Apuntes sobre Políticas de Información
Políticas de Información: Una acción concertada
Introducción
En 1983, las Primeras Jornadas de Teledocumentación en Cataluña resaltaron la necesidad de un programa general de información para analizar las necesidades de los usuarios de los sectores público y privado, definir coberturas, e identificar los medios necesarios.
La UNESCO inició el Programa General de Información (PGI) bajo el nombre de Unisist para coordinar la cooperación en información científica y establecer una red flexible de servicios basada en la cooperación voluntaria.
Una política de información es la acción concertada de diferentes agentes con la información como objeto y con determinadas finalidades como metas.
La euforia tecnológica minimizó la necesidad de coordinación, creyendo que la tecnología por sí sola lograría lo que la acción coordinada no podía.
La crisis actual no es solo económica, sino también tecnológica y de cambio de modelo organizativo, mostrando los efectos de la desregulación y la no planificación.
El acceso universal a la información, la información sin interés comercial y la preservación de la información digital no se lograrán sin esfuerzo coordinado.
El movimiento de acceso abierto ha demostrado el poder de la acción concertada para modificar prácticas establecidas.
Las empresas editoriales, al retener derechos sobre la información, muestran que las fuerzas del mercado sin políticas de información tienen efectos restrictivos sobre el acceso a la información.
La existencia de políticas de información depende de la capacidad de las instituciones para llegar a acuerdos sobre acciones concertadas y el papel de cada uno en emprenderlas.
Las políticas de información requieren estrategias definidas: ¿globales o sectoriales?, ¿estatales o bibliotecarias?, ¿dirigidas o participativas?, ¿de instituciones homogéneas o heterogéneas?
Es crucial alinear a un amplio espectro de agentes en torno a un conjunto de acciones para establecer políticas sólidas de información.
Políticas de Información para el Mundo Impreso
Los documentos impresos están en retroceso, pero no desaparecerán en las próximas décadas.
Las bibliotecas deben facilitar el acceso a lo que existe, y asegurar la conservación de lo que se usa poco.
La IFLA promovió el control bibliográfico universal (CBU) y la disponibilidad universal de las publicaciones (UAP).
Localizar todos los documentos impresos de todas las bibliotecas es un objetivo razonable y alcanzable.
Es fundamental que las bibliotecas informen exhaustivamente sobre los bienes públicos impresos y proporcionen acceso a los mismos.
El préstamo interbibliotecario debe ser un conjunto de acuerdos entre redes bibliotecarias para proporcionar cualquier documento necesario de forma transparente y rápida.
Aunque el acceso a información digital aumente, una parte no estará disponible digitalmente por falta de interés comercial o por obstáculos legales.
Las bibliotecas españolas custodian 175 millones de volúmenes impresos, cuya prescindibilidad aumentará, pero se deben mantener suficientes copias de cada título.
Estudios de OCLC muestran la necesidad de depósitos coordinados para almacenar libros y revistas de uso bajo que no se digitalicen.
El dominio en extinción de lo impreso requiere preservación tecnológica.
Una red federada de catálogos colectivos y almacenes de impresos debería permitir que las colecciones bibliotecarias impresas funcionen como un todo a través de acuerdos de préstamo.
Políticas de Información para la Ciencia
La ciencia abierta genera más y mejor ciencia, beneficiando la economía y el bienestar social.
Las instituciones que patrocinan la investigación deben facilitar el acceso abierto a la información y a los datos.
Existe un acuerdo más fuerte en las metas del acceso abierto que en los caminos para conseguirlas.
El Open Access (OA) ha pasado de ser un ideal romántico a un horizonte tangible.
En 2009, Björk et al. estimaron que un 20% de los artículos científicos estaban en abierto.
Se espera que el acceso abierto a revistas o artículos sea la forma dominante de comunicación científica para el año 2020.
Las políticas de información deben favorecer el OA, mantenerse abiertas a diferentes maneras de conseguirlo y combinar mandatos con incentivos y facilidades.
La meta de ofrecer datos en abierto es compartida, pero la ruta es incierta.
Las bibliotecas pueden actuar como catalizadores en la gestión y almacenamiento de datos científicos, formando alianzas amplias para construir políticas de información.
La compra conjunta de recursos digitales y la compartición de infraestructuras refuerzan la capacidad de acción de las bibliotecas.
La cooperación y la formación de alianzas son un eje de futuro en el área de la investigación.
El nuevo paradigma en construcción para la comunicación científica es un campo abierto a nuevas soluciones, donde la exploración de terrenos desconocidos se debe hacer acompañado.
Políticas de Información para la Lectura y la Cultura
Lo digital reconfigurará las relaciones del ciudadano con la cultura, proporcionando más información y capacidad de usarla.
Los espacios de uso libre de información deben extenderse al espacio virtual.
La biblioteca como organización debe prestar libros digitales, ofrecer información digital para todos y garantizar que el acervo de lo nacido digital pase a las generaciones futuras.
Los objetivos pueden estar en entredicho ya que la información digital erosiona los modelos de mercado vigentes.
El préstamo de libros digitales impacta la sostenibilidad económica de las empresas editoriales y las cadenas de distribución de la cultura.
Se debe fomentar la lectura y las funciones educativas y sociales a través del préstamo gratuito de libros, manteniendo algún tipo de negocio para el editor.
Es necesario un acuerdo nacional para el préstamo digital entre autores, editores, libreros y bibliotecarios, que inicialmente puede ser un programa piloto.
Este acuerdo debe considerar las operaciones similares emprendidas por otros países.
Se debe fomentar la digitalización de documentos no nacidos digitales y su puesta a disposición en formatos interoperables y regímenes de uso amplios.
Los consensos y planes de acción deben centrarse en la interoperabilidad de los documentos digitalizados.
Lo digital permite recomponer los nichos de la cultura humana en un todo, al menos en el dominio del acceso.
Los metadatos deben ser interutilizables por aplicaciones independientemente de la institución productora.
La web semántica y los datos abiertos y enlazados (linked open data) pueden ser la solución.
La preservación de lo nacido digital deberá afrontarse en alianza entre diferentes sectores.
Las políticas de información deben establecerse tejiendo alianzas con sectores que han sido vecinos incomunicados en el mundo impreso.
El Caso de las Bibliotecas Escolares
Las bibliotecas escolares deben conciliar los acuerdos de los tres ámbitos anteriores y sumar nuevos agentes.
La innovación, el acceso a la información, la creatividad y el pensamiento crítico deben fomentarse desde la escuela.
La formación para la información se debe iniciar en la escuela, apoyándose en planes y profesionales especializados.
Debe existir una educación para la información con bibliotecas escolares y profesionales preparados.
Quién y Cómo
Una política de información es la acción concertada de diferentes agentes con la información como objeto y con determinadas finalidades como metas.
La administración se ha mostrado conservadora en tomar un papel de liderazgo.
La capacidad de establecer alianzas y asociaciones de intereses configura el desarrollo de una sociedad.
El camino para conseguir metas comunes debe ser la adición de agentes a su alrededor, a través de asociaciones profesionales y el establecimiento de alianzas.
El asociacionismo profesional y el papel de las asociaciones profesionales son fundamentales en el establecimiento de políticas de información.
Asociaciones como Rebiun y Liber son ejemplos de la capacidad de las bibliotecas asociadas para conducir el futuro.
La acción concertada fortalece al grupo y a las partes.
El Consejo de Cooperación Bibliotecaria también está elaborando una visión estratégica y un plan de acción.
Las bibliotecas deben ser creadoras y educadoras de comunidades, los edificios serán espacios sociales, y sus servicios se adaptarán a la realidad digital.
Es crucial flexibilizar las estructuras y procesos de las bibliotecas e incrementar la cooperación dentro y fuera de la institución.
En momentos de cambio, se deben tejer acuerdos que permitan actuar coordinadamente en direcciones determinadas.