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La célula es la unidad estructural del organismo. Muchas plantas están
constituidas por una sola célula (unicelulares), por grupos de células, o por
millones de células (multicelulares), como ocurre en las plantas vasculares.
Cada célula es un compartimento formado por una inmensa colección de
moléculas organizadas, capaz de realizar una serie de actividades o
funciones asociadas con la supervivencia y la calidad de vida de la planta. A
su vez, la existencia de compartimentos dentro de la célula permite una
distribución más efectiva de regiones especializadas, que hacen posible el
desarrollo de innumerables funciones fisiológicas.
El descubrimiento de las células y el estudio de su estructura están
ligados al desarrollo de las lentes de magnificación; en particular, al
microscopio. El hallazgo de las primeras células (poros) se remonta al año
1665, cuando Robert Hooke informó a la Real Sociedad de Londres, que las
había observado en un trozo de peridermis; más tarde, él detectó jugo en
esas cavidades. Ese jugo fue identificado como materia viviente y
denominado protoplasma por Mohl. El término protoplasto, que deriva de

protoplasma, se utilizó luego para referirse al contenido de una célula
individual. En 1831, Brown descubrió la existencia del núcleo y en 1862,
Kolliker usó el término citoplasma para denominar el material que circunda
al núcleo. Cerca de 1880, Schimper y Meyer descubrieron los plastidios; el
conocimiento de la estructura de la clorofila debió esperar hasta los albores
de este siglo. Entre 1905 y 1913, Willstatter (Premio Nobel de Química
1915) y sus colaboradores lograron descifrar la fórmula de este pigmento
verde
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. También a comienzos de este siglo, el botánico Benda encontró
unos gránulos pequeños a los que denominó mitocondrias; no obstante, la
función de éstas permaneció sin descifrar hasta 1913, en que Otto Warburg
(Premio Nobel de Medicina 1931) descubrió que estas organelas estaban
involucradas en el proceso de respiración celular
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.