comportamiento como manifestación externa de la vida mental.
Psicología de los procesos cognitivos: En la segunda mitad del siglo XX, el estudio de la percepción, la memoria, el lenguaje y el pensamiento se convirtió en el foco central de la psicología.
Cada una de estas perspectivas contribuyó a la conformación de la psicología como un campo amplio y multidisciplinario.
Uno de los debates más importantes en la historia de la psicología es la distinción entre naturalismo y espiritualismo.
El naturalismo sostiene que todos los fenómenos psicológicos pueden explicarse a partir de leyes naturales y procesos biológicos. Desde esta perspectiva, la mente es vista como una función del cerebro, sin necesidad de recurrir a entidades metafísicas. Autores como Thomas Hobbes y Baruch Spinoza defendieron esta postura, argumentando que los pensamientos y emociones eran resultado de la actividad neuronal y las interacciones con el entorno.
El espiritualismo, en cambio, defiende la existencia de una dimensión inmaterial que trasciende la materia. En esta visión, la mente es independiente del cuerpo y su origen es de naturaleza trascendental. Tradiciones filosóficas como la escolástica medieval y el idealismo alemán promovieron esta concepción.
A lo largo de la historia, el naturalismo ha ganado mayor aceptación dentro del ámbito científico, pero el debate sigue presente en algunas corrientes filosóficas y religiosas.
Otro de los grandes debates filosóficos que influyeron en el desarrollo de la psicología es la oposición entre empirismo y racionalismo, dos corrientes que intentan explicar el origen y la naturaleza del conocimiento humano.
El empirismo postula que el conocimiento proviene de la experiencia sensorial. Según John Locke, la mente al nacer es una tabula rasa, es decir, una hoja en blanco en la que la experiencia va escribiendo a lo largo de la vida. David Hume llevó esta idea aún más lejos al afirmar que solo podemos conocer aquello que percibimos directamente, negando la existencia de ideas innatas. Esta perspectiva fue fundamental para el desarrollo de la psicología experimental, ya que enfatiza la importancia de la observación y la medición de los procesos mentales.
El racionalismo, por el contrario, sostiene que el conocimiento se origina en la razón y no solo en la experiencia. René Descartes defendió la existencia de ideas innatas y argumentó que el pensamiento humano sigue principios lógicos independientes de los sentidos. Para los racionalistas, la mente posee estructuras preexistentes que organizan la información. Esta visión influyó en el desarrollo de la psicología cognitiva y la teoría del conocimiento de Kant.
Ambas corrientes han dejado una huella profunda en la psicología, y sus principios siguen siendo debatidos en la actualidad.
La filosofía ha desempeñado un papel clave en la formación de la psicología al proporcionar conceptos y marcos teóricos para comprender la mente humana. Desde la antigüedad, filósofos de diferentes tradiciones han reflexionado sobre la naturaleza de la mente, la percepción y la conciencia.
La psicología heredó de la filosofía preguntas fundamentales sobre el conocimiento y la conducta humana, así como metodologías de análisis lógico y conceptual. Sin embargo, la diferenciación entre ambas disciplinas se hizo más marcada con la aplicación del método experimental en la investigación psicológica.
Dentro de las influencias filosóficas más importantes para la psicología se encuentran el dualismo y el monismo, que tratan de explicar la relación entre la mente y el cuerpo.
Uno de los problemas filosóficos centrales en la historia de la psicología es la relación entre el cuerpo y la mente. Se han propuesto dos grandes enfoques para abordar este dilema:
El dualismo, defendido por René Descartes, sostiene que la mente y el cuerpo son sustancias distintas. Según esta teoría, el cuerpo es material y está sometido a las leyes de la naturaleza, mientras que la mente es inmaterial y posee capacidades como la razón y la conciencia. Descartes propuso que ambas entidades interactúan a través de la glándula pineal, un concepto que fue ampliamente debatido.
El monismo, en cambio, postula que solo existe una sustancia fundamental. Puede ser materialista, como en el caso del conductismo, que considera que solo existe la materia y que la mente es una función del cerebro, o idealista, como en la filosofía de Berkeley, que sostiene que la realidad es solo una construcción mental.
Dentro del debate entre dualismo y monismo, han surgido distintas posturas para explicar la relación entre la mente y el cuerpo.
El interaccionismo es una posición dualista que sostiene que la mente y el cuerpo son entidades separadas, pero que interactúan entre sí. René Descartes defendió esta idea al afirmar que la mente podía influir en el cuerpo a través de la glándula pineal. Desde esta perspectiva, los pensamientos y emociones pueden tener efectos físicos en el organismo, y las experiencias sensoriales pueden influir en el estado mental. Esta visión sentó las bases para el estudio de la influencia de los procesos psicológicos en la salud y el comportamiento.
El paralelismo psicofísico, por otro lado, plantea que la mente y el cuerpo son sistemas independientes que evolucionan en paralelo sin influirse mutuamente. Esta postura fue defendida por Gottfried Wilhelm Leibniz, quien propuso que los eventos mentales y físicos ocurren simultáneamente porque fueron sincronizados desde la creación del universo. Aunque esta teoría no tuvo gran impacto en la psicología moderna, inspiró ciertas interpretaciones sobre la relación entre la conciencia y la actividad cerebral.
Ambas concepciones intentaron resolver el problema de la conexión mente-cuerpo, pero el avance de la neurociencia ha inclinado la balanza hacia una explicación materialista de los procesos mentales.
Otro debate filosófico central en la historia de la psicología es la oposición entre el innatismo y el adquirismo respecto a la formación del conocimiento y las capacidades humanas.
El innatismo sostiene que la mente humana nace con ciertas estructuras y conocimientos predefinidos. Platón argumentaba que el conocimiento es innato y que aprender es simplemente recordar lo que ya está presente en el alma. Más tarde, Kant desarrolló la idea de que existen categorías a priori en la mente que organizan la experiencia sensorial. En la psicología moderna, esta perspectiva se refleja en teorías como la gramática generativa de Noam Chomsky, que postula la existencia de una capacidad innata para el lenguaje.
El adquirismo, en cambio, defiende que todo conocimiento proviene de la experiencia. Esta postura fue promovida por los empiristas británicos, quienes argumentaban que la mente es una tabula rasa (una hoja en blanco) sobre la cual la experiencia va escribiendo. Esta idea influyó en corrientes como el conductismo, que enfatiza el papel del ambiente en el aprendizaje y la conducta.
El debate entre estas dos posturas sigue vigente en la psicología contemporánea, especialmente en el campo de la psicología del desarrollo y la neurociencia cognitiva.
El sensacionismo es una corriente dentro del empirismo que afirma que el conocimiento proviene exclusivamente de las sensaciones. Según esta perspectiva, todo lo que conocemos es resultado de la información sensorial procesada por la mente.
Los empiristas ingleses como John Locke, George Berkeley y David Hume fueron los principales exponentes de esta corriente:
John Locke argumentó que la mente al nacer es una tabula rasa y que todo el conocimiento proviene de la experiencia. Diferenció entre ideas simples, que provienen de la sensación y la reflexión, e ideas complejas, que resultan de la combinación de ideas simples.
George Berkeley llevó el empirismo al extremo con su idealismo subjetivo, sosteniendo que la realidad solo existe en la medida en que es percibida. Según él, el mundo externo no tiene una existencia independiente de la percepción.
David Hume desarrolló una teoría del conocimiento basada en las impresiones y las ideas. Consideraba que solo podemos conocer lo que percibimos directamente y que no existe una conexión necesaria entre los eventos (crítica al concepto de causalidad).
El sensacionismo influyó en la psicología experimental al destacar la importancia de los estudios sobre la percepción y los sentidos.
El asociacionismo es una teoría que explica cómo se forman las ideas y los pensamientos a partir de la combinación de experiencias sensoriales. Surgió como una ampliación del empirismo y tuvo una gran influencia en la psicología.
Dentro del asociacionismo, se distinguieron dos enfoques sobre cómo se combinan las ideas en la mente:
La mecánica mental, propuesta por los empiristas clásicos, sostiene que las ideas se combinan de manera pasiva siguiendo principios básicos como la contigüidad y la semejanza. Según esta visión, la mente opera de forma similar a una máquina, uniendo elementos simples para formar pensamientos más complejos.
La química mental, en cambio, sugiere que las ideas pueden fusionarse y transformarse en algo nuevo, de manera similar a las reacciones químicas. John Stuart Mill defendió esta idea, argumentando que los pensamientos no son solo una suma de partes, sino que pueden dar lugar a cualidades emergentes.
El asociacionismo fue clave en el desarrollo del conductismo y en la teoría del aprendizaje, al explicar cómo se forman hábitos y asociaciones mentales a partir de la experiencia.
En el siglo XIX, otras corrientes filosóficas contribuyeron a la formación de la psicología:
El positivismo, desarrollado por Auguste Comte, promovió la idea de que el conocimiento debe basarse en la observación y la experimentación. Esto influyó en el desarrollo del método científico en la psicología.
El materialismo, que sostiene que la mente es una función del cerebro y que todos los fenómenos psicológicos pueden explicarse en términos físicos y químicos. Esta perspectiva impulsó la investigación en neurociencia y psicofisiología.
El idealismo alemán, representado por Hegel y Fichte, enfatizó la importancia de la conciencia y la construcción activa del conocimiento. Sus ideas influyeron en la psicología fenomenológica y en el enfoque constructivista del aprendizaje.
Estas corrientes ayudaron a consolidar la psicología como un campo de estudio con fundamentos filosóficos sólidos.
El desarrollo de la fisiología en el siglo XIX fue crucial para la psicología, ya que permitió estudiar el funcionamiento del sistema nervioso y su relación con los procesos mentales.
Uno de los avances más importantes en fisiología fue la identificación de los nervios motores y sensoriales, lo que permitió comprender cómo se transmiten las señales en el cuerpo.
Los nervios motores llevan información desde el cerebro hasta los músculos, permitiendo el movimiento voluntario.
Los nervios sensoriales transportan información desde los órganos sensoriales hasta el cerebro, permitiendo la percepción del entorno.
Esta distinción fue clave para entender cómo el sistema nervioso coordina la conducta.
El estudio de los reflejos también aportó información fundamental sobre la relación entre el cerebro y la conducta. Se descubrió que algunos movimientos no requieren intervención consciente, sino que ocurren automáticamente en respuesta a estímulos externos. Este concepto influyó en el desarrollo del conductismo y en la comprensión de los mecanismos básicos de la conducta.
A medida que avanzaban los estudios fisiológicos, se hizo evidente que los distintos tipos de sensaciones no se debían únicamente a diferencias en los estímulos externos, sino también a la estructura y función del sistema nervioso.
La doctrina de la energía nerviosa específica, propuesta por Johannes Müller, fue un gran avance en este campo. Müller descubrió que cada tipo de nervio sensorial responde de manera específica a ciertos estímulos, independientemente de cómo sean estimulados. Por ejemplo, los nervios ópticos solo transmiten sensaciones visuales, incluso si son estimulados mecánicamente. Esto significó que la percepción no depende solo del mundo exterior, sino de la forma en que el sistema nervioso procesa la información.
Esta idea sentó las bases para la investigación en neurociencia y psicología sensorial, permitiendo comprender cómo el cerebro organiza las experiencias sensoriales.
Uno de los centros más importantes en el estudio de la fisiología del sistema nervioso fue la Escuela fisiológica de Berlín, fundada por Johannes Müller y continuada por sus discípulos Hermann von Helmholtz, Emil Du Bois-Reymond y Carl Ludwig.
Estos científicos realizaron estudios fundamentales sobre:
La transmisión del impulso nervioso.
La percepción sensorial.
La relación entre la actividad fisiológica y los fenómenos psicológicos.
Sus investigaciones contribuyeron a la consolidación de la psicología como una disciplina científica basada en la experimentación.
Otro hallazgo crucial en fisiología fue la comprensión del impulso nervioso, el proceso por el cual las señales viajan a través de los nervios para comunicar información entre el cuerpo y el cerebro.
Hermann von Helmholtz fue el primero en medir la velocidad de la conducción nerviosa, demostrando que no era instantánea, como se creía, sino que tenía una velocidad finita. Esto permitió considerar el procesamiento mental en términos de procesos físicos y medir objetivamente la velocidad de respuesta en diferentes tareas.
La idea de que el pensamiento y la percepción pueden ser estudiados a través de la fisiología fue un paso clave en la transformación de la psicología en una ciencia experimental.
El estudio de la percepción llevó a un interés creciente por los órganos sensoriales y su funcionamiento. Se investigaron aspectos como la visión, la audición y el tacto, estableciendo la base para la psicofísica y la neurociencia sensorial.
Uno de los científicos más influyentes en este campo fue Hermann von Helmholtz, quien realizó estudios fundamentales sobre:
La teoría de la visión de los tres colores, que explicaba cómo el ojo percibe el color a través de tres tipos de receptores sensibles al rojo, verde y azul.
La percepción auditiva, donde propuso la teoría resonante de la audición, según la cual el oído interno responde a distintas frecuencias de sonido mediante vibraciones específicas.
Helmholtz demostró que la percepción no es una simple captación pasiva de información, sino un proceso activo en el que el cerebro interpreta los estímulos sensoriales.
Uno de los intentos tempranos por relacionar la actividad cerebral con la conducta fue la frenología, una teoría desarrollada por Franz Joseph Gall a finales del siglo XVIII y principios del XIX.
La frenología sostenía que:
El cerebro está dividido en diferentes áreas, cada una asociada con una función específica (como la memoria, el lenguaje o la agresividad).
El desarrollo de estas áreas influye en la forma del cráneo, por lo que se podría conocer el carácter y las habilidades de una persona examinando su cabeza.
Los frenólogos creían que podían determinar la personalidad de un individuo mediante la palpación del cráneo. Aunque la frenología fue desacreditada científicamente, su enfoque inspiró el desarrollo de la neuropsicología y la localización de funciones cerebrales.
El siguiente paso en la consolidación de la psicología como ciencia fue el desarrollo de métodos para medir los procesos mentales. Esto permitió estudiar la mente de manera cuantificable y experimental.
Uno de los primeros intentos de medir procesos mentales fue el estudio de los tiempos de reacción, que consistía en registrar cuánto tardaba una persona en responder a un estímulo.
La ecuación personal se originó en la astronomía, cuando se descubrió que diferentes astrónomos registraban el paso de las estrellas con ligeras variaciones de tiempo. Se concluyó que cada persona tiene un tiempo de reacción único, lo que abrió la puerta al estudio de las diferencias individuales en el procesamiento mental.
La medición del impulso nervioso realizada por Helmholtz mostró que la velocidad de la conducción nerviosa variaba según el tipo de nervio y la distancia recorrida.
Estos estudios fueron fundamentales para la psicología experimental y la psicometría.
La psicofísica es la rama de la psicología experimental que investiga la relación entre los estímulos físicos y la percepción subjetiva de los mismos. Su objetivo es encontrar leyes matemáticas que expliquen cómo percibimos el mundo.
Dos de los investigadores más importantes en este campo fueron Ernst Weber y Gustav Fechner, quienes desarrollaron principios fundamentales para la medición de la percepción sensorial.
Ernst Weber (1795-1878), un fisiólogo alemán, fue pionero en el estudio de la percepción de las diferencias entre estímulos físicos, en especial el tacto y la percepción del peso.
Uno de sus experimentos más famosos consistía en pedir a los participantes que compararan dos pesos distintos y determinaran si podían notar una diferencia entre ellos. A partir de estos estudios, Weber descubrió que la percepción de una diferencia entre estímulos no depende de la cantidad absoluta de cambio, sino de la proporción entre el estímulo original y el cambio aplicado.
Por ejemplo:
Si una persona sostiene una pesa de 100 gramos, podría notar la diferencia si se le añade 5 gramos (5% de aumento).
Pero si la pesa inicial es de 1 kg, necesitaría que se le añadieran 50 gramos para percibir el cambio (también un 5%).
Este principio se formalizó en lo que hoy conocemos como la Ley de Weber, que establece que la mínima diferencia perceptible entre dos estímulos es proporcional a la magnitud del estímulo original.
Matemáticamente, la fórmula de Weber es:
ΔII=k\frac{\Delta I}{I} = kIΔI=k
Donde:
III es la intensidad del estímulo inicial.
ΔI\Delta IΔI es el incremento mínimo necesario para notar la diferencia.
kkk es una constante que varía según el tipo de estímulo (peso, sonido, luz, etc.).
Este hallazgo fue crucial, ya que mostró que nuestra percepción no responde de manera lineal a los cambios en los estímulos, sino que sigue una relación proporcional.
Para cuantificar la percepción sensorial, Weber propuso un método basado en la medición de las diferencias apenas perceptibles (Diferencia Justo Perceptible, o D.J.P.), estableciendo los siguientes pasos:
Seleccionar un estímulo base: se elige un estímulo inicial de referencia (por ejemplo, un peso de 100 gramos).
Añadir variaciones mínimas: se presentan estímulos con ligeras diferencias en intensidad (por ejemplo, 101g, 102g, etc.).
Determinar el punto en el que se percibe un cambio: se anota el momento en que la persona detecta la diferencia.
Calcular la constante de Weber para ese estímulo: se usa la fórmula de la ley de Weber para determinar la relación entre el estímulo y su percepción.
Este procedimiento permitió convertir la percepción en algo medible y predecible, sentando las bases para la psicofísica cuantitativa.
Gustav Fechner (1801-1887), discípulo de Weber, llevó estas ideas más allá al proponer que la sensación percibida crece en función del logaritmo del estímulo físico.
La Ley de Fechner se expresa matemáticamente como:
S=klogIS = k \log IS=klogI
Donde:
SSS es la sensación percibida.
III es la intensidad del estímulo físico.
kkk es una constante específica para cada tipo de percepción.
En términos simples, esto significa que nuestra percepción no crece de manera directa con el aumento del estímulo, sino que sigue una escala logarítmica.
Ejemplo:
Si una persona se encuentra en una habitación con 10 velas encendidas y se añade una más, notará la diferencia.
Pero si en la habitación hay 100 velas, agregar una más no producirá el mismo impacto perceptivo.
Para notar la misma diferencia, se necesitaría aumentar en una proporción mayor, por ejemplo, agregando 10 velas en lugar de una.
Este descubrimiento fue revolucionario porque demostró que la percepción no es una copia fiel del mundo físico, sino que está modulada por la forma en que nuestro sistema nervioso procesa la información.
Para medir la percepción con mayor precisión, Fechner desarrolló tres métodos experimentales, que todavía se usan en la actualidad en estudios de percepción sensorial.
Se presentan estímulos de diferentes intensidades en un orden aleatorio.
El participante debe indicar si nota la diferencia o no.
Se determina el punto en el que la persona detecta la variación en un porcentaje significativo de intentos.
Se usa principalmente para estudiar la percepción del sonido, el brillo y el peso.
Se presentan estímulos en orden creciente o decreciente.
Se observa en qué momento la persona deja de percibir la diferencia.
Se utiliza para medir umbrales de percepción, como la mínima cantidad de luz visible en la oscuridad.
Ejemplo:
Se le muestra a una persona una luz cada vez más tenue hasta que ya no la ve.
El punto en que deja de verla se considera su umbral absoluto de visión.
La persona ajusta el estímulo hasta que lo considera igual a otro de referencia.
Se usa para estudios en los que se necesita una respuesta subjetiva más directa.
Ejemplo:
Un participante ajusta el volumen de un sonido hasta que le parece que es igual a otro de referencia.
Los estudios de Weber y Fechner marcaron un antes y un después en la psicología, ya que demostraron que los procesos mentales pueden ser medidos de manera cuantitativa.
Sus descubrimientos influyeron en:
El desarrollo de la psicología experimental, al proporcionar métodos objetivos para estudiar la mente.
La creación de escalas psicométricas, utilizadas en la evaluación psicológica y pruebas cognitivas.
La neurociencia, al ayudar a comprender cómo el cerebro procesa la información sensorial.
Además, sus métodos todavía se emplean en estudios sobre percepción, atención y tiempo de reacción, lo que demuestra su vigencia en la psicología contemporánea.
La psicología no solo se ha nutrido de la filosofía y la fisiología, sino también de la biología, particularmente a través de la teoría de la evolución. Esta teoría, propuesta por Charles Darwin (1809-1882) y complementada por Herbert Spencer (1820-1903), tuvo un impacto profundo en la comprensión del comportamiento humano y la psicología como disciplina.
Charles Darwin revolucionó el pensamiento científico con su obra "El origen de las especies" (1859), en la que planteó la idea de que todas las especies han evolucionado a lo largo del tiempo a partir de un ancestro común.
Los principios fundamentales de la teoría de Darwin son:
Variabilidad: Dentro de una misma especie existen diferencias individuales en términos de características físicas y comportamentales.
Selección natural: Los individuos con características más adaptativas tienen mayor probabilidad de sobrevivir y reproducirse, transmitiendo esas características a la siguiente generación.
Lucha por la existencia: Dado que los recursos son limitados, solo los organismos mejor adaptados logran sobrevivir.
Adaptación: A lo largo del tiempo, las especies cambian debido a la acumulación de variaciones beneficiosas.
Un punto clave de la teoría de Darwin es que la mente humana y el comportamiento también están sujetos a la evolución, lo que llevó al desarrollo de la psicología evolucionista.
La teoría de la evolución tuvo varias implicaciones en el desarrollo de la psicología:
Darwin argumentó que muchas conductas humanas, como el miedo, la agresión o la cooperación, pueden entenderse como adaptaciones evolutivas que favorecieron la supervivencia de la especie.
Ejemplo:
El miedo a los depredadores o a lo desconocido aumentaba las probabilidades de supervivencia de nuestros antepasados.
La cooperación en grupos facilitaba la caza, la defensa y el acceso a recursos.
Estas ideas sentaron las bases para estudios modernos sobre el comportamiento innato y la neurobiología de las emociones.
Darwin también destacó las similitudes entre la conducta animal y la humana, lo que llevó al estudio del comportamiento en otras especies para comprender mejor la psicología humana.
Ejemplo:
La observación de la conducta de primates ha permitido comprender aspectos de la inteligencia, la socialización y la comunicación humana.
Este enfoque dio lugar al desarrollo de la psicología comparada, que estudia los procesos psicológicos en distintas especies.
El evolucionismo también influyó en el estudio del desarrollo infantil. Darwin sugirió que los niños pasan por etapas de desarrollo similares a las de la evolución de la especie humana.
Ejemplo:
Los bebés recién nacidos muestran reflejos primitivos (como el reflejo de succión o el de agarre), que podrían ser vestigios de conductas adaptativas de nuestros antepasados.
Esto inspiró a psicólogos como Jean Piaget a estudiar cómo se desarrollan la cognición y el aprendizaje a lo largo de la infancia.
Darwin argumentó que la mente humana no es estática ni especial, sino que ha evolucionado como cualquier otro órgano.
Esto llevó al desarrollo de la psicología funcionalista, que estudia cómo los procesos mentales ayudan a los individuos a adaptarse a su entorno.
Ejemplo:
William James, influenciado por Darwin, propuso que la conciencia no es una estructura fija, sino un flujo continuo que evoluciona en respuesta a las demandas del ambiente.
Herbert Spencer, un pensador británico, aplicó las ideas de Darwin al estudio de la sociedad y la psicología.
Spencer propuso que la evolución no solo ocurre en los organismos biológicos, sino también en las ideas, la cultura y la educación.
Algunas de sus ideas principales fueron:
La supervivencia del más apto, un concepto que luego se aplicó a teorías económicas y sociales.
La idea de que la mente humana se desarrolla a partir de experiencias pasadas, algo que influyó en el desarrollo del empirismo y la psicología del aprendizaje.
La teoría de la evolución transformó la manera en que la psicología entiende el comportamiento humano, al proponer que nuestras emociones, habilidades cognitivas y estructuras sociales son el resultado de millones de años de adaptación.
Gracias a Darwin y Spencer, la psicología empezó a considerar el impacto de la biología en la mente, lo que dio lugar a disciplinas como la psicología comparada, la psicología del desarrollo y la psicología evolucionista.