La lógica del lenguaje

La lógica del lenguaje

Desde los primeros inicios de la humanidad, el hombre registra sus emociones, sentimientos, situaciones y hechos; surgió entonces, el lenguaje.

En forma inicial hacían dibujos en las paredes de las cuevas para enviar mensajes y utilizaban signos y símbolos para designar una tribu o pertenencia. Con el tiempo se fue desarrollando el conocimiento humano, se hizo necesaria la escritura para transmitir información.

Las primeras manifestaciones escriturales fueron pictográficas, con símbolos que representaban objetos, fue la escritura cuneiforme, es decir, con rasgos en forma de cuña grabados con determinado estilo en una tabla de arcilla.

Posteriormente se desarrollaron elementos ideográficos, en donde el símbolo no sólo representaba el objeto, sino también ideas y cualidades asociadas a él. En consecuencia, el ser humano ha desarrollado diversas formas de expresión de esta forma surge el lenguaje verbal, lenguaje no verbal, lenguajes connotativo, denotativo, kinésico, semiótico.2 3, etc.

Con base en lo anterior, se puede decir que el lenguaje es el conjunto de signos, señas, gestos y demás manifestaciones, ya sean icónicas o semióticas que utilizamos las personas y los animales, para manifestar algo; los seres humanos, además del corporal utilizamos el oral para expresar los sentimientos y emociones a través de un sistema articulado, aunque arbitrario; ya que, no seguimos una estructura lógica en gran parte del discurso.

Los animales, o mejor, los lenguajes de las especies animales o de una determinada de especie de ellos, tienen unas características más limitadas que las nuestras, ya que no poseen un sistema articulado fonatorio que es exclusivo de los humanos; Sin embargo, también se puede hablar del lenguaje de los animales, puesto que ellos tienen su propia forma de expresar sus emociones por ejemplo: manifestaciones de rabia, defensa de su territorio, defensa de sus crías, su deseo de aparearse; aunque sea condicionado, cuando la hembra está en su ciclo de apareamiento, ya que despide la feromona, etc.

También se puede hablar del lenguaje de los objetos, aunque en múltiples ocasiones depende de un convencionalismo social o un acuerdo, tales como un semáforo, una señal de tránsito, una bandera izada a media asta, o situaciones que distan de la intención del hombre para comunicar a través de un objeto como una plancha que no calienta, el motor de un carro que está recalentado, un corto circuito, etc.

Para que exista el lenguaje propiamente dicho, el articulado, se requieren ciertos factores y estos solamente los posee el hombre y estos son de índole fisiológica, el organismo tiene que ser capaz de emitir sonidos articulados; de índole gramatical, el discurso tiene que poseer una estructura morfológica y sintáctica; y de índole semántica, es imprescindible que la mente, a través de su órgano fonatorio, pueda articular razonablemente y de forma coherente el signo lingüístico, es decir, la relación significado - significante para que pueda entender lo que se habla, como lo planteó Ferdinand de Saussure.

Aunque muchos de los órganos humanos de la fonación tienen otras funciones (como la de comer), están perfectamente disponibles para el habla, por lo que el lenguaje humano aparece como el mejor sistema de comunicación entre los seres vivos. En el acto de hablar, una corriente de aire sale de los pulmones por medio de la presión del diafragma y se ve modificada por la vibración o no de las cuerdas vocales (después de pasar por la laringe), por el movimiento de la lengua, el paladar y los labios, es decir intervienen allí los órganos del habla móviles y los fijos. Las personas que sufren trastornos fisiológicos en el habla, como los sordos, camb ian su sistema de comunicación, por ejemplo, por medio de signos visuales.

Cualquier lengua humana tiene una estructura gramatical en la que las unidades fónicas (señalizadoras) se combinan entre sí para producir un significado. Las unidades mínimas portadoras de significado son los morfemas. Un morfema puede ser una palabra, pero también un prefijo o un sufijo. Por ejemplo, en la palabra revivir hay dos morfemas re y vivir. Las palabras y los morfemas se clasifican según el papel que tengan en la oración. Las clases de morfemas se corresponden con las categorías léxicas (como nombres y verbos) pero también con prefijos, sufijos y otros elementos. Los distintos tipos de palabras forman sintagmas que a su vez se combinan para formar unidades mayores, como oraciones y párrafos.

En el lenguaje humano es imprescindible que el hablante relacione unos sonidos con un significado y que a su vez ese significado sea percibido y comprendido por las demás personas que comparten la misma lengua. En este proceso de comunicación, la gramática adopta el papel de mecanismo que enlaza el pensamiento y las ideas con la lengua que las transmite.

Así mismo, aparece lo que se llama lenguaje denotativo y lenguaje connotativo; el primero, hace alusión a las consecuencias gramaticales que tiene el término con el referente al cual hace alusión ejemplo: la palabra sapo se define como el animal batracio que convive indistintamente en la tierra o en el agua, esto es denotación; el segundo, no es más que la significación convencional, que utiliza un grupo lingüístico, ya sea social o regional, que le dan a los términos, aunque este sea alejado de la realidad del referente


ejemplo: se le dice sapo, a una persona que se entromete donde no lo han llamado, esto es connotación.

La gramática tradicional, como tantas otras de nuestras tradiciones académicas, se remonta a la Grecia del siglo V aC para los griegos esta disciplina formaba parte de la filosofía, es decir, una parte de la problemática general sobre la naturaleza del mundo que los rodeaba y sobre sus propias instituciones sociales.

Los filósofos griegos debatieron sobre si el lenguaje se debía a “naturaleza” y “convención”. Esta oposición entre estos dos términos llegó a un lugar común en la especulación filosófica entre los griegos. Decir que una institución determinada era “natural” implicaba que tenía su origen en principios inmutables ajenos al hombre en sí mismo, y era por lo tanto inviolable; decir que era “convencional” implicaba, en cambio, que se trataba de un simple resultado del uso y la tradición; es decir, de un acuerdo tácito, o - contrato social - entre los miembros de una comunidad, un contrato que desde el mismo momento que había sido establecido por hombres, podía ser roto por los hombres.

En las discusiones sobre el lenguaje, la distinción entre naturaleza y convención se encauzó principalmente sobre el problema que si había algún vínculo necesario entre el significado de una palabra y su forma, es decir su significante. Los partidarios extremistas de la escuela naturalista como Crátilo - cuyos puntos de vista describen Platón en su diálogo - sostenían que todas las palabras eran realmente necesarias por naturaleza a las cosa que significaban. Aunque esto no siempre era evidente, ellos decían que podía ser demostrado por el filósofo capaz de captar la realidad que subyace a la realidad de las cosas. Así nació la práctica consciente y deliberada de la etimología (formada de la raíz griega etymoque significa “verdadero o real”, y con ello su verdadero significado equivalía a revelar una de las verdades de la naturaleza.